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Defensa civil en Suiza: demasiado 'perfecta' para tomársela en serio

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De la necesidad al folklore

 

Los cambios a nivel geoestratégico y la disminución continua del riesgo de una guerra nuclear generalizada, hicieron aumentar las voces críticas a partir de los años ochenta, sobre todo dentro del creciente "movimiento de paz". Además, con la caída del muro de Berlín aumentó definitivamente la crítica al concepto de "protección civil". La respuesta del Estado a dichas críticas se hizo claramente visible con el aumento de reformas de leyes y de nuevas evaluaciones de la situación. La recesión económica también disminuyó las expectativas de invertir una importante cantidad de dinero en algo que, probablemente, sería poco o nada utilizado en el futuro.

 

Los cambios en el uso de los refugios de protección por una gran variedad de usos alternativos, ayudó, en cierta medida, a una aceptación de las obras. Desde simples bodegas de vino privadas, salas de bricolaje, un lugar para practicar deportes como el tenis de mesa, salas de uso múltiple, hasta discotecas; siguen presentes como tipos de uso alternativo de los refugios, en la actualidad.

 

En los años noventa se hicieron varias encuestas sobre la estimación de la situación geoestratégica actual y como consecuencia, sobre la necesidad de órganos como la protección civil o las Fuerzas Armadas. La comparación entre la encuesta de 1995 y 1997, el porcentaje de la población que estimaba la protección civil como "necesaria o más bien necesaria", cayó de un 83 por ciento a un 75 por ciento. La opinión sobre el buen funcionamiento de la protección civil en un caso de guerra o catástrofe mayor es de un 11 por ciento para los que piensan que será muy bueno, un 34 por ciento lo consideran bueno, un 31 por ciento suficiente y un 20 por ciento lo estiman insuficiente en 1997. Una cuarta parte de los encuestados son de la opinión de que se gasta demasiado dinero en la protección civil - cifra que es parecida a la de una encuesta de 1989. En dicha encuesta se planteaba abiertamente la cuestión de la necesidad de la existencia de una protección civil.

 

La proporción de personas que opinaban que la protección civil es necesaria descendió en 10 años un 18 por ciento. En cambio, los que opinaban que era "más bien necesaria" aumentaron un 13 por ciento. Esta evolución demuestra que hubo un cambio en la mentalidad de la gente y que se puso en duda dicha organización y sus obras. Los que veían la protección "mas bien innecesaria", crecieron un 6 por ciento y, curiosamente, descendió el porcentaje de los claramente opuestos a la protección civil. Los sucesos como catástrofes por avalanchas, incendios forestales o inundaciones, donde la protección civil pudo intervenir y ayudar son responsables de la evolución de las cifras de los contrarios a la protección civil. Pero hay que tener en cuenta que esta encuesta no se refiere únicamente a las obras sino a toda la organización. Seguramente, los resultados de tal encuesta serían más negativos si se considerasen solo las obras, porque éstas no han tenido ninguna utilidad desde el comienzo de su existencia, en los años sesenta.

 

La opinión sobre la utilidad de la protección civil ha cambiado dentro de la población, pero muy poco para poder decir que son una mayoría los que ya no ven útil el mantenimiento de una institución tan cara. Quizás haya que esperar que las generaciones que han "aprovechado" la "protección" ofrecida por parte de Protección Civil ya no estén, para, por fin, poder cambiar profundamente - en un sentido de reducción - esta institución.

 

 

Conclusiones

 

Es cierto que la concepción de la protección civil no ha sido siempre adecuada a la situación geoestratégica. Pero lo que sí está demostrado es que históricamente la política suiza en la materia ha estado guiada por la experiencia de las guerras en el extranjero. En este sentido, las desmesuradas inversiones en una protección civil que ni siquiera sería una garantía absoluta en un caso de guerra nuclear, se podrían considerar de modo análogo al del seguro que cada uno puede comprar en su vida privada o no. Solo que en este caso es un seguro colectivo y obligatorio; y, por más innecesario que pudiera resultar, se ha podido financiar gracias a los medios económicos disponibles en este país durante muchos años.

 

La idea básica de la protección civil seguramente es buena, pero es irrealizable en la práctica y su precio resulta exagerado. A pesar de la imagen tan atractiva con que las autoridades presentan el Schutzraum, su ocupación y la vida en él, habría que vivir una situación real para poner de manifiesto sus puntos débiles y los desfases existentes entre la teoría expuesta y la práctica. Nadie en este mundo desearía tener que comprobarlo, pero ésa es la única manera de demostrar a los autores del concepto que éste no es tan perfecto, ni su funcionamiento tan fácil.

