posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Navegando en la balsa de la Medusa

20060704221032-varia.jpgEl mundo, al igual que las ínfimas criaturas que lo pueblan, no es inmortal. Por otra parte, algunos científicos no dejan de alertar a los poderes y a la opinión pública: nuestro planeta está enfermo, y si continuamos por el mismo camino, nuestra vida se hará precaria, si no es que llegará definitivamente a su fin. Pero como nadie renuncia al lucro, y como este renunciamiento no está exento de grandes dificultades, pues conllevaría adoptar un género de vida que únicamente podría complacer a raros sabios, nos encontramos ante el comportamiento habitual de los avestruces: la Ciencia, deus ex machina, encontrará sin duda las soluciones salvadoras. Y todos, o casi todos, avanzan a pie firme, confiando en los métodos que les han permitido alcanzar semejantes "niveles de vida", en medio de tantas "maravillas" como aún promete, bajo la protección del Progreso, nuestra sorprendente y mirífica tecnología… Mas, como es sabido, a quien Júpiter quiere perder, primero comienza por volverlo loco. Vemos, como si de una pesadilla se tratase, sobre un camino ya trillado, hordas de contribuyentes avanzando diligentemente, de crecimiento en crecimiento, de miseria en miseria, solícitos (si bien poco convencidos en el fondo) ante la presencia impresionante de las dos grandes realidades de la vida social contemporánea: a su derecha, la causa, a su izquierda, la consecuencia, lo cual los deja particularmente perplejos. A derecha, el alboroto y los aullidos de los mercachifles, más o menos mediocres, más o menos atrevidos, alineados en fila gritando sus dudosas mercancías. A izquierda, la hediondez y fealdad de los vertederos, cuyo gigantismo y constante multiplicación se extiende impunemente, mancillando el hábitat humano, desagradables réplicas terrestres de la polución celeste destructora de ozono, ya grave de por sí. Sin embargo, impávida y resuelta, una tecnología que en su optimismo de ninguna manera atiende las voces de alarma de ciertos investigadores, conduce ineluctablemente a la humanidad hacia el crecimiento y el suicidio. “Ya inventarán algo sorprendente que nos salvará”. Paul Corentin observa todavía que "mucho se ha criticado, y con razón, el trabajo de los futurólogos. Una buena higiene del espíritu exigiría que regularmente se publicasen los proyectos que los sabios, los politólogos, los filósofos, los economistas hicieron veinte años atrás para diseñar el mundo en el que hoy en día vivimos. Semejantes simplezas, adornadas con los tintes de la arrogancia y lo perentorio, servirían al menos para recordarnos constantemente la modestia y la prudencia intelectual7 (…). Pero la modestia no implica el renunciamiento, ni el escepticismo abandonarse a la ignorancia", y se encuentran por otra parte, entre ciertos futurólogos, propuestas y razonamientos bastante sensatos. En este sentido, pensamos que sería útil estudiar cómo funciona la lógica del poder científico y las consecuencias que esto pudiera tener sobre las sociedades humanas "si los demás poderes, y sobre todo el político, no aplicaran correctivos". A veces, prosigue Paul Corentin, se intenta "atrapar el sentido de lo que ha acontecido y de lo que acontecerá (…) Todo puede darse, incluso lo peor, si esa victoria la hace suya el poder con su vertiginoso sentido de la posesión". Este es el verdadero problema, ante el que nos preguntamos si todavía hay tiempo, o incluso si es posible, tomar y aplicar las medidas pertinentes. Lo que viene a continuación ilustra perfectamente lo que queremos decir. Un libro que trate del siglo XXI, "se presentará como una enciclopedia del mundo futuro, y no le faltarán las fotografías de lo que dentro de poco será nuestro universo en asuntos tan variados como la alimentación, las ciudades, los objetos de uso cotidiano, la medicina, la información, el trabajo, los viajes, la enseñanza, la cultura"… Lo que se reirán nuestros nietos... ¡Que hermosas perspectivas esconden estas lindas palabras dichas hoy en día! ¿No es aleccionadora esta prolija enumeración, sin hablar del "cebo" que representan las fotografías que la ilustran, y cuyo color nos imaginamos? ¿No es fácil reconocer, en tan pocas palabras, las obsesiones incorregibles y nefastas de nuestros contemporáneos?
04/07/2006 22:11 Enlace permanente.

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