posindustrial

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El arsenal nuclear: pasado y presente del peligro atómico militar

20071207183907-nuke.jpgTras los numerosos tratados internacionales sobre la cuestión atómica que se han firmado a lo largo de las últimas décadas, se calcula que los arsenales se han reducido hasta las “solamente” 20.000 cabezas nucleares operativas y armadas en el mundo, pero en 1985 se llegaron a contabilizar hasta 65.000. El primero que se firmó fue el Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas (1963), por el que quedaban prohibidas las pruebas en la atmósfera, los océanos y el espacio exterior –aunque Francia e India, no firmantes, lo incumplieron en varias ocasiones.

 

El más importante y que atañe a un número mayor de naciones es el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (1968 y prorrogado indefinidamente en 1995). Está suscrito por 188 países, entre los que no está Israel. En su contenido está el eje de la discusión sobre el programa nuclear iraní. En él se establece que los países que no estuvieran en posesión del arma atómica en ese momento, renunciarían voluntariamente a conseguirla, pero con el derecho a desarrollar un programa nuclear con fines civiles. Por su parte, los poseedores de arsenales atómicos se comprometían a no colaborar con ningún Estado para la consecución de este arma y a facilitar ayuda y tecnología para el desarrollo de la investigación nuclear pacífica.

 

El Tratado de Prohibición Completa de Pruebas, suscrito en 1996, no ha entrado en vigor porque no ha sido ratificado por Estados Unidos, China o Rusia, mientras que Pakistán e India ni siquiera lo han firmado. Quizá el que haya arrojado los resultados más esperanzadores fue el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (1989), que sí supuso la eliminación de toda una categoría de esta clase de armas. Afectó principalmente a las que estaban instaladas en suelo europeo por parte de EEUU y la entonces Unión Soviética.

 

Otros constituyeron un rotundo fracaso, como los de Limitación de Armas Estratégicas (SALT) y los de Reducción de Armas Estratégicas (START I y START II), finalmente boicoteados por la administración Reagan para dar paso al famoso “paraguas nuclear”, conocido como “Guerra de las Galaxias”.

 

Pero el actual Gobierno estadounidense tampoco está dispuesto a dar garantías propias sobre la cuestión nuclear. En un documento secreto que se hizo público a finales de 2002, titulado “Nuclear Posture Review” (Revisión de la Postura Nuclear), establece la “necesidad” de Estados Unidos de disponer de armas nucleares susceptibles de ser utilizadas contra China, Rusia, Iraq, Corea del Norte, Irán, Libia y Siria. En 2004, el Congreso norteamericano aprobó un presupuesto de 6.500 millones de dólares destinado a programas nucleares militares. Esa cifra duplica la que se concedió para idéntica finalidad en 1995. De ellos, 15 millones de dólares tienen como misión financiar la investigación de un nuevo tipo de arma atómica de penetración en el subsuelo, denominado Robust Nuclear Earth Penetrator, que servirá para poder explosionar cargas de hasta cinco kilotones en objetivos subterráneos de otros países –la inteligencia estadounidense tiene señalados 1.400 de esos objetivos estratégicos en todo el mundo-. Todo ello, dentro del programa de desarrollo de las llamadas mininukes, mini bombas nucleares. Según Physicians for Social Responsability, organización internacional integrada por físicos e investigadores, una bomba de un kilotón que haga explosión a 15 metros de profundidad, destruiría todo en un kilómetro a la redonda y mataría directamente a todos los seres vivos de esa zona, y los supervivientes, si los hubiera, quedarían fatalmente irradiados.

 

La investigación sobre este tipo de armas entra en directa colisión con la letra y el espíritu del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Pero no sólo desde Washington se hace de este modo. También, el último documento sobre Estrategia Nacional establece una “Doctrina de Derecho Preferente” que permite el uso preventivo de armas atómicas, al estilo de lo anunciado recientemente por Jacques Chirac.

 

Otro factor importante a tener en cuenta lo constituye el arsenal nuclear israelí. Esta nación, que no ha suscrito el Tratado de No Proliferación, jamás ha recibido una inspección exterior internacional, ni tan siquiera por parte de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. Aunque nunca se ha reconocido públicamente, desde los años 60 desarrolló su propio programa nuclear militar, con la inestimable colaboración estadounidense y también francesa. Los servicios secretos norteamericanos establecen en unas 200 las cabezas atómicas que engrosan el arsenal israelí, aunque según otras fuentes, podrían llegar a las 400. Además, proporcionando un nuevo elemento de desestabilización en una zona ya sobrada de tensión, el candidato a primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha instado a realizar un raid aéreo -similar al que la aviación israelí llevó a cabo contra una central nuclear iraquí en 1982- contra las instalaciones nucleares iraníes, de modo absolutamente contrario al Derecho Internacional.

