posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

James Lovelock y el Espejismo Nuclear:

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¿Es la Energía Nuclear la Solución?
Lovelock no ofrece ningún dato que avale su afirmación de que “la energía nuclear es la única solución” que puede evitar el peligro inminente a que está sometida nuestra civilización. De su exposición cabe deducir, sin embargo, que bastaría con eliminar todas las trabas a la energía nuclear para resolver los problemas derivados de los combustibles fósiles y poder así mantener nuestro consumo energético. Sólo la miopía de la mayoría de los ecologistas obstaculizaría esta solución.

Estas afirmaciones forzosamente descansan sobre varias premisas:

  1. Es posible satisfacer las necesidades energéticas actuales y futuras de nuestra civilización industrial construyendo suficientes centrales nucleares, y sin contribuir al efecto invernadero.
  2. La transición de energías fósiles a energía nuclear puede hacerse en bastante menos de 50 años.
  3. Hay suficiente combustible nuclear en la Tierra como para que pueda amortizarse esta transición (digamos que para varios siglos), y su extracción puede realizarse sin generar CO2.
  4. La construcción y operación de una central nuclear proporciona un saldo positivo de energía a lo largo de su ciclo de construcción, operación, desmantelamiento y tratamiento de residuos.
  5. Es posible construir estas centrales con niveles de seguridad que eviten accidentes graves, y resolviendo el problema de los residuos de tal forma que el mundo siga siendo habitable en el futuro.

Analicemos estas premisas con cierto detalle:

1) y 2)  ¿Cuántas centrales nucleares habría que construir? ¿En cuánto tiempo? ¿Qué porcentaje de energía cubrirían?

En la actualidad hay en el mundo unas 450 centrales nucleares que producen el 12% de toda la electricidad que se consume en el mundo, lo cual equivale al 5% de toda la energía consumida. Por tanto, sin considerar incrementos de demanda, para producir toda la energía eléctrica que el mundo consume hoy habría que construir unas 3.600 centrales adicionales que posiblemente pudieran cubrir cerca del 40% de toda la energía que consumimos.

Teniendo en cuenta que se tarda unos 10 años en construir una central nuclear, que se tardaron más de 15 años en construir las 450 centrales actuales, y aún suponiendo que a pesar de que desde los años 70 prácticamente no se han construido nuevas centrales, todavía disponemos de la misma capacidad de construcción que en la década álgida de los 60, tardaríamos 120 años en construir las 3.600 nuevas centrales. Incluso suponiendo que duplicáramos la máxima capacidad que tuvimos, no podríamos terminar la construcción antes de 60 años.

Y esto solventaría sólo el 40% de la energía que consumimos hoy. ¿Cómo se generaría el 60% restante sin contribuir al efecto invernadero? ¿Podemos sustituir el petróleo que usamos para transporte por energía eléctrica de origen nuclear? Del total de energía consumida, el 40% se destina a transporte. Aún suponiendo que fuéramos capaces en los próximos años de sustituir todos los motores de combustión por motores y acumuladores eléctricos (o de hidrógeno), y que pudiéramos reconvertir toda la infraestructura de aprovisionamiento de combustible a electricidad o hidrógeno (algo ya de por sí faraónico), necesitaríamos construir otras 3.600 centrales adicionales para producir la electricidad necesaria para alimentar a nuestros nuevos vehículos.

Incluso suponiendo que el mundo dejara de crecer, para mantener los consumos energéticos actuales de electricidad y transporte a base de energía eléctrica de origen nuclear habría que construir pues unas 7.200 centrales nucleares, lo cual supone una inversión de unos 20 billones de dólares (2 veces el PIB de los EE.UU.). Si queremos hacerlo en 20 años, habría que multiplicar por 12 la capacidad de construcción que se tuvo en la década de los 60, al tiempo que sustituir todos los motores de combustión por motores eléctricos o de hidrógeno y acondicionar toda la infraestructura de suministro del nuevo combustible.

No parece un proyecto muy realista, y aún así en la transición generaríamos una cantidad de CO2 equivalente a la que producimos ahora en 10 años. Cualquiera que quiera plantear seriamente la alternativa nuclear deberá responder a estos interrogantes. Lovelock no lo hace.

