posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

El milenarismo nuclear

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La idea que se muestra en este ensayo es rotunda: o bien los antinucleares

reconocen que el proyecto nuclear encierra ante todo el poder del Estado y su proyecto

y lo declaran sin remilgos, pasando a engrosar las filas de los adversarios del Estado, o

en caso contrario el antinuclearismo se queda, paradójicamente, en una petición de

refuerzo y legitimación del Estado y, por tanto, del mismo proyecto nuclear. No

podemos sino coincidir plenamente con esta idea.

La lucha antinuclear tendría que situarse pues en el terreno de conflicto histórico

con el Estado y sus agentes, para recuperar justamente su legitimidad de lucha social

emancipadora. O la crítica antinuclear se hace una crítica de la existencia del Estado (no necesariamente reducida al folclorismo anarquista en boga) o

no es nada.

Por otro lado, el proyecto nuclear revela su naturaleza antihistórica y

totalizadora cuando secuestra el futuro y compromete a la sociedad a una eterna gestión

de sus instalaciones y desechos per secula seculorum.

Tal y como declaraba un investigador en el libro de Jungk ya citado:

"Todo lo que la Humanidad había creado hasta ahora se pasaba, se descomponía

 o se desmoronaba en un período de tiempo más o menos largo. En nuestro asalto a la

materia hemos llegado a producir ahora algo que, si bien no es inmortal, tampoco es

mortal en comparación con la duración media de nuestra vida. Un legado peligroso que

sobrevivirá a todas las demás creaciones del hombre, un pedazo de "casi eternidad", un

pedazo de infierno.,,18

 
Como ya se ha mencionado en otras ocasiones, el tiempo nuclear no es de este

mundo, aunque sea en este mundo donde tengamos que padecer la actuación y la

degradación de sus ciclos. Citaremos a continuación un antiguo y bien conocido artículo

del investigador ya citado, Alvin M. Weinberg, donde precisamente establecía la

relación de compromiso entre el sistema nuclear y la sociedad contemporánea:

"Nosotros el pueblo nuclear hemos hecho un pacto fáustico con la sociedad. Por

un lado, ofrecemos -con el quemador catalítico nuclear (el regenerador)- una fuente de

energía inagotable. Incluso a corto plazo, cuando usamos reactores ordinario, ofrcemos

energía que es más barata que la energía fósil. Por lo demás, esta fuente de energía,

cuando se manipula de forma adecuada, es apenas contaminante. Los quemadores de

combustible fósil tienen que emitir óxido de carbono y nitrógeno y probablemente

emitirán siempre dióxido de sulfuro, por el contrario no hay razón intrínseca por la cual

los sistemas nucleares deban emitir elementos contaminantes -excepto calor y restos de

radiactividad. [sic]

"Pero el precio que se pide a la sociedad por esta mágica fuente de energía es a

la vez la vigilancia y la longevidad de nuestras instituciones sociales, a lo que no

estamos muy acostumbrados”.[ Social institutions and nuclear energy" Science Julio 1972, Vol. 177.]

Weinberg argumentaba, si se puede decir así, que al igual que existe una especie

de "clero militar" permanente que nos guarda de la amenaza nuclear y asegura nuestra

supervivencia, debería establecerse un tipo de institución sólida y constante que asegure

la gestión del aparato nuclear civil. Para Weinberg esto exige la permanencia de las

instituciones humanas. Rápidamente pasaba a establecer una comparación con la

fundación de la agricultura y las técnicas agrícolas que, de alguna manera, establecía ya

un tipo de compromiso permanente con la sociedad y la estabilidad de sus estructuras

colectivas. En una nota aparte añadía: "El profesor Friedrich Schmidt-Bleek de la

Universidad de Tennesse me señalaba que los diques de Holanda requieren un

compromisoinstitucional a perpetuidad"

En fin, en este artículo, el pronuclearista Weinberg se expresaba con una cierta

desvergüenza -vemos que, por ejemplo, no considera la radiactividad como

contaminante-, esta desvergüenza quizá hoy le estaría vedada. Sin embargo, el poso de

su argumentación sigue presente en las mentes y proyectos de los que apuestan por el

programa nuclear. Por otro lado apunta a consideraciones sociales que nos parecen

centrales. Compartimos la reflexión de los autores de Les servitudes de la puissance:

"Con el nuclear, el sistema energético capitalista se enfrenta a un desafio de una

relación con el tiempo fundamentalmente nuevo. Desafio tanto más terrible por cuanto

el tiempo del nuclear, tal y como es pensado por sus promotores, se conforma al ideal

del técnico: está desprovisto de pasión, exento de confrontaciones y de violencia, de eso

que constituye la trama histórica de las sociedades existentes. Es neutro, totalmente

disociado del tiempo histórico real. Y no obstante ¿qué es lo que puede garantizar el

funcionamiento ininterrumpido de un vasto parque de instalaciones tan sofisticado en

periodos de crisis acentuada, sino su militarización?"

Aquí comprobamos como el proyecto nuclear se cierra entorno al proyecto de la

dominación social. El sistema nuclear constituye uno de los centros de la trama técnica

de una sociedad totalitaria.

En nuestra historia más reciente, la catástrofe nuclear de Chernobil, sucedida

hace ya dos décadas en la extinta Unión Soviética, ha significado la revelación de la

cínica autodefensa de un Estado ante los excesos de su poder técnico. Es evidente que el

Estado nuclear, enfrentado brutalmente ante la elección, tomarán partido siempre por la
salvaguarda de sus estructuras burocráticas y tecnológicas en detrimento de la
integridad física y la libertad de las poblaciones. Si este hecho no es del todo evidente
en períodos de aparente normalidad, aparece manifiesto cuando hay una disfunción
grave en algún punto de la red. El holocausto de Chernobil fue el acto final de una serie
de ensayos importantes que habían menudeado desde los años cincuenta, y que entonces
cobraron una nueva dimensión histórica. Para muchos tecnólogos Cherobil, y su
revelación pública, significó la derrota en la carrera vertiginosa de la nuclearización. La
intensa propaganda, la m anipu1ación y la ocultación, la represión estatal, habían sido
hasta ese momento los medios de los que se sirvieron para imponer su proyecto. En
Estados Unidos, con el incidente de Harrisburg en 1979, la lucha parecía ya perdida. El
período de glaciación, como lo llaman los cronistas, en el que entró el desarrollo de la
energía nuclear mediados los años setenta encontraría su puntilla en Chernbil. Desde
hace dos décadas, y de manera discreta, los promotores del nuclear han esperado con
paciencia su momento para salir a escena.
05/07/2006 21:21 Enlace permanente.

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