posindustrial

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Reflexiones inoportunas sobre las cepas de gripe aviar

20060716195636-varia.jpgLa OMS y Bush alertan a la vez (Dios los cría...)

Tras la alarma de los primeros y supuestos casos en Europa, la gripe
aviar fue perdiendo espacio en los medios de comunicación hasta que
llegó el mes de noviembre. Entonces, el miedo resucitó cuando el día
2 el presidente de los Estados Unidos George Bush acudió al Instituto
Nacional de Salud, en Bethesda, en Maryland –Estados Unidos–.

Allí alertó sobre los efectos que podría llegar a causar la gripe
aviar: dos millones de muertos en Norteamérica. "No podemos esperar a
que se declare, porque en algún momento tendremos que hacer frente a
la pandemia", aseguró el texano, que propuso la aprobación de una
partida presupuestaria de 7.100 millones de dólares para gastar en
planes de prevención y adquisición de medicamentos. El lenguaje
aséptico de los médicos ha dado paso poco a poco a una retórica
belicista, como corresponde al militarismo creciente de los neocon.

Equilicuá, al tratarse de una amenaza global dictaminó que el
Pentágono debía organizar la lucha contra el enemigo vírico,
asimilado a un Osama diminuto que se esconde en los seres vivos en
lugar de cuevas. Así las cosas, el ministro de Defensa, Donald
Rumsfeld, tomó la decisión de adquirir 80 millones de cajas de
Tamiflu, el fármaco indicado por la Organización Mundial de la Salud –
OMS– para luchar contra la gripe aviar.

Por si fuera poco, entre los días 7 y 8 de noviembre, la OMS amparó
una convención internacional en la que se afirmó: "No sabemos cuando,
pero sí qué va a ocurrir una pandemia entre humanos", sostuvo con
energía el director general del organismo, el nipón Lee Jong-Wook.
Curiosamente, el acto fue financiado por el Banco Mundial, presidido
en la actualidad por Paul Wolfowitz, quien hasta hace unos meses era
el número dos del Departamento de Defensa del gobierno de los Estados
Unidos.

Es decir, era el ayudante más directo de Rumsfeld en el Pentágono.
Ambos han sido señalados como los principales responsables de la
fabricación de pruebas falsas para sostener el ataque a Irak, aunque
su "afición" por los enemigos invisibles –e inventados– viene de
lejos. Y es que los dos fueron los responsables del llamado Equipo B,
creado por el gobierno de los Estados Unidos a comienzos de los años
setenta con objeto de investigar las capacidades militares de los
soviéticos.

Cuando los informes del Equipo B llegaron a la Casa Blanca, el
presidente Gerald Ford decidió incrementar los presupuestos
destinados al desarrollo de nuevas armas letales. Posteriormente, se
demostró que las conclusiones del Equipo B habían sido exageradas
hasta el límite de hacer creer a la población que la Unión Soviética
había desarrollado un arsenal armamentístico de ciencia ficción.

En un reciente documental de la BBC titulado The Power of Nightmares
se explica cómo ambos personajes formaron parte de la escuela creada
por el filósofo alemán Leo Strauss, que defendía la necesidad de
tener enemigos para activar la economía y obtener superioridad
armamentística. Tales enemigos pueden ser imaginarios (la supuesta
internacional yihadista) o reales, si bien exagerados (la gripe
aviar). Estos enemigos deben dar la sensación a la plebe de que está
indefensa si no es confiando ciegamente en el buen gobierno
paternalista. Las soluciones provenientes de la autoorganización o la
gestión pública sometida a crítica son los verdaderos enemigos de
esta ideología fascistoide.

Con el tiempo, los seguidores de Strauss crearon el movimiento
neoconservador y acabaron ocupando importantes cargos públicos en los
gobiernos de Ronald Reagan y George Bush hijo. Entre las filosofías
del grupo estaba la relativa a la existencia de una élite política y
financiera que fuera poseedora de la verdad, sin que el pueblo la
conociera, ya que de hacerlo se pondrían en riesgo los intereses del
país.

Además, según reveló la BBC, la filosofía del grupo consistía en la
exaltación o fabricación de las fuerzas enemigas. Rumsfeld y
Wolfowitz lo hicieron con la Unión Soviética y con Irak. Pero,
¿también lo están haciendo con la gripe aviar?

La investigación sobre el Tamiflu ofrece muchas sorpresas. De
primeras, el fármaco que están adquiriendo en cantidades monumentales
los diferentes gobiernos podría causar efectos secundarios, ya que
está basado en una planta originaria de Asia que es conocida como el
anís estrellado. En su formato como medicamento de herbolario, la
Agencia Federal de Drogas –FDA– de los Estados Unidos notificó la
existencia de 40 consumidores –15 de ellos niños– que en 2003 habían
sufrido varios brotes neuróticos tras su ingesta en forma de
infusión.

Cuatro años antes, la Agencia Española del Medicamento ya había
prohibido temporalmente la comercialización de anís estrellado para
herbolario. Pero sobre esta cuestión, los medios de comunicación más
importantes apenas han contado nada…
16/07/2006 19:57 Enlace permanente.

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