posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

El imperio de la necedad

20060705211223-varia.jpg¿Se imagina qué podría suceder en una horda primitiva de homínidos si usted pusiese a su alcance afilados machetes y pistolas cargadas? Pues eso mismo es lo que está pasando con nuestra ‘civilización’ (entiéndase el término sólo en el sentido urbanístico de aglomeraciones llamadas todavía ciudades por inercia histórica). El conocimiento del átomo ha servido para crear arsenales nucleares, incluyendo las centrales atómicas, como el de la genética para producir arsenales biológicos, sin olvidar los cultivos transgénicos.

 

Bastaría un meteorito que cayera sobre un laboratorio de alta seguridad, un terremoto que hundiera una central nuclear, un atentado, un accidente, un fallo de seguridad o un cruzamiento genético imprevisto entre un transgénico y una mala hierba, para producir una tragedia fulminante.

 

Mientras apostamos todo nuestro futuro a que nada de eso ocurrirá, nos empeñamos en sembrar espinos y lamentar que no den higos. Nuestro modo de producción ha conseguido que todo alimento sea fuente de enfermedades: carnes infladas de hormonas y antibióticos, conservantes y colorantes sintéticos cancerígenos, verduras y frutas contaminadas por pesticidas, campos extenuados por abonos químicos agresivos, expolios que diezman la despensa marina y contaminaciones que la envenenan.

 

El aire urbano está saturado con cientos de agentes cancerígenos provenientes de industrias, vehículos y todo tipo de artilugios. Pero el esfuerzo se dedica enteramente a los exorcismos científicos: hallar un chivo expiatorio que nos permita cambiar un detalle menor para que todo siga como está e incluso vaya a peor. Ayer fue la gasolina sin plomo. Hoy es el tabaco. En el colmo del surrealismo cotidiano, en algunas estaciones de autobuses mal ventiladas y repletas por tanto de gases tóxicos de los motores, ¡está prohibido fumar!

 

Son cortinas de humo para no ver los decenas de miles de agentes químicos que agreden el sistema inmune del ser humano. Las alergias afectan ya a un elevado porcentaje de la población e incluyen intolerancia a los alimentos y a todo tipo de productos.

 

¿Realmente cree alguien que este tipo de política conduce a otro destino que no sea la destrucción en masa? Nuestra ‘civilización’ no tiene futuro. Lo ha asesinado «científicamente», convirtiendo en profecía cumplida un lúcido aforismo de Nietzsche: «la vida, segura bajo el imperio de la naturaleza, peligra bajo el de la razón». Más vale que tomemos conciencia de esto y empecemos a poner en pie otra forma de pensar y vivir que devuelva el espíritu desterrado al lugar de privilegio que debe tener. No para evitar el desastre -algo imposible a esta altura del proceso-, sino para frenar la escalada de destrucción, pagando un precio menos doloroso por las siembras ya realizadas, al mismo tiempo que cambiamos la simiente para tener derecho a soñar con un futuro del que forme parte nuestra especie.

 

La alternativa es demasiado sombría. Como observó Fred Hoyle en su libro El universo inteligente:«el mono que no trepa por la cuerda que se le tiende desde arriba está condenado a desaparecer”.
05/07/2006 21:15 Enlace permanente.

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