posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Los retos energéticos del SXXI

20060716194054-cdp.jpg¿Qué hacer?
Quizás la conclusión más clara a la que AEREN ha llegado respecto a la solución de nuestros retos energéticos es que no existe una única medida mágica para resolver nuestros problemas. El desarrollo de alternativas energéticas a los combustibles fósiles es parte de la solución, así como la
implementación de medidas de conservación y de incremento de la eficiencia energética, todo ello ligado a una gestión consciente y solidaria del declive de la producción, como defiende, por ejemplo, el Protocolo de Uppsala. Sin embargo, también pensamos que la mera sustitución de fuentes energéticas, la
eficiencia, o los desarrollos tecnológicos no serán suficientes para satisfacer nuestra creciente sed energética. Máxime si tenemos en cuenta que no nos enfrentamos sólo al dilema técnico de asegurar la creciente demanda energética de las economías avanzadas, sino también al dilema moral de
encontrar una solución al problema de la pobreza energética que padece una tercera parte de la población mundial.
Si no cambia el modelo económico y social que empuja al crecimiento continuo, de poco servirán las energías sustitutivas o los avances tecnológicos, pues, en el mejor de los casos, no conseguiremos más que retrasar lo inevitable.
Posponer un problema nos pone a menudo en peor situación para resolverlo, y en el caso de los recursos energéticos, disponer de ellos como si el futuro no existiese hará que nuestra capacidad de reacción se vea disminuida por no actuar a tiempo...
Si afirmamos que el modelo actual desarrollista no sirve para el futuro, ¿cuál es
el modelo que proponemos? Desafortunadamente, tampoco en eso hay
formulas mágicas y habrá que irlas descubriendo por el camino. La inacción del
business-as-usual es la peor receta y por ello sometemos a la consideración de nuestros conciudadanos una serie de ideas que pueden ser el inicio de la transformación que necesitamos para superar nuestros retos energéticos, sociales y ecológicos.
Caminando hacia la verdadera sostenibilidad
La economía debe dejar de ser un fin en sí misma para pasar a ser un medio, y debe reconocerse que el medio ambiente, la biosfera y, en definitiva, el planeta y la especie humana, no pueden ser considerados como partes subordinadas a los mecanismos económicos. Justo lo contrario: la economía es un sistema de organización y transformación social que opera dentro de las capacidades y los límites de la biosfera. Los costes medioambientales deben ser incorporados al cálculo económico, y dejar de ser considerados externalidades que
desaparecen de los balances contables para reaparecer, hoy o en el futuro, en forma de desastres ecológicos o condenas a la pobreza. Esa transformación de la economía no significa ni la desaparición de la economía productiva, ni de los mercados, ni el "fin del progreso". Sólo significa cambiar de un modelo que llevado a sus últimas consecuencias tiende a sobrepasar la capacidad de la biosfera, a otro que se estructura en torno a una auténtica sostenibilidad. No abogamos por la desaparición de los actores sociales y económicos actuales,  ya sean éstos gobiernos, empresas, sindicatos, industrias o economistas. Sólo pretendemos, desde nuestra condición de ciudadanos, plantear alternativas viables y consecuentes con la realidad física del mundo en que vivimos.
La necesidad de este cambio de modelo se hace evidente desde el momento en que reflexionamos sobre la posibilidad de que la gran mayoría de la población mundial intentase disfrutar del modo de vida actual de los países ricos del mundo industrializado, basado, sobre todo, en un consumo energético
desenfrenado. Es físicamente imposible, y seguir por ese camino sólo puede llevarnos al desastre.
Históricamente, la escasez de recursos y la competición por éstos se ha resuelto a través de la violencia, la conquista, el sometimiento, el chantaje y la corruptela. Por otra parte, creer que la tecnología nos sacará del apuro en el momento adecuado no es más que una forma de disfrazar nuestra negativa a
reconocer la realidad.
Tenemos que caminar hacia una sociedad que reconozca plenamente que la naturaleza es un ingrediente fundamental de cualquier proceso económico; que el abandono del dogma del crecimiento material sin límites no significará la perpetuación de la pobreza; que todo el mundo tiene derecho a tener cubiertas
sus necesidades materiales fundamentales; y que éstas no pueden sobrepasar la capacidad de regeneración de la biosfera.
Un primer paso para cambiar el rumbo de nuestro sistema social y económico sería reconocer y adoptar una filosofía de vida basada en la auto-limitación, la cooperación y la solidaridad. La mayor dificultad no es técnica ni organizativa,  sino cultural. La visión desarrollista o cornucopiana argumenta a menudo que sólo el crecimiento económico continuo y la inversión en tecnología y desarrollo científico orientada a este fin solventarán nuestra crisis ecológica,  demográfica y energética. Esta visión soslaya algo fundamental y que descubrimos hace ya mucho tiempo: vivimos en un mundo finito que tiene una determinada capacidad para proveernos de sustento, comodidades y oportunidades. Cierto es que en los últimos siglos hemos aprendido mucho sobre ello y hemos sido capaces de extender hasta cierto punto estos límites.
Por eso es posible imaginar un futuro muy distinto al pasado que nos vio nacer como especie, un futuro en el que seamos capaces de encontrar la felicidad sin un incremento permanente del consumo material. La solución a los límites del crecimiento no se encuentra en crecer más y más rápido, como quiere hacernos creer la cultura del crecimiento ilimitado, sino en encontrar una forma de vivir felizmente dentro de los límites que nos marcan en todo momento la
naturaleza y nuestros conocimientos.
Un cambio de semejante naturaleza y envergadura suscita enormes reticencias. Sin embargo, en términos sistémicos, un cambio de estructura es simplemente un cambio en los sistemas de retroalimentación, un cambio en la forma y la calidad de la información que utilicemos para autoregularnos. Los actores de este nuevo sistema pueden ser los mismos, siempre que tengan un buen motivo, incluso incentivos, para el cambio. Este nuevo sistema de información debe tener en cuenta las realidades del deterioro de la biosfera y el
progresivo agotamiento de los recursos físicos, y debe ser capaz de producir nuevas estructuras sociales adaptadas a la realidad física.
Herman Daily propuso tres simples condiciones para construir un mundo material y energéticamente sostenible:

