posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

¿Paranoia?

20080112002455-varia.jpg¿Somos un blog de paranoicos solamente por exponer temas desagradables pero verosímiles y “falsables” científicamente? ¿Está loco alguien que escribe sobre el hipotético derrumbe de occidente y no quien cree que esto va a durar siempre? ¿Es más racional creer la versión oficial del 11-S o la alabanza/crítica irracional a Al Gore? ¿Es más irracional atesorar latas de atún que endeudarse a 40 años por el mito del piso “en propiedad”? Respondiendo a los valientes anónimos fabricantes de etiquetas descalificadoras, colgamos estas reflexiones sobre el límite borroso entre paranoia y cordura. Ah, nada es blanco o negro, existe la escala de grises...

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“La paranoia es el desorden mental par excellence. Ningún otro síndrome ha evitado tan absolutamente ser reducido a la psicología, es decir, que no puede explicarse recurriendo a explicaciones orgánicas. La paranoia, que literalmente significa pensamiento «fuera de la mente» -pensamiento viciado o torcido-, en general se refiere al delirio de que a uno lo están observando, siguiendo, espiando y persiguiendo enemigos ocultos. Pero, en realidad, sus delirios pueden adoptar muchas otras formas, incluido el delirio de los celos (mi esposa manda señales a otros hombres a mis espaldas), delirios de referencia (determinadas cosas me ocurren por culpa de los demás) y delirios de grandeza (yo tengo una «vocación» especial, nací superior, soy divino, sobreviviré al desastre mundial que se avecina, etc.). En todos los demás aspectos, los paranoicos son normales; si sus delirios fueran ciertos, podrían pasar por ciudadanos corrientes.
La falsedad de una creencia falsa se puede demostrar. Es enmendable. Lo mismo ocurre con una alucinación, que, como desorden perceptivo, puede falsearse en relación con el mundo percibido. Pero un delirio es incorregible. No hay razón, persuasión ni pruebas sensoriales que valgan para convencer a los paranoicos de que están delirando. Al contrario, todo lo que ocurre parece respaldar el delirio. El que lo sufre está atrapado en una sola realidad, que impone su significado a todos los demás acontecimientos. En otras palabras, la paranoia es un desorden del significado y, como tal, remite en términos junguianos al arquetipo del significado, el sí-mismo. El paranoico es alguien que se ha visto superado por el sí-mismo y sus inquietudes sobre Dios, la unidad, el espíritu, la transcendencia y la grandeza cósmica. Todo lo que hay en el mundo está cargado de un significado sobrenatural para bien y para mal. Así pues, el mismo arquetipo cuyas manifestaciones están preñadas de revelaciones puede ser responsable también de los delirios.
Por este motivo, los delirios suelen ser de naturaleza religiosa. Nada es lo que parece. El paranoico siempre ve un orden oculto (y a menudo amenazador) detrás del mundo de los fenómenos. Los humanos devienen espíritus o incluso dioses que se ocultan tras máscaras que sólo él es capaz de penetrar. Y, al fin y al cabo, una experiencia similar puede asaltarle al mejor de nosotros: bajo el influjo del amor o del odio, ¿no vislumbramos también algunas veces los rasgos de lo amado o de lo odiado en el rostro o los ademanes de completos desconocidos? Sólo que el paranoico lleva esto al extremo: ve al mismo amigo o enemigo en todo el mundo. Poco a poco ve «a través» de todos hasta que todos se convierten en la misma persona. El mundo se vuelve cada vez más pobre hasta quedar sólo su enemigo.
Es su estrechez de miras, supongo, lo que nos permite detectar a un paranoico. Podríamos creerle si culpara a su vecino de cierta persecución en particular, pongamos. Pero cuando culpa al vecino de todo y de cosas extraordinarias, empezamos a darnos cuenta de que se trata de un delirio.
Por cierto, la manía de ver un significado oculto detrás de todo a menudo se manifiesta como una manía por las relaciones de causalidad, que finalmente se convierte en un fin en sí mismo. «Nada de lo que le ocurre es azar o coincidencia; siempre hay un motivo que puede encontrarse si se busca. Todo lo desconocido puede ser rastreado hasta algo conocido. Cada objeto extraño puede ser desenmascarado y revelar algo que uno ya posee.» (Así pues, podría ser que nuestra moderna preocupación por causas y efectos tuviera cierto toque paranoico. Realmente nos disgusta y desconfiamos de lo espontáneo, de lo no causal, de lo paralelo…; en resumen, de cualquier cosa que transgreda nuestras «leyes» y parezca libre e inconsciente, como los fenómenos paranormales.)
¿Qué diferencia hay, entonces, entre delirio y revelación, entre el paranoico y el líder religioso? Sentimos que debe haber alguna distinción en el contenido de un delirio si lo comparamos con una revelación. Pero en realidad la misma mezcla de material extraño, irracional, cosmogónico e incluso blasfemo aparece por igual en los textos de cuerdos y locos (sólo hay que fijarse en la Revelación de San Juan, el último libro del Nuevo Testamento). Los contenidos típicos alientan la misión y la profecía. El paranoico afirma a menudo tener conocimiento de algún plan secreto de Dios. Él ha sido elegido para difundir la palabra y se le han encomendado especialmente ciertos hechos secretos que se verificarán en el futuro… En particular, nos avisa de que el mundo se va a acabar.
La profecía, pues, no es exclusiva de los paranoicos…, a menos que digamos que todos los líderes y miembros de cultos (y, en efecto, de las religiones más importantes) son paranoicos. El delirio no puede distinguirse de la revelación en cuanto a sus contenidos se refiere. ¿Pueden diferenciarse mediante algún otro criterio? Bueno, se ha sugerido que se puede reconocer a los paranoicos porque sus ideas son dañinas y peligrosas o porque trascienden los límites de la aceptabilidad social. Pero ¿qué ideas religiosas no son potencialmente dañinas y peligrosas? ¿Y qué define la aceptabilidad social? Puede que las ideas paranoicas no sean aceptables de acuerdo con unas normas estándar, pero en cuanto las comparten algunas personas, como en los cultos que he mencionado, no pueden diagnosticarse clínicamente como paranoicas.
Existen incluso creencias que, aunque no se hayan sistematizado en una organización formal, muestran tendencias paranoicas. A menudo sostenidas ampliamente, son comparables a las creencias folclóricas. Por ejemplo, muchas personas (en su mayoría norteamericanas) creen que unos alienígenas benignos o «hermanos del espacio» nos vigilan como ángeles y guían nuestro desarrollo. Son como los «guías» del espiritismo, pero, en lugar de seres humanos muertos que están en un mundo más allá de la tumba, son alienígenas vivos que están más allá del sistema solar. Igualmente, muchos americanos creen en la versión contraria: una especie maligna de grises y pequeños alienígenas -nos los volveremos a encontrar más adelante- ha aterrizado en nuestro planeta y, después de establecer sus bases secretas, está abduciendo a seres humanos para experimentos genéticos o con fines alimentarios, con el propósito de fortalecer su propia raza. El gobierno lo sabe e intercambia tecnología avanzada con ellos.
Ésta es una variante reciente de la eterna creencia según la cual, de algún modo, «ellos» nos están observando, manipulando, amenazando…, ya se trate del Gobierno, la CIA, los alienígenas o incluso nuestros vecinos. Los «grises» que aparecen en nuestros dormitorios con malévolas intenciones han reemplazado a los «rojos debajo de la cama». Y la paranoia es recíproca: nosotros los tememos y ellos nos temen a nosotros. La mayor parte de las estructuras de poder son algo paranoicas. Temen y sospechan de todo aquello que quede fuera de su mando. Cuanto más ebrios de poder se vuelven, más recelan los líderes de cultos de la lealtad de sus discípulos. Los seguidores del cientificismo y del cristianismo fundamentalista denuncian por un igual, furibundos, el más leve fenómeno daimónico tachándolo de locura sin sentido y de obra de Satanás, respectivamente. Se sienten amenazados. En la cima de su poder, la Iglesia Católica detectó temibles alienígenas entre los suyos: las brujas, indistinguibles de los humanos excepto por «marcas» ocultas, a las que había que descubrir y destruir.
(Realidad daimónica, Patrick Harpur; pag 156 ss)
12/01/2008 00:25 Enlace permanente.

