posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

LAS RAZONES DE LA NEGACIÓN (continuación)

20060810182646-cdp.jpg

Cuando la OPEP fue perdiendo fuelle y Occidente empezó a respirar aliviado al asegurarse (por un tiempo) suministros seguros, el problema energético fue cayendo en el olvido.

Por lo demás, la invasión de Afganistán por la URSS y el belicismo de Reagan terminó de relegar el miedo al colapso petrolero. Los años 80 estuvieron marcados por el monopolio apocalíptico de la guerra nuclear. La Guerra Fría tardía marcaba los temores de la gente: el colapso paulatino no tenía nada que hacer contra el pánico a la Tercera Guerra Mundial que podía comenzar por cualquier nimiedad política.

El cine se llenó de bombazos nucleares y escenarios desolados por la radiación y el supuesto “invierno nuclear” que seguiría a los bombazos.

. Incluso “Mad Max” (la única película taquillera que ha esbozado un posible mundo en crisis energética) se pasó al mundo posnuclear en la segunda y tercera parte de las trilogías. Se ve que si no había referencias a la Bomba ni a las radiaciones no estaba a la altura de los “felices” años 80.

El mito nuclear lo envolvía todo.

Y en esto que la URSS y sus países satélites se vinieron abajo. Llegaron los años 90, con la apoteosis: ya no había nada que temer, el imperio del Mal ya no existía y la TGM se hacía cada vez más improbable (aunque nunca ha desaparecido el riesgo real de accidente o guerra nuclear a escala regional). El mundo podía respirar tranquilo: el mercado y la tecnología lo iban a arreglar todo. ¿Crisis energética? La guerra del Golfo dejó bien claro que los árabes no iban a molestarnos más, había petróleo barato para 100 años...

Ahora bien, en este ambiente optimista el miedo profundo al Holocausto nuclear de 50 años seguía funcionando, aunque paradójicamente la Tercera Guerra Mundial se había esfumado. El hongo atómico ha seguido acaparando las visiones apocalípticas, la radiación es el único final “legítimo” de la humanidad en el imaginario colectivo. Esto es lo que provoca el rechazo instintivo a otras formas de catástrofe final menos espectaculares, como el colapso petrolero.

En los años 90 los sucedáneos del Holocausto sólo consiguieron taquilla para Hollywood: el cine se llenó de dinosaurios, meteoritos, virus africanos, invasores del espacio...más como entretenimiento que como reflejo de un miedo real. No iba a haber “día después”, así que no había ya más miedos profundos. En vano hablaban los ecologistas del cambio climático, el agujero del ozono...

Todas estas amenazas ya no tenían la rotundidad de los megatones.

Ni qué decir que el problema energético sonaba a pasado de moda si todavía había alguien que se refiriese a él. Ni siquiera tenía urgencia actual para los profetas del ecocatastrofismo.

Tras el 11-9-2001, la amenaza del “terrorismo global”se convirtió en el nuevo pánico mundial. El inconsciente colectivo se llenaba de kamikaces barbudos, y la nostalgia de la Bomba ha tenido un cierto reverdecer bajo la nueva forma del “Eje del Mal” con supuestas ADM (Iraq, Corea del Norte, Irán y poco más).

Entre hombres-bomba, ántrax, sarín y bombas A de bricolaje no hay sitio tampoco para el apocalipsis energético. Todavía hay nostalgia de la Bomba.

(continuará)

Segundo mito: EL PROGRESO INDEFINIDO

A pesar de las afirmaciones de ciertos filósofos pedantes, el mito del progreso indefinido, que nació junto al capitalismo, sigue en vigor aunque los hechos lo desmientan: hambrunas en los países pobres, deterioro ambiental, descomposición eticosocial en Occidente... No importa, gracias al tecnologismo (creencia en el poder milagroso de la tecnología para arreglar cualquier problema) y a la globalización (término abstracto que vale para justificar lo que sea) se sigue creyendo (o se finge creer aún) en el progreso indefinido.

La creencia en este progreso fatalista es transideológica, es decir, común a izquierdas y derechas, salvo excepciones marginales. Esto explica el fracaso del izquierdismo (sobre todo el marxista)para comprender el mundo actual después del batacazo soviético.

El final de la URSS supuso para la derecha la “confirmación” de que el capitalismo tenía la llave del sacrosanto progreso, ya que en el futuro se esfumaba (o al menos eso creían) que no habría amenazas a su dominación real y simbólica. Para gran parte de la izquierda fue un golpe terrible por eso mismo, pues compartían el mismo mito social del progreso indefinido con sus teóricos contrincantes políticos.