3) Aún en el supuesto de que lográramos construir todas estas centrales nucleares, ¿de dónde saldría el uranio para alimentarlas? Según David Goodstein [5], en el mejor de los casos, las reservas conocidas de uranio se estiman en unos 25 años de consumo actual. Es posible que sean mayores, pero si multiplicáramos por 15 el número de centrales nucleares y quisiéramos asegurarnos combustible para por lo menos los 50-70 años de vida útil de una central, tendríamos que conseguir multiplicar por 30 las reservas actuales, o por bastante más si tenemos en cuenta los efectos tipo curva de Hubbert. Algo que tampoco parece fácil, por mucho que se hable de reciclar las viejas cabezas nucleares sin que haya datos de lo que esto supondría.

Hay quienes proponen pasar a reactores de plutonio lo cual aseguraría combustible prácticamente ilimitado, ya que en los reactores actuales se genera este elemento como residuo. Pero el plutonio es extremadamente tóxico, requiere sodio líquido para la refrigeración de estos reactores y los fast-breeder sólo existen en régimen experimental e incrementan notablemente todos los problemas de seguridad. Ni siquiera puede considerarse una tecnología actual que pueda desplegarse en los próximos años.

Los defensores de la energía nuclear deben aclarar, pues, si lo que proponen es utilizar reactores convencionales de uranio, o reactores de plutonio. En el primer caso, deben decir de dónde esperan obtener el combustible, a qué coste energético, con qué tipo de energía piensan extraerlo, y con qué generación de CO2 (las minas de uranio son hoy por hoy intensivas en combustibles fósiles).

[camiones de grandísimo tonelaje]

 En el segundo caso, deberían ser capaces de señalar algún reactor comercial de plutonio que funcione con suficientes garantías de seguridad y deberían explicar en qué plazos sería posible construir todos los reactores que suplirían a los combustibles fósiles. Mientras no lo hagan, como Lovelock, no puede hablarse en propiedad de alternativa nuclear.

4) El desarrollo de cualquier fuente energética consume a su vez energía. Dejando a un lado casos muy especiales, como el de las pilas eléctricas convencionales, una fuente de energía que consuma más energía en su desarrollo que la que luego genera es inservible. Lo que de verdad importa es pues la Energía Neta que proporciona una fuente energética. El petróleo, por ejemplo, ha sido una fuente muy eficiente en este sentido porque hasta hace poco se gastaba sólo un barril de petróleo para extraer otros 40 barriles más.

En el caso de una central nuclear, hay que considerar toda la energía consumida en su construcción, en el minado y procesado de uranio, en su desmantelamiento y en la gestión de todos sus residuos. Aún cuando no hay estudios serios sobre esta cuestión, es muy probable que la Energía Neta producida no sea demasiado importante, sobre todo si se contabilizan los costes de gestión de unos residuos que mantienen su peligrosidad durante miles de años. Por mucho que a los efectos de las compañías eléctricas estos costes se “externalicen” cargándolos al sector público, a nivel social hay que tenerlos en cuenta a la hora de valorar la rentabilidad total de una central nuclear. 

Los defensores de la alternativa nuclear deben calcular el saldo neto de energía que produce una central para que socialmente podamos decidir si este saldo compensa los riesgos de seguridad y de residuos que la sociedad asume.

5) A menos que estén de acuerdo con Lovelock en utilizar los residuos nucleares como elemento de disuasión para mantener determinadas zonas de la Tierra libres de presencia humana, los defensores de la alternativa nuclear deberán proponer también la forma y el lugar dónde ubicar la gran cantidad de residuos que se generarían caso de que prosperara su propuesta. Asimismo, deberán contabilizar los costes necesarios para asegurar un nivel de seguridad socialmente aceptable, tanto durante el período operativo como en el desmantelamiento y almacenamiento de residuos, e incluir estos costes en los correspondientes análisis de coste-beneficio de sus propuestas.
16/07/2006 19:45 Enlace permanente.

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