posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

El milenarismo nuclear

20060709163428-nuke.jpgUna vez desaparecida la Unión Soviética, y pasados ya unos años después de
Chernobil, las informaciones sobre la destrucción medioambiental y sanitaria de Rusia
empezaron a emerger a la luz. Seleccionaremos aquí una única muestra de la literatura
de la época:
"Cuando los historiadores hagan por fin una autopsia de la Unión Soviética y el
comunismo soviético, es posible que lleguen a la conclusión de muerte por ecocidio.”[Extraído del artículo "Ecocidio en la antigua URSS" de Murria Fesbach y Alfred Friendly, Jr., publicado en Política Exterior n° 31, año 1993, órgano de la propaganda liberal y socialdemócrata.]
El artículo que seguía a este comentario daba cuenta de manera sumaria de
muchos de los atentados ecológicos y sanitarios producidos en la Unión Soviética. Esta
sociedad exhausta, heredera del estalinismo, se convirtió finalmente en el primer
experimento viviente de una catastrófica gestión del medio fisico y los recursos
energéticos. La degradación ambiental de la URSS se produjo  a la sombra de un Estado
autocrático y su burocracia manipuladora.
Como en el terreno de la dominación social, la URSS se reveló ineficaz para
dirigir la dominación de la naturaleza. A diferencia de los estados capitalistas, los
aparatos de poder soviético no supieron dinamizar su capacidad de gestión: incapaces de cooptar a la oposición, la reprimían sin remilgos; ineptos a la hora de reconocer y parchear los problemas del sistema “comunista”, no construyeron el equivalente a unos “bomberos del sistema”; ignoraban que el tráfico relativamente fluido de información controlada pero no censurada totalmente constituye el único mecanismo que
puede agilizar la competencia de las funciones y aislar los efectos de posibles
desequilibrios. En el mundo moderno sólo un régimen que pueda integrar la crítica en
sus instituciones puede aspirar a imponer globalmente su criterio geopolítico, o mejor
dicho, su forma particular de ecocidio. Por eso es posible pensar que el ecocidio
occidental carecerá de espectadores y de aquellos que puedan esbozar una autopsia. El uso de uranio empobrecido en las campañas neocoloniales de Irak y Afganistán o el futuro Chernóbil a la iraní que se pueda producir en la 4º guerra del golfo, perpetrado por el anglosionismo, son o serán silenciados entre el flujo de propaganda y pseudo-oposición de falsimedia.
 

Concluiremos este capítulo apuntando brevemente algunas posibilidades que

sugieren, en el horizonte próximo, el renacimiento de los programas nucleares.

En primer lugar, y como hemos adelantado ya, los pronuclearistas llevan años

agazapados, a la espera de que los vientos institucionales y estatales cambien de rumbo

y se pongan a su favor. En el momento actual se barajan múltiples factores, y el llamado

debate sobre la crisis energética, propicia que los promotores del nuclear puedan

acariciar nuevas esperanzas. Nada como el miedo al coco para que los niños (así nos ven a la plebe las elites tecnocráticas) se traguen la sopa nuclear, en este caso. No negamos la realidad preocupante del problema energético, ni mucho menos; pero la ingenuidad de asociaciones tipo ASPO o AEREN cuando con fervor ciudadano promueven el conocimiento del “petrocalipsis” en pos de una cierta ruptura con el sistema no debería crear falsas ilusiones: llegado el momento de la verdad, quienes intentarán llevarse el gato al agua (la supuesta transición energética postpetróleo barato) serán los nuclearistas.

De momento, mientras que el botón del pánico petrolero sigue sin ser apretado por al complejo militar-mediático-industrial, se espera que las viejas carencias técnicas puedan ser superadas.

En cualquier caso, el optimismo científico en tomo a estas cuestiones carga sus tintas,

ya que tras treinta años de degradación ambiental bien avanzada (¡la crisis climática!),

incluso su vieja y siniestra quincalla nuclear puede resultar un alivio novedoso a la

"falta de alternativas", ante el desastre que se avecina. Si no es el argumento del cenit petrolero, pues se usa el del cambio climático, con el tonto útil (¿o a sueldo?) del comeflores Lovelock gritando que el mundo se acaba si no cortamos el uso de combustibles fósiles cambiándolos por arte de magia por...tachán, la energía nuclear.

Con o sin mamporreros verdes, los investigadores nucleares resurgen de la sombra, se convierten en los nuevos promotores de la opción equilibrada, razonan serenos, parecen saber lo que necesitamos:

"Sólo la energía nuclear podrá satisfacer las necesidades de energía a largo plazo

de la humanidad sin perjudicar al medio ambiente. Para que la producción de energía

nuclear se pueda mantener a gran escala, las existencias de combustible deberán durar

mucho tiempo. Se conseguirá si el ciclo de producción de la energía nuclear posee las

características que brindan los reactores RAML y la pirometarlugia. Parece el momento de tomar un nuevo rumbo hacia una manera más sensata de generar energía”.