q       El porcentaje de uso de los recursos renovables no debe exceder a su capacidad de regeneración.

q       El porcentaje de uso de los recursos no renovables no debe exceder el porcentaje al que los sustitutos renovables pueden ser desarrollados.
q       Los porcentajes de emisión de contaminantes no pueden exceder la capacidad de asimilación del entorno.
No son más que unos principios básicos muy generales que pueden acompañarse de nuevos paradigmas, como, por ejemplo, empezar a pensar en el largo plazo, y no en los resultados del mercado de hoy o en las elecciones de mañana.
Las advertencias sobre el futuro que realizamos desde AEREN no son predicciones fatalistas, sino recomendaciones para tomar un camino distinto al actual. El cambio propuesto no es un sacrificio, sino un desafío. No somos pesimistas. Sólo queremos presentar una información honesta que avive el debate sobre los límites del modelo actual. Nada está escrito, ni pretendemos ser los propietarios de la verdad absoluta. Nadie puede predecir el futuro, pero sí constatar que el modelo mental que rige nuestro actual sistema económico y social se basa en una falsa creencia: que el mundo no tiene, a efectos prácticos límite alguno. Esta creencia se basa en la experiencia de 150 años de crecimiento exponencial hecho posible por la explotación de los recursos energéticos fósiles acumulados durante cientos de millones de años, y en que el futuro será una simple extrapolación de lo acontecido en el
pasado. Nosotros no compartimos esta visión porque no la consideramos realista y creemos que los difíciles retos energéticos y ecológicos que ya empiezan a perfilarse en este nuevo siglo no son más que el inicio del
desvanecimiento de ese espejismo.
Pero no por ello renunciamos a mantener viva la esperanza y la ilusión que tenemos puestas en otra visión del mundo que conjugue la verdadera sostenibilidad, la eficiencia, la suficiencia, la equidad, la belleza, la felicidad y la comunidad como valores supremos Un mundo en el que la economía sea un medio y no un fin, en el que el poder económico, la influencia política y el poder de la ciencia estén descentralizados, en definitiva, un mundo muy distinto al que nos dirigimos hoy.
16/07/2006 19:42 Enlace permanente.

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