posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

La revancha de Malthus

20080202004643-co2.jpgLos ecólogos, atentos a la dinámica de los ecosistemas, consideran las interacciones entre especies, las cadenas tróficas y, en general, las condiciones en que cada población de seres vivos se desenvuelve y tiene limitada su existencia. El mantenimiento de las características de un ecosistema en equilibrio requiere de unas variables más o menos estables, a su vez, para mantener una relación más o menos estable de las especies, basado por lo demás en relaciones de competencia y cooperación, vida y muerte. En el caso de que en un territorio se den circunstancias que provoquen la disminución de recursos – por ejemplo, disminución de la disponibilidad de agua por una situación de sequía más o menos habitual -, existe una adaptación y regulación de la “capacidad de carga” de población en el territorio, en forma de mortandad o migraciones por parte de los seres vivos dependientes de un estado determinado de recursos hídricos. Las poblaciones se regulan continuamente entre sí, y se adaptan sin solución de continuidad a la variabilidad propia de todo entorno vivo, de acuerdo con las estaciones, los periodos climáticos, la interacción con otros ecosistemas, etc.

 

Los humanos somos una especie más en el ecosistema – mundo que la globalización antropomórfica ha creado, siendo nuestras relaciones económicas y sociales una extensión de esa dinámica descrita. También existe en cada uno de sus espacios una capacidad de carga límite y, además, existen movimientos de población en forma de nacimientos y mortandades, que regulan la presencia humana en los ámbitos adaptados para la vida del homo sapiens.

 

Como los demás seres, aunque en una proporción fabulosamente superior, precisamos (los seres de las sociedades ricas) de ciertos requerimientos (materiales) – alimentos, agua, aire, etc. – para mantenernos vivos y, en su ausencia, pereceríamos, amen del ciclo vital natural. La cantidad de población que habita un territorio, en última instancia, estará determinada por la ccesibilidad o disponibilidad de esos recursos elementales. Evidentemente, competimos por ellos, en una escala hoy mundial.

 

También, como los otros seres vivos, cada uno en su ecosistema, necesitamos de energía para “movilizar” los nutrientes que nos permiten mantener la vida. La definición de un ecosistema – o sociedad, añadimos - viene dada aquí por la usada por los ecólogos en sus estudios, que hablan de “una porción de la naturaleza o de la ecosfera, limitada conceptualmente por un borde, frontera o interfase a través del cual pasan continuamente y en ambas direcciones energía y sustancias químicas”. Nuestra frontera, como especie, es la de la Tierra misma Una de las tareas del “hombre moderno” ha sido la de esquivar, por diferentes motivos, los debates de la capacidad de carga de ese ecosistema - mundo, usando argumentos que van desde lo económico, o lo tecnológico a lo moral (la moral propia del hombre moderno). Y, en parte, ha podido hacerlo durante las seis últimas generaciones que han presenciado el nacimiento y culmen de la revolución industrial y tecnológica. Sabemos que Malthus, en su Ensayo sobre la población, planteó la cruda cuestión de que la población no puede crecer indefinidamente en un entorno finito, algo obvio: “la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre”.

 

Malthus no se equivocó en su análisis, sino que no previó la tecnología moderna ni el enorme insumo energético que la población del mundo iba a recibir en la era de los combustibles fósiles, cuyos albores vivió. Precisamente, la multiplicación de la energía primaria por habitante ha sido de tal magnitud en el periodo histórico 1850 – 2006, que ha permitido la transformación por parte de una especie – la humana – de un territorio – entero –para la movilización de sus materiales – nutrientes – en aras de incrementar la capacidad de carga del territorio donde vive9. Sin ese influjo, no hubiera sido posible el incremento de la capacidad de carga de la Tierra, como de hecho no lo fue en los cientos de miles de años anteriores de existencia del hombre, durante los cuales su presencia en el territorio se veía limitada por su propia (a los efectos de la visión del hombre moderno) capacidad física –energía endosomática humana – y ésta, a su vez, condicionada por la cantidad de alimentos y recursos limitados que podía obtener de su ecosistema local. Así, sabemos de la existencia de una cierta estabilidad poblacional en la historia del homo sapiens en la Tierra, hasta el descubrimiento del fuego y, posteriormente, tras el último fin del periodo de glaciación, con el advenimiento de la hoy esencial agricultura. Esos episodios supusieron hitos en la conquista del hombre de nuevos espacios antes no habitables, la ingesta de animales antes no digeribles, y la defensa ante otros mamíferos y condiciones de vida que condicionaban su expansión.

(continuará)

02/02/2008 00:46 Enlace permanente.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.




Temas



Archivos

Enlaces

Nuke-nuclear

Peakoil-Cénit del petróleo

Ecocidio-CO2 y contaminación ambiental

Preparación y protección

Varios

Tensión internacional

| Blog ciudadano realizado con Blogia 2.0 | Suscríbete: RSS | Administrar