Gran parte de la izquierda cree aún en el industrialismo como sancta sanctórum de las virtudes; el sovietismo era fiel exponente de dicho industrialismo (también llamado por algunos “capitalismo de estado”). No todo en la URSS fue negativo como nos quieren vender hoy los neoliberales, pero en el plano ambiental no se pueden ocultar desastres como el de Chernobil, por ejemplo.

Para la izquierda industrialista, el obrero es el summum de las bondades frente al “embrutecido” mundo rural, en el que perviven los horrores del “feudalismo”. Cualquier crítica un poco fuerte a esta visión simplista puede ser tachada de “pequeñoburguesa” (en su pintoresco argot), o peor aún, el colmo de lo reaccionario.

EMHO, lo realmente “reaccionario” en estos tiempos que corren es esconderse detrás de teorías fosilizadas o fantasmagorías en lugar de entender la cruda realidad y obrar en consecuencia.

Mientras algunos siguen soñando con utopías fabriles de los tiempos del vapor, otros fantasean con utopías cibernéticas mientras el camino se hunde ante sus pies.

Ya sean de la vieja escuela o seguidores de Neo (“Matrix parece ser una curiosa fuente de inspiración “revolucionaria” para más de un “radical” :-DD), todos ellos están demasiado ofuscados por el mito fosilizado para interpretar adecuadamente las señales de alarma que envía el mundo real de vez en cuando.

Así, el verano pasado (2003) sucedieron grandes apagones en Italia y sobre todo en EE.UU. Gran parte de la progresía y del radicalismo virtual escribían al respecto en los foros de Internet burlándose de los yankis y sacando los colores al capitalismo. Y todo esto sin percatarse de que a lo peor en pocos años esto los apagones podían llegar a afectar a sus queridas catacumbas cibernéticas.

Una minoría fue más perspicaz y abordaba el posible futuro declive del industrialismo.

Por desgracia, esta minoría izquierdista que ya no está bajo el influjo del progreso indefinido se ha pasado al otro extremo: su antitecnologismo les ha llevado a declararse enemigos de la técnica y de la cultura en general (aunque eso no les impide declararlo por Internet).

. Echan espuma contra la ciencia y lanzan catilinarias contra la “civilización”. ¡ahora que Occidente se ha convertido en la sombra de sí mismo!. Proclaman la muerte de la cultura y presentan el retorno al salvajismo como la panacea contra el industrialismo. En su confusión mental, son incapaces de distinguir el sistema industrialista (economía del capital + tecnologismo + burocracia) de los restos de humanidad que todavía sobreviven.

El reto para el futuro no es destruir la “civilización”, sino reinventarla; no acabar con la tecnología, sino reconducirla a escala humana. Tampoco es cuestión de salirse del mito del progreso indefinido para caer en el del buen salvaje.

Hay otras personas que estamos fuera ya del mito del progreso indefinido, pero tampoco nos entusiasma el nuevo primitivismo. Estamos contra el optimismo tecnológico idiota no porque tengamos alergia a la técnica, sino porque sabemos adónde nos lleva, y no nos gusta el futuro que se avecina.

Agradecemos mucho la existencia de sitios como www.crisisenergetica.com o sus equivalentes en otros países, porque no son antitecnología a ultranza (al contrario,se escribe en ellos mucho sobre ciencias y técnicas), pero tampoco hay concesiones al futurismo ingenuo del “ya inventarán algo”. Sin embargo, su obsesión por presentar escenarios de catástrofe contrasta con su escaso interés en pensar alternativas para la salida radical o progresiva de la sociedad actual, fuera de las discusiones en torno a ideologías o tecnologías. Los foros dedicados a desastres, guerras y noticias feas están mucho más concurridos que los de preparación para el futuro o alternativas colectivas.

No nos engañemos más, el industrialismo va a devorarse a sí mismo en cuanto empiece a escasear la energía, y no vendrá una solución milagrosa a última hora para salvarlo. No vamos a llorar su muerte, pero tampoco nos alegraremos porque las consecuencias no serán agradables.
10/08/2006 18:27 Enlace permanente.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.




Temas



Archivos

Enlaces

Nuke-nuclear

Peakoil-Cénit del petróleo

Ecocidio-CO2 y contaminación ambiental

Preparación y protección

Varios

Tensión internacional

| Blog ciudadano realizado con Blogia 2.0 | Suscríbete: RSS | Administrar