posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

El milenarismo nuclear

20060707225853-nuke.jpgLa URSS, desde finales de los años sesenta del pasado siglo, se había esforzado
en desarrollar un reactor "agua ligera" y moderado con grafito, que se conoce como del
tipo "canal" (luego se llamaría RBMK). Pronto abandonaron este diseño, por
considerarlo caro y se centraron en el desarrollo de un reactor de agua a presión, que se
conocería como reactor WWER. Ambos modelos se basaban en las tecnologías
norteamericanas. Durante los años setenta se desarrollaron diferentes modelos WWER.
Sin embargo, y como se sabe, los soviéticos no llegaron a abandonar el proyecto del
RBMK, pues veían en él ventajas en cuanto a la refrigeración. El primer reactor RBMK
empezó a funcionar en 1973, con una potencia de unos 1000 Mwe. Se ha dicho que los
reactores de este tipo podían dar muchos problemas de seguridad: la complejidad de la
red refrigerante es uno de los factores que inquietaba a algunos técnicos. Sea como
fuera el reactor RBMK -1000 se convirtió en el reactor estrella del proyecto nuclear
soviético.
Ni que decir tiene que la unidad 4 de Chernbil que explotó en la madrugada del
26 de abril de 1986, era de la clase RBMK-1000, el inicio de la construcción de la
central databa de 1970, y no fue hasta 1983 que se puso en marcha, con la precipitación
que caracterizaba en tantas ocasiones a la industria soviética. El accidente, imputado a
múltiples negligencias técnicas y de gestión, sirvió como acicate para acelerar el
hundimiento del imperio burocrático ruso. Desde los inicios de la revolución
bolchevique, los líderes soviéticos habían soñado, entre otras cosas, con hacer de Rusia
una verdadera potencia energética:
"Antes de Chernbil, no hubo adeptos más devotos y ansiosos de producir
electricidad a partir del átomo que los constructores de la potencia nuclear soviética. Es cierto que la lista de lo que habían logrado era admirada y envidiada a veces por los
funcionarios nucleares occidentales como evidencia de que la energía nuclear era una
forma posible y segura. La dedicación de los encargados nucleares soviéticos había
sido, ciertamente admirable. Los científicos e ingenieros soviéticos habían superado la
terrible devastación y los aprietos económicos que el país había sufrido durante la
segunda guerra mundial y, en 1949, habían producido plutonio en un reactor suficiente
para hacer una bomba atómica. En 1954 construyeron el primer pequeño reactor nuclear
en el mundo para proveer electricidad a una comunidad, y en la actualidad, a diferencia
de Norteamérica, donde no se ordenó la construcción de ninguna planta nuclear durante

una década, 1a Unión Soviética tiene el programa de construcción nuclear mayor del

mundo[Esta cita está extraída del artículo "Los especialistas rojos" contenido en el libro Chernobil. ¿El fin del sueño nuclear? (Nigel Hawkes y otros.) Planeta 1987.]

Los autores de este comentario abundan en la idea de que el creciente potencial

industrial de tecnología nuclear en la Unión Soviética fue estimulado por el deseo de

remplazar a los combustibles fósiles en la generación de electricidad hacia finales de los

años setenta. Para los planificadores soviéticos el desarrollo del nuclear era un factor

clave para el desarrollo económico. El reactor RHMK había sido casi obra exclusiva de

la ingeniería soviética, de lo que se sentían orgullosos.

La triste historia del RBMK-1000que funcionaba en la unidad 4 de Chernobil ha

sido contada docenas de veces. El 25 de abril se había dispuesto programar la reducción

de potencia del reactor con el fin de realizar una prueba de seguridad. Después de una

serie de torpes maniobras y de negligencias en los protocolos de actuación, el reactor

llegaría a provocar dos explosiones bastante seguidas en las primeras horas de la

madrugada del día 26. Lo que siguió no se llegó a saber con cierta exactitud sino

bastante tiempo después. Los medios oficiales soviéticos silenciaron el hecho tanto

como pudieron, durante diez días se combatió el tremendo incendio que se había declarado en la unidad. Fueron los equipos técnicos suecos los que primero detectaron que se había producido una enorme fuga de radiactividad en la atmósfera, y de inmediato alertaron a las autoridades internacionales.

