posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

LAS RAZONES DE LA NEGACIÓN

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¿Por qué la gente en general se cierra en banda en cuanto se les habla de la inevitable escasez futura de petróleo? ¿Cómo es que se niegan a aceptar siquiera como hipótesis el “apocalipsis energético”?

La última persona con la que intenté conversar acerca del cenit y la consiguiente mengua del petróleo disponible a escala mundial, terminó cortando en seco mi explicación: admitía que lo que estaba contándole podía pasar, pero...”el fin de la civilización no puede ser tan simple”. Podía pensar en un apocalipsis de cien formas diferentes, antes que en el colapso energético.

Y sin embargo, era una persona razonable en su vida cotidiana, uno de esos sujetos que sin haber leído nada acerca de la “navaja de Occam”, la aplican intuitivamente en su vida cotidiana: es decir, esa gente que no compran bálsamos de Fierabrás por Teletienda ni se dejarían timar por el “tocomocho”; porque desechan lo complicado y aceptan las explicaciones más simples y comprobables como buenas.

Sin embargo, en el caso del final del mundo tal como lo conocemos, este racionalista “sin desbastar” prefería rechazar la versión más simple (y posible) del desastre final. Mi interlocutor temía más cualquier otra amenaza a escala mundial que al colapso energético. Creo que si le hubiese hablado acerca de una invasión extraterrestre dentro de 10 años su reacción tachándome de alarmista y loco no habría sido mayor.

Por lo demás, mi interlocutor me conoce desde hace años (somos parientes) y sabe que, aparte de ciertas extravagancias y una cierta propensión a la melancolía, soy una persona seria y reflexiva, y muy cuerda (hasta el punto de que mi lucidez se ha convertido para mí en una carga terrible). Sabe que no estoy metido en ninguna secta, por otra parte.

¿Qué lleva a la gran mayoría a negarse a ver el destino más probable de la sociedad industrial?¿Qué les hace “matar al mensajero”? (por ahora en sentido figurado: crucemos los dedos).

La negación se ha intentado explicar por motivos que pueden ser válidos en parte, pero que no explican a fondo el problema del rechazo a la explicación del cenit petrolero y sus efectos inexorables en todo el mundo. Se ha escrito acerca del poder hipnótico de la televisión, del lavado de cerebro por parte de los gobiernos, de la conspiración de silencio en la prensa, de ocultación de información, etc.

Pero todo esto es insuficiente, no explica del todo la ceguera actual ante la próxima crisis energética: al fin y al cabo, la censura en los medios no es total para quien sepa leer entre líneas; hay científicos que hablan abiertamente del tema, en Internet hay bastante información dentro de lo que cabe sobre la crisis energética, la propaganda de los gobiernos ha fracasado recientemente en lo de Iraq...

A fin de cuentas, no hace falta ser muy inteligente tampoco para entender que el petróleo va a escasear en “X” años; y no hay alternativas milagrosas a corto ni medio plazo. Con todo, hay personas inteligentes que no pueden concebir esta situación y prefieren creer en panaceas con pocos resultados o incluso en cuentos de ciencia ficción como el “helio 3” famoso. :-D

Para entender esta dimisión de la inteligencia tan sorprendente, hay que empezar captando el origen de la negación, que no es racional sino emotivo. En el inconsciente colectivo o como queramos llamarlo, en lo más hondo de la mente humana, chapotean unos cuantos mitos. Entiendan mitos no como mentiras ni como narraciones religiosas

, sino como reflejos mentales de hechos y creencias que pueden existir en un momento dado, pero que han pasado a ser referencias simbólicas que están ahí inamovibles. Esto no es malo a priori, porque estos mitos dan un punto de referencia a las personas ante los problemas de cada día. Ahora bien, cuando estos mitos se convierten en ideas exageradas y fosilizadas, acaban absorbiendo toda la realidad de la persona, impidiéndole captar el mundo real. Y esto es muy peligroso, como se puede comprobar con los fanatismos políticos y religiosos. :-X

La negación de la crisis energética en ciernes viene también de esta clase de mitos de lo profundo de la mente. En concreto, puedo entrever dos mitos sociales fosilizados:

-         La nostalgia de la Bomba.

-         El progreso indefinido.

Primer mito: LA NOSTALGIA DE LA BOMBA

En 1945 comenzaba la era atómica. Varias generaciones desde entonces hemos estado sometidas al terror nuclear. La amenaza tecnológica a toda la especie humana provocó en las personas más vulnerables un renacer del pensamiento apocalíptico, sobre todo en gente religiosa: sectas que se cobijaban en refugios, pronósticos del día del juicio que siempre fallan, grupos de “survivalistas”, etc.

Pero la mayoría de la gente prefirió racionalizar el miedo al Holocausto nuclear, viviendo una normalidad forzada, creyendo la propaganda pseudocientífica de los gobiernos (“agáchense y cúbranse”) o consumiendo fantasías de Ciencia Ficción para descargar la tensión.

Fuese cual fuese la forma de escape ante la espada de Damocles atómica, en todas las mentes desde hace medio siglo la amenaza real se hizo mito: el mito del Holocausto final en forma de hongo radiactivo. El fatalismo del siglo pasado identificaba el apocalipsis con el fulgor de la bomba H. L

Desde luego, hubo en el mundo real y en el cine quienes barruntaron otros finales alternativos, si no para la especie humana, para la “civilización”; pero estos apocalípticos imaginativos siempre quedaron en segundo plano por la rotundidad del poder atómico en manos de los dos bloques en pelea.

El miedo al hundimiento de Occidente por falta de petróleo era uno de esos finales no por imaginados imposibles. Había habido algún científico adelantado a su tiempo que lo había especulado, pero no fue hasta los años 70 cuando el tema energético se convirtió en un miedo mítico entre la gente. La crisis del 73 puso de moda el pánico al final de la era del petróleo. El club de Roma advertía sobre el problema energético entre las demás amenazas futuras (desastre ecológico, superpoblación...). Escritores como Ballard ambientaban algunas historias en mundos decadentes o posindustriales. Surgía también un incipiente ecologismo que por desgracia, pronto se centraría en el romanticismo naturalista, olvidando la cuestión energética o tratándola de forma superficial (el “mantra” de las energías renovables como tranquilizante).

(seguirá)

07/08/2006 19:36 Enlace permanente.

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