posindustrialEl final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?
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Extracto de “La gran emergencia” .../...Esta capacidad para convertir la fabricación industrial en un concepto a escala global provocó una tendencia mundial a relajar las barreras arancelarias, que habían existido hasta la fecha para fortificar anteriores ventajas comparativas, a partir de ese momento obsoletas. La idea sostenía que una oleada creciente de comercio mundial incre-mentaría todas las arcas. El periodo (aproximadamente entre 1980 y 2001), durante el cual se suscribieron ciertos tratados internacionales como el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) coincidió con un descenso abrupto y persistente de los precios del petróleo y el gas, descenso originado, a su vez, por la crisis petrolífera de los años 70, que provocó un frenesí de perforaciones y extracciones tan exacerbado que dio lugar ulteriormente a un superávit de veinte años de duración. Esta sobreabundancia, por su parte, permitió a los líderes mundiales olvidar que la globalización que ellos mismos estaban dirigiendo dependía exclusivamente de los combustibles fósiles no renovables, y de la frágil política de acuerdos en la que se basa su distribución. Entre la civilizada y libre población del mundo occidental, así como entre sus líderes, se extendió la absurda idea de que la crisis de los 70 no había sido más que una falsa alarma, y que el crudo existía ahora en grandes cantidades. Este malentendido surgió del hecho de que los pozos petrolíferos del Mar del Norte y el norte de Alaska habían salvado temporalmente la industria cuando iniciaron su andadura a principios de los 80. La aceptación pública de que iba a producirse una drástica reducción de las reservas de petróleo quedó, así, pospuesta. Mientras tanto, entre los economistas y los grandes estadistas, la globalización brillaba, rutilante, con el resplandor sexy de una tendencia intelectual. Les permitía creer que la creciente riqueza de los países desarrollados, así como la expansión de la actividad industrial por regiones anteriormente primitivas, se debía a la potencia de sus propias ideas y políticas en lugar de al bajo coste del combustible. El aparente éxito obtenido por Margaret Thatcher al darle un giro de 180º a la esclerótica economía inglesa fue un estímulo para esas políticas, que incluían fuertes dosis de privatización y desregularización. Suele pasarse por alto el hecho de que el logro de Thatcher coincidió con una fantástica nueva remesa de petróleo proveniente del Mar del Norte, gracias a la cual la vieja Britania pasó a ser energéticamente autosuficiente y se permitió crear una nueva red de exportación de combustible por primera vez desde el apogeo del carbón. La globalización infectó entonces a los Estados Unidos con la llegada a la escena política de Ronald Reagan, en 1981.
29/06/2007 17:50 Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario |
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