El 27 de abril un parco mensaje había servido para iniciar la evacuación de la

ciudad de Pripyat:

"Camaradas, en relación con el accidente de la central nuclear de Chernbil, se

anuncia la evacuación de la ciudad. Llevaos vuestra documentación, la ropa esencial y

comida para tres días... La evacuación empezará a las 14.00 horas.,,[ 22Recogido del libro El legado de Chernobil de Zhores Medvedev (Pomares-Corregidor 1991), pago 175.]

Este escueto aviso caricaturiza hasta lo grotesco las verdaderas consecuencias

de lo que sería la mayor catástrofe industrial de todos los tiempos. La batalla de

Chernobil, como la llamarían, ha sido objeto de reconstrucciones detalladas y

minuciosas. La contaminación expulsada desde Chernobil llegaría afectar a tres cuartas

partes del territorio europeo. Aparte de miles fallecidos en los primeros años, a

principios del siglo XXI se estimaba que aproximadamente siete millones de personas

habían sido afectadas por la radiación y suman sus consecuencias.

Como en los tiempos en que se reveló al mundo el desastre nuclear de los Urales

sucedido en 1957, la opinión occidental interesada tuvo que adoptar una cuidadosa

estrategia de distracción de la crítica. Si en un primer momento condenar Chernobil de

manera unívoca implicaba el riesgo de llamar la atención sobre la amenaza nuclear al

otro lado del telón de acero, siempre quedaba el recurso de achacar el siniestro a la

opacidad de la "tecnología marxista", fruto de un régimen totalitario donde el

secretismo había convertido la misma actividad científica en un instrumento en manos

de una élite irresponsable.

El mismo Medvedev, en su libro ya citado, deja ver que la elección  de un

modelo anticuado y poco seguro como es el reactor RBMK-1000, vino impuesta por

criterios poco fiables y que, tal vez, en una economía libre, equilibrada por la

concurrencia, los mecanismos de mercado podrían haber ayudado a afinar los criterios

de selección:

"Si más tarde se dio prioridad al RBMK no fue por su eficiencia económica, su

seguridad o por el apoyo institucional, sino porque, a finales de los años cincuenta y

principios de los sesenta, a la industria soviética le resultaba mucho más fácil construir

su diseño, bastante menos sofisticado. El diktat de los productores sobre los

consumidores, señalado por la glasnot como la debilidad principal de la economía

soviética, resultó ser importante a la hora de dar una nueva expansión a un modelo.”
Es cierto, por otro lado, que la URSS y sus países "adjuntos" constituyen el
espacio fisico que ha podido sufrir una mayor agresión ecológica en algunas pocas
décadas de su historia industrial reciente. Es cierto que este hecho vino estimulado por
el bloqueo y la represión del menor atisbo de crítica. Allí, por razones obvias, no
pudieron actuar los mecanismos de autodefensa ambiental que intervienen desde los
años cincuenta en Norteamérica y, algo después, en Europa. ¿Constituye esto un
argumento de peso para la auto indulgencia occidental? Seguramente no debemos tomar
a broma las políticas medio ambientales que han adoptado los Estados occidentales
merced a la presión de algunos sectores de la ciudadanía. Pero un análisis un poco más
aguzado muestra que este conservacionismo consensuado sólo puede servir para aplazar
el desastre, no para evitarlo. Ni siquiera es seguro que el tiempo ganado -que es bien
poco- sirva para abrir paso a una conciencia que pueda imponer condiciones nuevas en
un terreno de lucha que se va volatilizando ante la abulia de sindicatos y ecologistas “mayoritarios” cada vez más cooptados por la maquinaria estatal e industrial.
 El medioambientalismo defensivo e institucional ha pasado a formar parte, en el mejor de los casos, de una estrategia de
adaptación de las poblaciones al caos ecológico cada vez más presente; igual que el sindicalismo “cursillista” o el feminismo victimista , el ecologismo subvencionado o paraestatal es otro de los tontos útiles del sistema para autoprotegerse, tanto de las peores pifias de sí mismo, como de la crítica seria.
 Esta es la lección terrible de nuestra sociedad abierta occidental.
07/07/2006 23:01 Enlace permanente.

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