posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Reflexiones inoportunas sobre las cepas de gripe aviar

20060719222524-varia.jpgEn la actualidad, la empresa farmacéutica Roche tiene la propiedad
sobre la patente del Tamiflu. Gracias a la adquisión de cientos de
millones de dosis por parte de los gobiernos, esta compañía suiza ha
ingresado cientos de millones de euros y ha visto cómo el valor de
sus acciones crecía en la Bolsa hasta un 46 % en el año 2005.

Pero la empresa se ha negado a ceder su patente para que el Tamiflu
pueda fabricarse como un medicamento genérico y su precio sea
asimilable en los países pobres y en vías de desarrollo. Es allí en
donde la gripe aviar puede convertirse en una amenaza todavía mayor
debido a la precariedad de los sistemas sanitarios y la escasez de
medios higiénicos que actúan como un freno para la posible expansión
del virus H5N1.

Lejos de ceder la fórmula, el Banco Mundial ha propuesto cómo
solucionar el problema: a través de una conferencia de donantes y por
medio de créditos para que los gobiernos puedan hacer frente a la
adquisición de dosis de Tamiflu. Así pues, lo que propone Wolfowitz
es prestar el dinero para que los países más necesitados compren el
fármaco al precio establecido. Posteriormente, deberán devolverlo
en "cómodos plazos".

Sin embargo, el fármaco no fue desarrollado por Roche, sino por una
compañía norteamericana llamada Gielad Sciences. Posteriormente, esta
empresa cedió los derechos de comercialización a Roche mediante un
acuerdo de cesión en el cual se contemplaba que el diez por ciento de
los beneficios por la venta de Tamiflu fueran a las arcas de Gilead.

Curiosamente, cuando se llevó a cabo esta operación el presidente de
la compañía era el propio Donald Rumsfeld, quien se dedicaba al mundo
de los negocios antes de recalar en el equipo de gobierno de George
Bush. Y aunque en el año 2001 Rumsfeld dejó su cargo para ocupar la
cartera de Defensa, según Global Research el susodicho poseería en la
actualidad 18 millones de dólares en acciones de la compañía.

En resumidas cuentas: el propio Rumsfeld resulta beneficiado
económicamente de la adquisición de Tamiflu. Y ha sido él quien,
directamente, ha encargado la compra de 80 millones de cajas de este
producto al precio de referencia, que se cifra en unos 60 dólares la
caja.

Las cuentas son fáciles: gracias a los encargos de Rumsfeld, el
gobierno de Estados Unidos ha gastado 4.800 millones de dólares, de
los cuales 480 reportan en beneficio de Gilead. No deja de ser
curioso que al Consejo de Administración de Gilead pertenezca también George Schultz, secretario de Estado cuando Ronald Reagan era
Presidente…

Las sombrías predicciones sobre la gripe aviaria han animado el
mercado del miedo. Los gobiernos compraron millones de tratamientos
del único antiviral que se ha mostrado eficaz contra el virus en
pruebas in vitro. Pero eso no implica que lo sea en vivo y menos
contra la amenaza real de una pandemia humana, causada por una
mutación y una cepa fácilmente transmisible de persona a persona.
Este antiviral tampoco inmuniza. En el escenario más optimista sólo
tendría un efecto paliativo aplicado en las primeras horas de la
enfermedad, pero su administración masiva haría que el virus se
volviese rápidamente resistente a dicho fármaco.


Mientras algunos laboratorios aumentaron sus ventas en un 279%
gracias a estos encargos, los políticos curaban en salud su
imagen «haciendo todo lo que estaba a su alcance» con insuperable
rapidez de reflejos.

Los centros de investigación reclamaron de inmediato una parte de
esta generosa financiación pública a la industria farmacéutica,
recordando que a ellos les compete la tarea fundamental: estudiar el
virus para desarrollar una vacuna humana. Es cierto que tampoco será
posible desarrollar ninguna hasta que no aparezca la temida variedad
mutante. Pero el que no llora no mama.
Curiosamente, los intentos de lograr vacunas en animales (que podrían
ser una primera barrera contra la proliferación de cepas) han sido
ninguneados en Europa y EE.UU., y hoy por hoy sólo investigan por su cuenta los rusos, que sepamos.

Entre tanto no llega la hora de la verdad, los científicos encargados
de salvar a la Humanidad refuerzan su propio marketing de imagen y
hasta hicieron una demostración de su producto-estrella, publicando
en Internet la secuencia completa del genoma del virus de la gripe de
1918. La necedad no conoce límites, ni siquiera científicos. Los
extremistas de todas las ideologías están sinceramente agradecidos
con este gesto, que les ahorra mucho tiempo y esfuerzos. Ahora ya
cuentan en la Red con un plano detallado de un virus temible.

Aquel patógeno de la gripe de 1918 mató entre 20 y 100 millones de
humanos. El que se da por inminente ahora nadie sabe a cuántos
matará. Las estimaciones que se han hecho públicas varían entre los
7,5 y 75 millones, avanzados por distintos portavoces de la OMS y la
ONU, y los 180 a 360 millones calculados por los epidemiólogos
consultados por National Geographic.



En realidad nadie sabe nada. Lo único seguro es que pronto habrá una
pandemia de gripe mortífera, como sucedió en 1918 y, con menor
virulencia, en 1957 y en 1968.

Hubo tres en el siglo XX y ya llevamos 40 años desde la última, por
lo cual sería extraño que la próxima no apareciese en muy poco
tiempo. Si el virus de la gripe aviaria –que mata humanos desde los
90– ha encendido ahora las alarmas es porque en el caso de las dos
últimas pandemias se piensa que la causa fue una recombinación de un
virus aviario con el de la gripe común.

Hasta ahora este agente infeccioso no ha encontrado la forma de mutar
y adaptarse al huésped humano. Sin embargo, es posible que la
investigación científica le allane el camino. En este momento
investigadores de EE UU y de Holanda se dedican a recombinar en
laboratorio el virus de la gripe aviaria con el de la gripe humana
para observar el grado de virulencia que podrían alcanzar los
eventuales mutantes. Otro alarde más de estupidez "cum laude", puesto
que cuanto más se juega con los genes más posibilidades hay de
recombinaciones inesperadas y escapes al exterior de esos
laboratorios tan protegidos pero de ningún modo perfectos.
19/07/2006 22:26 Enlace permanente.

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Autor: carlos rodríguez

Así como hay que hacer guerras para vender armas, por lo visto desenvolver expectativas de enfermedades o directamente crearlas, es parte del negocio. Esto me hace acordar de "El Pibe" que describe el drama de la gran depresión y un chico se dedicaba a romper vidrieras para que pudiera trabajar Charles Chaplin, como reparador de ventanas.
Y si vemos cuántos planteles de pollos fueron borrados del mapa, para evitar riesgos que no existían.....

Fecha: 09/09/2006 02:58.



Autor: posindustrial de guardia

En efecto, se trata de renovar el sistema mediante coladurasa controladas. Por ahí va la cosa.

Gran película la de Charlot, por cierto. En España se la conoce como "El Chico". Ojo con los cristales rotos.

Fecha: 11/09/2006 18:31.


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