 

El mantenimiento de la actual forma de la protección civil y sus construcciones se debe al desinterés de la población, que además financia toda esa infraestructura. Para que se produjera un cambio de mentalidad por parte de los ciudadanos harían falta un discurso político más profundo y dirigido a toda la población y un detenido examen de las inversiones en materia de protección civil. De esa misma manera tendría que ser tratado el tema de las Fuerzas Armadas, todavía vinculadas con la protección civil en el concepto global de la defensa del territorio. Pero, a este respecto, el examen crítico de la situación tropieza con la dificultad de los continuos anuncios que se hacen últimamente sobre cambios y reestructuraciones dentro de la institución.

 

Por desgracia, la población, que a través de sus impuestos y del pago directo de las obras privadas, financia toda esa locura, no se plantea la necesidad de revisar la protección civil que tiene el país actualmente. La población sigue pensando que la seguridad no tiene precio y está dispuesta a mantener un arsenal de obras de protección civil por amplio y costoso que sea. Esa mentalidad se podría entender durante el período mas caliente de la guerra fría, por la influencia de las imágenes de las devastaciones de las bombas atómicas y el enorme armamento nuclear de las dos superpotencias, pero a partir de la desaparición de una de ellas y del cambio geoestratégico que ello supuso, es evidente que hubiera tenido que reflexionar mas profundamente y reconocer la inutilidad de las obras en cuestión.

 

Para calibrar la desmesura de las inversiones en obras de protección civil basta constatar que hay todavía muchos países en el mundo que no tienen ni una asistencia sanitaria y médica mínima asegurada, mientras que en Suiza hay centenares de hospitales y puestos de socorro que nunca han sido utilizados, y probablemente nunca lo serán. Dicha situación evidencia que en Suiza se ha optado claramente por invertir la riqueza en obras para calmar una fobia colectiva exagerada y no en obras sociales seguramente más útiles, y sobre todo, útiles ahora mismo.

 

En vez de integrarse en organizaciones como la Unión Europea, las Naciones Unidas  o la OTAN, Suiza ha preferido quedarse al margen y seguir su propio camino. Por eso se ve obligada a mantener un sistema de seguridad nacional (a parte de las Fuerzas Armadas enormes) con un gigantesco aparato de protección civil que genera unos gastos innecesarios y excesivos.

 

Además de los puntos  mencionados sobre la protección civil en general, hay otros de tipo técnico-práctico que conviene tener muy en cuenta. Es muy cuestionable que el ser humano pueda soportar estar encerrado durante días, semanas o hasta meses en caso de guerra nuclear. Los planes de los refugios editados por el gobierno no parecen tener en cuenta que sus ocupantes son seres humanos sometidos no sólo a la presión psicológica de la guerra, sino también, en el caso de los refugios colectivos, a una presión enorme por parte de unos compañeros de refugio a los que ni siquiera conocería. Con nuestra sociedad cada vez más individualista y egoísta, resulta difícil imaginar una ocupación de los refugios que no acarree problemas. Todo ello sin tener en cuenta que la ínfima comodidad de los refugios (sin intimidad, retretes secos, sin agua corriente etc.) haría casi imposible su funcionamiento correcto.

Otra crítica técnica es la falta de adecuación del sistema a las amenazas posguerra fría;  es cierto que la posibilidad de un ataque nuclear no ha desaparecido, ni mucho menos, con el fin de la guerra fría. Ahora bien, las nuevas amenazas nucleares (guerra nuclear limitada, ataque terrorista, bomba convencional con “guarnición e uranio”) hacen irrelevante todo el aparato de alarmas y el rígido sistema de refugios centralizados. En efecto, ya no se trata del holocausto nuclear sujeto a avisos previos. Un ataque que se produzca en el futuro será muy probablemente sin previo aviso, por sorpresa.

 
Finalmente, quisiera insistir en que muchos de los interrogantes que sigue planteando el tema de las obras de protección civil tienen su origen en la falta de control de esta institución, que, como las Fuerzas Armadas -a las que se atribuye el mantenimiento de la paz en el país durante los últimos 150 años-, se considera por encima de toda crítica, como una auténtica "vaca sagrada".
31/07/2006 18:26 Enlace permanente.

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Autor: angie

EL ES AMOR

Fecha: 01/06/2007 02:21.


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