posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

Seguridad en la calle III

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Cómo abordar un ataque

El procedimiento para enfrentarse a una amenaza es detectarla

lo antes posible. En la fase del contacto visual,

hay que tratar de no sostener la mirada y, simplemente,

retirarse e irse a otra parte. Pero, si el atacante está a una

distancia corta y ya está iniciando un ataque verbal, esto

no suele ser posible. En este caso, contamos con dos

elementos para responder a la agresión: 1) la disuasión

psicológica; y 2) la disuasión física.

Hablar para resolverle problema

La disuasión psicológica supone reducir el grado de

agresividad del oponente o intimidarle o lo suficiente

como para se retire. La primera opción es la mejor. Si se

puede conseguir hacer reír al agresor, razonar con él o

hacer que se sienta importante delante de sus amigos,

tal vez puede ocurrir que desista. Hay que decirle claramente

que no queremos peleamos y que, si es necesario,

nos vamos a otra parte. Con esta forma de actuar

hay otra ventaja: que es que hace bajar los niveles de

adrenalina del agresor y ello puede hacerle bajar también

la guardia, lo que nos dará la oportunidad de atacarle antes nosotros por sorpresa, siempre que lo creamos necesario. Pero hay que procurar no mostramos

demasiado débiles o derrotados de antemano. Es muy

difícil suscitar la compasión de un agresor y esto sólo

puede servir para acrecentar su violencia, si nos percibe

como un objetivo fácil. ¡Nada de “poner el culo”!.

La táctica suave da mejores resultados cuando la pone en escena una mujer, dado que biológicamente y psicológicamente la voz femenina llama más la atención al oído masculino que la de otro macho.

 

Hacerse el loco

 

Sin embargo, en muchos casos, la salida «amable» no

funciona en absoluto. El enfoque intimidatorio tiene

mucho más riesgo emotivo, pero puede salir bien.

Nuestra meta debe ser hacerle creer al oponente que somos

unos tipos duros de pelar, si es que se decide a optar

por la violencia. Esta estrategia exige una cierta actuación teatral por nuestra parte, pero los altos niveles de adrenalina que corren en ese momentos por nuestro ,

cuerpo nos ayudarán a imprimirle credibilidad.

Adoptemos una actitud por la que parezca que estamos

deseando pelear. Hay varias opciones. Primera, hacer

como que estamos al borde de la psicopatía o que somos subnormales. Hay

que armarse del valor que nos den el miedo y la adrenalina

y canalizarlo en amenazas verbales, con un gesto decidido y agitado y una conducta tan extraña como si estuviéramos locos. Babear, mirar con ferocidad y

soltar frases sin sentido: todo servirá para cargar las tintas

del cuadro. Nuestra intención será asustar al agresor

haciéndole pensar que estamos a punto de sufrir un ataque

de locura, lo que puede que le lleve a apartarse de

nosotros por miedo a una confrontación violenta.
28/08/2006 19:47 Enlace permanente.

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