posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

GUERRA EN LAS FRONTERAS, PAZ EN LAS AUTOPISTAS

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La Agencia Internacional de la Energía ha señalado el año 2010, como fecha en

que los paísesproductoresno pertenecientesa la OPEPiniciarán su decliveproductivo..

Si actualmente las necesidades de petróleo mundial rondan los 85 millones de barriles

diarios (mbd), en 2015 se podrían alcanzar los 100 mbd, al decir de los expertos. Por

tanto, los países principales productores de la OPEP deberían duplicar su producción

para satisfacer la demanda. De ahí también la inquietud por zonas como el Mar Caspio,

Rusia o Brasil.

Esta coyuntura de demanda creciente frente a una oferta que no aumenta lo

suficientemente rápido, es lo que hace creer a muchos observadores que la ofensiva

lanzada por Estados Unidos obedece a una preocupación reconocida por sus suministros

de petróleo (que hoy están asegurados gracias a las importaciones de países como

México o Canadá).

Las tesis que hablan sobre una posible amenaza del abastecimiento energético de

Estados Unidos, lo hacen apoyándose en las propias actitudes y declaraciones de los

dirigentes y funcionarios norteamericanos. El documento más mencionado es elllamdo

Informe Cheney (National Energy Policy Report) emitido en el año 2001, y donde el

vicepresidente hablaba explicitamente. En este informe se anuncia de manera expresa la

inminencia de una crisis de energía, de una escasez de petróleo que Estados Unidos

tendrá que afrontar. Después de enumerar varias medidas de urgencia como la

explotación de nuevos yacimientos en suelo norteamericano, la diversificación de zonas

de aprovisionamiento o el desarrollo de fuentes alternativas de energía, Cheney anuncia

la necesidad de apoyar a las compañías para lograr el acceso en zonas petrolíferas.9

Es a partir de diagnósticos como el de Cheney que es posible creer en ese estado

de ansiedad energética por el que pasa el mundo industrializado, y que provoca su

deriva hacia operaciones militares de forma permanente. Un representante típico de esta

opción es Michael T. Klare, que resume así uno de sus puntos de vista: "El crudo,

aunque relativamente abundante por ahora, no es ilimitado. Es un recurso finito y,

además, no renovable. En algún momento futuro el caudal disponible dejará de seguir el

ritmo de crecimiento de la demanda y el mundo se enfrentará a carestías considerables.

Si para entonces no se ha descubierto una fuente energética nueva y abundante, la

competencia por los caudales remanentes de crudo será cada vez más dura. En

semejantes circunstancias, los Estados importadores juzgarían cualquier interrupción

prolongada de los flujos mundiales como una amenaza mortal a su seguridad... Y por

tanto, como un asunto de los que legítimamente se resuelven recurriendo al empleo de

la fuerza militar."

Para Klare, las agresiones militares de Estados Unidos y sus aliados en Irak no

suponen sino una continuación lógica de la doctrina ya enunciada por Carter. a

principios de los años años, a raíz de la crisis iraní, cuando declaró que cualquier

maniobra de otro país en el Golfo Pérsico que pusiera en peligro el suministro de crudo

sería contestada militarmente. Finalizados los años noventa, y después de los atentados

del once de setiembre, Estados Unidos, según Klare, se enfrenta a una complicada

política estratégica en el Golfo Pérsico: mantener a Irak bajo estrecha vigilancia,

anticiparse a las maniobras de Irán que, al controlar el paso de Ormuz, podría constituir

una amenaza para el suministro de petróleo y, finalmente, proteger en Arabia Saudí la

facción política que le es favorable. Este triple esquema se corresponde con el

despliegue de tropas y efectivos técnicos que Estados Unidos mantiene en la zona. Su

programa bélico es un agujero de petróleo, un círculo vicioso ya que la presencia de una

fuerza armada de tal calibre es necesaria para mantener el control efectivo sobre el

petróleo, a su vez necesario para seguir alimentando la máquina de guerra.

Michael T. Klare ha vuelto a insistir no hace mucho sobre esta cuestión de la

estrategia estadounidense en relación con su política de seguridad energética. Según

Klare, la política de Bush se basa en un programa militar de intervención inmediata en

zonas donde el suministro petrolífero puede estar amenazado: "De modo que, a finales

de su segundo año de mandato, el Gobierno Bush había logrado incorporar a la doctrina

militar formal muchos de sus objetivos estratégicos básicos. Como hemos visto, esos

objetivos subrayan el claro refuerzo de la capacidad estadounidense para proyectar

poder militar en áreas conflictivas; esto es, fortalecer precisamente esas capacidades

susceptibles de utilizarse para proteger u obtener acceso a fuentes extranjeras de

petróleo."

Se puede pensar que los análisis de Giordano y Klare finalmente coinciden, ya

que ambos describen una situación de explotación económica y de tensión entre las

potencias.Pero entre ambos tipos de análisis se interpone una disyuntiva:o guerra de .

recursos, como signo de vulnerabilidad y ansiedad por parte de las grandes potencias, en

medio de una futura escasez de hidrocarburos, o una abundancia bien controlada,

cínicamente administrada mediante la extensión de la guerra destructiva allí donde se

considere necesario. La primera opción resultará del gusto de la izquierda genérica,

deseosa de ver como los gigantes imperialistas se mueven con pies de barro en la escena

internacional, mientras su sistema del crimen organizado acelera el caos de la economía

mundial y se precipita en la ruina. La segunda opción, menos difundida entre los

sectores considerados críticos, relativiza la supuesta debilidad del imperialismo

económico, mientras que la cartelización de uno de sus principales elementos de sostén

como es el petróleo, lleva al fortalecimiento del dominio monopolístico, un dominio que

apenas conoce rivales, y donde la guerra es a la vez medio y fin de la actual dinámica de

acumulación de capitales. En el primer caso se acepta que la competencia por los

recursos llevará a un poco esperanzador futuro de guerra y represión, en una carrera

hacia el desastre, mientras que en el segundo caso sólo se vislumbra el freno que la

devastación ecológica puede poner a este movimiento vasto y complejo.

Es posible aceptar que la guerra del petróleo sea hoy un mecanismo

normalizador o regulador del funcionamiento de la economía mundial, y no un elemento

perturbador o de crisis. La guerra -o las guerras- en Oriente Medio son el resultado

dramático de nuestro empleo masivo de hidrocarburos, lo que en sí mismo constituye un

hecho banal. Esta banalidad que está en el fondo de la cuestión, nos obliga también a

repudiarla paz movilizaday motorizada que reina en el occidente desarrollado.
28/12/2006 18:19 Enlace permanente.

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