posindustrialEl final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?
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La amenaza fantasma El videocasete de la ejecución de Nicolas Berg En mayo de 2004, Al-Zarkaui era responsabilizado por la decapitación de Nicolas Berg [2] tras haberlo tomado como rehén. Algunos comentaristas no pudieron abstenerse de señalar que esta ejecución -supermediatizada- cayó en el momento oportuno para Donald Rumsfeld. En medio del escándalo de la prisión de Abu Ghraib, numerosos senadores norteamericanos habían solicitado la renuncia del secretario de Defensa a quien consideraban responsable, al menos moralmente, de los horrores que se practicaban en esta prisión. La cinta grabada con la ejecución de Nick Berg creó en la opinión pública una corriente de indignación antiiraquí que podía distraer la atención de dos cuestiones importantes. El 11 de mayo de 2004, la CNN presentaba un misterioso informe, descubierto en un sitio islámico, en el que se acusaba a Zarkaui de haber decapitado a Berg. Dos días después, la CNN anunciaba: «La CIA confirma que el asesino de Nicholas Berg fue Abu al-Zarkaui». La prueba: un videocasete intitulado: «Abu Musab al-Zarkaui presente en la ejecución de un norteamericano.» En la grabación se veía a un individuo enmascarado que hablaba inglés y del que los expertos de la CIA decían al unísono: «¡Es Zarkaui!» Sirajin Sattayev en «Was Nick Berg killed by US intelligence?» señalaba una serie de faltas de concordancia en el videocasete. Así, Sattayev señalaba: Zarkaui es jordano, pero el hombre del videocasete no habla con acento jordano. A Zarkaui le amputaron un pie, sin embargo ninguno de los pies del hombre que aparece en la cinta presenta esta anomalía. Además, el hombre que se pretende ser Zarkaui tiene puesta una alianza amarilla, probablemente de oro; eso es algo que ningún islamista fundamentalista haría porque su fe no se lo permite. Inmediatamente después de la mediatización de esta verdadera bomba -un Zarkaui con sus dos pies, un anillo de oro en el dedo anular y que habla inglés-, la revista News and World Report del 24 de mayo afirmaba: «Las personalidades oficiales y autorizadas de la inteligencia norteamericana, que creían que Zarkaui había perdido un pie en Afganistán, modificaron recientemente su opinión y ahora afirman que Zarkaui tiene sus dos pies». La situación cambia. El misterio de los rehenes en Irak A diferencia de Bin Laden, Zarkaui no ha llamado nunca a la «guerra santa» contra los judíos o los cristianos (los «cruzados»). Durante su declaración ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Colin Powell «olvidó» mencionar dos hechos importantes: por una parte que Zarkaui y su organización «Ansar al-Islam» eran opuestos a Sadam Husein, y, por otra, que los Estados Unidos no manifestaron ningún interés (lo que hubieran podido hacer) para destruir su base en el Norte de Irak en una zona mayoritariamente habitada por los kurdos. ¿Por qué? ¿Desde cuándo en Irak las tomas de rehenes son medios estratégicos? Cerca de seis meses después de que la Coalición dirigida por Estados Unidos hubiera ocupado el país. En mayo de 2004 (después de cerca de un año de ocupación) Nick Berg es decapitado. Le siguen Eugène Armstrong y Jack Hensley en el mes de septiembre de 2004, luego el británico Ken Bigley en octubre de 2004. Lo impresionante es que entre los rehenes de Zarkaui hay personajes especialmente desagradables para la Coalición. Se trata de hombres de negocios sospechosos de espionaje, de periodistas de «izquierda» o independientes que reportaban hechos contra los intereses de las fuerzas de ocupación y a quienes les era indiferente la censura, o activistas de organizaciones humanitarias independientes. Por ejemplo, Nick Berg fue secuestrado en el momento en que la Coalición sospechaba de él por desplazarse clandestinamente de Irak a Irán. Según su padre, el FBI investigaba a toda la familia de Berg en los Estados Unidos en busca de informaciones sobre los viajes de éste a Irán. Los reportajes de Giuliana Segrena, la periodista del Manifesto (diario comunista italiano) no eran del todo favorables a las tropas de ocupación y recordaban constantemente el «genocidio de Faluya». Estados Unidos sólo estimula a venir a Irak a los periodistas llamados «corresponsales de guerra», acreditados ante las fuerzas de la Coalición. Reciben un uniforme del ejército de los Estados Unidos así como protección militar. En el hotel reciben notas y videocasetes controlados por la censura militar. Como durante la guerra con la ex Yugoslavia, estos muy numerosos «corresponsales de guerra» apenas abandonan sus hoteles y envían a sus diarios las informaciones que les brinda ya hechas el ejército de los Estados Unidos. Los demás periodistas, los que hacen su trabajo sin pasar por la censura militar, corren el riesgo de caer en manos de «Zarkaui» y ser decapitados u objeto de un pedido de rescate. ¿La idea no es atemorizar a los periodistas y a los trabajadores de las ONG independientes (ver el programa del Pentágono «P2OG») a fin de incitarlos a permanecer alejados de las zonas «sensibles»? Cualquiera que sea el grado de imprevisibilidad de la situación en Irak, no podemos menos que asombrarnos por la forma más que rara empleada por Al-Zarkaui para alcanzar sus objetivos. Numerosas víctimas de las acciones de su organización no tenían que cuidarse, a priori ni de forma explícita, de ser un objetivo de los terroristas islámicos. 02/08/2006 18:55 Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario |
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