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Autor: Taren

Lo que me faltaba. Gracias a vosotros ahora ya puedo auto-diagnosticarme como paranoico.

Bromas aparte llevo un tiempo angustiado por si todas estas cosas en las que creemos los visitantes de este blog son "alucinaciones" de un pequeño grupo de visionarios y chalados.

¿Como se puede creer en un proximo fin de nuestra era (yo en vez de "industrial" la considero "del consumismo") cuando ayer mismo tuve que desistir de hacer una compra por la cantidad masiva de "CONSUMIDORES" que abarrotabamos "el templo" (Centro Comercial) de mi ciudad?.

¿Y si nos estamos equivocando...?

Fecha: 13/01/2008 16:24.



Autor: tupolev95

si es que aquí estamos todos paranoicos de psiquiatra.
Una persona mentalmente sana va al templo de la ciudad a comprar sin preocuparse del endeudamiento ni de la burbuja financiera. A empepitarse carajo!
No será que la gente normal también vive en un delirio mucho peor que el de esos piraos del internet?

Fecha: 14/01/2008 09:41.



Autor: GEP

La gracia de la paranoia es que quien la padece no se da cuenta de que la tiene, o sea Taren, no estás paranoico si te lo planteas. Tampoco lo está el "ruso" si así lo afirma.
Una cosa es tener ideas que chocan con la mayoría acomodaticia y otra muy distinta tener un monotema cerrado. Si no vivis las 24 horas del día pensando en LLE y este blog (quienes escriben esto no estamos en esa situación) entonces de paranoia nada.

Fecha: 14/01/2008 17:08.


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