 

Mohamed ElBaradei, director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, y galardonado con el último premio nobel de la Paz, declaraba recientemente que el programa nuclear iraní está enfocado a fines pacíficos y civiles, tal y como declaran constantemente los portavoces de la administración de Teherán. La agencia que dirige ElBaradei plasmaba por escrito en 2004, que la decisión del Gobierno iraní de suspender temporalmente “las actividades relacionadas con el enriquecimiento y el reprocesamiento” del uranio era una “medida voluntaria para generar confianza, no una obligación legal”.

 

En todo caso es posible que el avance de las investigaciones persas pueda dotarles de la capacidad tecnológica para fabricar armas nucleares, como también están en condiciones técnicas de hacerlo otros países como Canadá, Australia, Alemania u Holanda, sólo por citar unos pocos que, efectivamente tendrían esa posibilidad si así lo decidieran, aunque, de ese modo, quedarían fuera del Tratado de No Proliferación.

 

Pero para la tensión generada en torno al caso iraní podría haber otras explicaciones. A criterio del especialista mexicano en asuntos internacionales Alfredo Jalife-Rahme, “el problema de Irán es que tiene mucho gas y eso lo convierte en un botín apetecible”. Según este analista, Teherán tiene la intención de “crear una bolsa petrolera para competir con el NYMEX de Nueva York y el IPE de Londres (los dos grandes mercados del crudo mundial). Una bolsa en Irán podría quitarle la tercera parte del mercado a la de Nueva York y al IPE de Londres. Una bolsa iraní podrí atraer transacciones de Rusia, India, China y Japón”.

 

También queda claro en el documento sobre Estrategia Nacional norteamericano que el uso “preventivo” de sus armas nucleares podría tener a Irán como destinatario, entre otras naciones. Para Augusto Zamora, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, “sería aventurero e irresponsable soslayar las legítimas preocupaciones de seguridad que asisten a Irán y Corea del Norte, dos países amenazados y que hacen frontera con otros dos grandes Estados nucleares, Rusia y China, con los que tienen relaciones privilegiadas y estratégicas. Irán es la esperanza energética de China y, con Corea del Norte una limes ante el militarismo rampante de Estados Unidos, ante el que ni Naciones Unidas ni la Unión europea pueden dar garantías fiables”. El profesor Zamora ve en este desarrollo de la capacidad atómica iraní un intento de poder oponer la suficiente disuasión a un eventual ataque norteamericano: “Estados Unidos tiene difícil atacar Corea del Norte, que suma a su poder nuclear la protección de China. Irán, en cambio, está menos seguro y no puede negársele su derecho inalienable a la defensa y conservación. Que la Casa Blanca respete a Irán depende, no de la UE ni de la ONU, sino de la propia capacidad de defensa iraní. Iraq fue agredido por no poseer armas. Cuanto más débil sea militarmente Irán, mayor será la tentación de atacarle. Irán y Estados Unidos lo saben. Lo sabemos todos”.

 

El arma nuclear, después de los tiempos de la Guerra Fría, vuelve a ser motivo de grave preocupación en todo el mundo. Pese a los esfuerzos por erradicar esta fuerza de destrucción masiva –con los arsenales actuales podría aniquilarse al planeta, varias veces-, ningún tratado internacional ha conseguido que los países que poseen este tipo de armas renuncien a ellas. De hecho, está demostrado que quienes aspiren a jugar un papel destacado en la escena internacional, deben poseerlas. Así, no es casual que las únicas cinco naciones que tienen “plaza en propiedad” y derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, son, precisamente, las cinco principales potencias nucleares del Globo: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. De ellas, dos (EEUU y Francia) han manifestado que se reservan su derecho a utilizarlas en determinadas circunstancias. La amenaza nuclear vuelve a ser real, pero no sólo por parte de Irán.

(continuará)

07/12/2007 18:39 Enlace permanente.

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Autor: tupolev 95

Ieeepa os linkeo esto del informe sobre Irán

http://www.bbc.co.uk/blogs/spanish/2007/12/el_informe_sobre_iran.html#commentsanchor

Fecha: 08/12/2007 16:19.



Autor: Gep

Gracias. Aún es pronto para saber si el informe manifiesta una voluntad tácita dentro de EE.UU. de no tener ganas de atacar Irán o es propaganda con vistas electorales. Dejamos la labor a los historiadores del futuro si los hay. No ponemos la mano en el fuego por ninguna opción preconcebida al respecto.

Fecha: 09/12/2007 17:10.


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