posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

El nuevo héroe del ecologismo mundial suena falso

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Ahora que va remitiendo poco a poco la fanfarria mediática en torno al flamante premio nobel de la paz (¿?) hay que empezar una critica serena.

Es de rigor en medio de tanta demagogia tanto pro como anti Gore.

Antes de empezar, habría que señalar que no estamos por la labor de unirnos a los cruzados de movidas facha-conspiranoicas que tienen en Gore la bestia negra del supuesto complot para convencernos de la “falacia” del cambio climático.

Está más que claro que el CO2 y otras sustancias industriales están alterando el clima a largo plazo, si bien no es posible hacer predicciones a modo de profecías científicas, como tan alegremente se suele hacer. Dejemos pues, a los políticamente incorrectos (¿?) con su defensa ultraconservadora del sistema, y pasemos a los eco-capitalistas como Gore, que señalan con pánico la amenaza ambiental en pro del mantenimiento del statu quo con algunos cambios.

Premio nobel de la paz, por un documental ecologista. Es chocante. Más lo es si analizamos el pacifismo del nuevo premio nobel, casi tan escandaloso como el del nefando Kissinger.

Recordemos algunos hechos de este nuevo premio nobel de la paz...

La administración Clinton-Gore bombardeó Yugoslavia, Albania, Sudán, Afganistán, Irak, Haití, Zaire, y Liberia, utilizó toda clase de municiones destructivas incluidos proyectiles que contenían uranio empobrecido, causando la muerte de decenas de miles de civiles y de paso provoco irreparables daños ambientales cuyos efectos perduraran cientos de años en sus tierras, aires, y aguas.

El honorable Nobel-comité debería saber muy bien, por otro lado, que el actual héroe del ecologismo cuando entre 1993 y 2000 era vicepresidente del país más contaminador del mundo, a la vez que se había hecho cargo de todos los asuntos ambientales, domésticos e internacionales de su país, se negó a firmar el Protocolo de Kyoto, acuerdo internacional para intentar reducir las principales emisiones de gases que causan el calentamiento del planeta.

En su documental, el ecocapitalista oculta la verdad cuando afirma que ’Somos todos responsables’. No dice que en realidad menos del 20 por ciento de la humanidad, bajo el mando, control o sueldos de las multinacionales, comete el 80 por ciento de las agresiones contra el medio ambiente, o que el consumo de energía de un ciudadano medio del mal llamado Primero Mundo es 70 veces más que uno en los países en desarrollo. Dentro de occidente, EE.UU. es el campeón del consumo de toda clase de materias primas, energía y bienes de consumo. Y rizando el rizo, dentro de la opulencia los opulentísimos dan lecciones al resto del mundo.
¡En la propia casa de Al Gore se consume 20 veces más energía que en la de una familia media norteamericana!.
 
Por otra parte, Gore es un exponente más del “altruismo rentable”.
Le han dado el Premio Nobel a un tipo que ha hecho un documental que se supone que nos conciencia de un gran problema que nos afecta a todos, pero que lo vende en lotes de treinta mil por 580.000 euros. Además es que, según la legislación imperante y los criterios decididos por el autor del vídeo y su productora asociada, el ciudadano que se baje ese documental mediante el emule  no sabemos si terminará concienciado del cambio climático, pero estará cometiendo un delito y condenado penalmente. Ni interés social del documento ni nada, la policía se llevará detenido a un inmigrante que se le ocurra vender copias piratas de La verdad incómoda en la Gran Vía madrileña. De forma que por hacer un documental y venderlo en remesas de 580.000 euros te dan un Premio Nobel, pero por difundirlo en la calle a dos euros te meten en la cárcel.

Han concedido el Premio Nobel de la Paz a una persona por hacer un reportaje de gran interés público pero que, por razones comerciales y empresariales, no puede estar disponible en Youtube, ni en otra web de acceso gratuito, ni compartir por las redes P2P, ni emitirse por las televisiones públicas, ni venderse copias caseras en la calle porque estaría violando las leyes del comercio, que, al parecer, están por encima del interés social de un documental que convirtió en Nobel a su autor.
Si tan acuciante es el problema eco-calíptico y tan perentoria su difusión, ¿a qué tantas trabas a su libre circulación? (pregunta retórica con respuesta obvia: el lucro debe continuar, aunque pintado de verde)
Finalmente, desde un punto de vista científico, el documental presenta unos cuantos hechos probados y otros probables, pero con una perentoriedad catastrofista que deja en serias las manipulaciones propagandísticas del ecologismo pseudoalternativo. Y todo ese cúmulo de medias verdades y exageraciones está al servicio de un mensaje sofistero (“el hombre es el culpable” pero ¿qué hombre?¿el pobre, el rico, el negro, el occidental?) y de unos fines bastante deleznables para cualquiera con un resto de conciencia y crítica social. Porque a fin de cuentas, la moto que vende Gore tras su apocalipsis hollywoodiense es que la solución viene de dentro del sistema capitalista e industrial, y por supuesto él es uno de los vendedores del producto “eco-rentable”...empezando por el propio márketing del pánico verde en forma de documental y acabando en quién sabe qué inversiones estratégicas en sectores “verdes” como podrían ser los “bio”combustibles, energías renovables y alguna que otra movida política en EE.UU. Tiempo al tiempo, ya se verá.
22/10/2007 19:18 Enlace permanente.

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