[Extraído del artículo ""Residuos nucleares" por William H. Hannum, Gerald E. Marsh y George S. Stanfor, en Investigación y Ciencia febrero 2006) En el artículo los autores defienden la propuesta del reactor avanzado de metal líquido RAML junto con los procedimientos experimentales de retratamiento del residuo mediante la pírometalurgia, como verdadera alternativa nuclear. Si ningún gobierno occidental les subvenciona, podrían vender la moto a Corea del Norte o Irán, estados conocidos por su pacifismo y su poco interés en tener transuránidos frescos a pie de central...]

 

Vuelve la canción nuclearista con el estribillo del “breeder” y su cuerno de la abundancia de combustible fisionable, aunque la versión se ha hecho según los ritmos más actuales.

En los últimos años se han elevado voces científicas e instituciones a favor de

reactivar la industria nuclear, en parte como solución a la crisis de la energía, en parte

como solución a la llamada crisis ambiental. En el territorio español, el gobierno

socialista (¿?) parece sondear tímidamente la opinión pública, mientras que desde órganos oficiales como el Ciemat (Centro de investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas), el Foro de la fudustria Nuclear Española, Enresa (Empresa Nacional de

Residuos Radiactivos) o el comité de Energía del Círculo de Empresarios, hay una

ansiedad por despejar dudas y tratar el tema nuclear como asunto de primer orden. La crispada oposición del PP es claramente nuclearista.

Para los gestores de Enresa, la cuestión de cómo encontrar un lugar donde depositar y

unificar todos los residuos nucleares que dentro de pocos años desbordarán las piscinas

de las plantas, es ya una cuestión urgente. Esta cuestión eminentemente práctica no

parece asustar a sus directivos, seguros de que los municipios concursarán finalmente

por llevarse la enjundiosa subvención. En cualquier caso, esta cuestión del "almacén

nuclear" sacudirá sin duda muy pronto la actualidad nuclear y antinuclear.

Las voces ecologistas se empeñan en dar por enterrado el proyecto nuclear

ibérico, o casi. Sin embargo, cada vez son más numerosos  signos que delatan un

posible retorno, aunque sea en un horizonte lejano. Empeñados en ver en la tecnología

nuclear una forma cara de producir energía, los ecologistas no advierten que ese sería

uno de los atractivos que pueden contar a los ojos de los que hacen cálculos y esperan

multiplicar el fruto de sus inversiones. No se acaba de entender esta esperanza de los ecologistas de que las tecnologías sofisticadas y amenazantes fenezcan bajo el peso de su enorme precio monetario. Ver a este respecto el artículo "Una energía cara y en declive" de Francisco Castejón, en Ecologista n° 41, 2005. Los ecologistas parecen más creyentes en los cuentos del economicismo capitalista que los propios nucleócratas; no se dan cuenta de que incluso en un futuro cercano de crisis económica, social y energética, la mano amiga de papá estado puede subvencionar los proyectos más delirantes. A la hora de recibir estas ayudas, poco importa la retórica de la rentabilidad y la mano invisible del mercado.

Si la tecnología nuclear atraviesa un período glacial del que quizá no salga nunca, no será a causa de sus desmedidas pretensiones económicas, sino porque no logre movilizar a su favor a los distintos agentes de la propaganda estatal, mediática y científica. Baste citar el ejemplo de una entidad como

Ensa, creada en España en 1973, con el objetivo de diseñar tecnologías nucleares de

sello nacional. Que sepamos España no ha inventado nada ni ha fabricado nada para consumo propio en todos estos años en el campo nuclear. Su fracaso ha sido parcial: Ensa no se ha arruinado precisamente durante estos años, aunque ha

desarrollado otros proyectos tecnológicos no nucleares y se ha enriquecido con ello, no

ha desechado seguir diseñando tecnología para el nuclear. Ha colaborado en la

construcción de plantas y reactores en el extranjero, en Europa del Este, pero también en

Francia. De hecho, Ensa colabora hoy con Francia en un reactor que está en

construcción en Finlandia.

Tal vez la reapertura de un mercado de tecnología nuclear, que vendría dada por

la luz verde a los programas nucleares, no cumpla totalmente la expectativas de muchas

empresas, pero no hay que desestimar el interés industrial y financiero que existe detrás

de este posible renacimiento. La propaganda nuclear, además, encuentra su apoyo más

grosero, pero por ello tal vez más eficaz en las actuales circunstancias, en algunos

agentes mediáticos que no dudan en asociar energía nuclear con producción limpia, en

un mundo donde las oligarquías aspiran a mantener posiciones ventajosas en la gestión

del caos ecológico y social.
09/07/2006 16:35 Enlace permanente.

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