posindustrial

El final de una época y el inicio de otra. ¿Está usted preparado?

La revancha de Malthus

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Las demás especies que nos acompañan en la biosfera tienen una limitada capacidad de análisis ante fenómenos adversos (así como limitados medios de defensa ante la “sexta gran extinción” que la multiplicación humana les está causando). Probablemente nosotros, en el ámbito de la acción, colectivamente también tengamos ese “déficit”, actuando como especie social que somos. Pero, al menos, tenemos la capacidad de racionalizar las consecuencias de nuestros actos en una escala de abstracción y consciencia que nos diferencia de otros. Los otros seres, como comunidad, tienen aprehendidos mecanismos de supervivencia colectivos – donde el individuo es sacrificado en beneficio del mantenimiento de la población -, y han desarrollado respuestas programadas ante fenómenos más o menos previsibles: cambios de temperatura, ataques de otras especies, etc. Nosotros también, pero hemos hecho (en el entorno de alto consumo energético) de la defensa de la vida humana – individuo a individuo – un santo y seña ideológico de nuestra civilización moderna, y preferimos evitar pensar que nuestro concepto de individuo contemporáneo está forjado en la era de la gran disponibilidad de recursos, exclusiva de un espacio y tiempo muy concreto de nuestra presencia sobre la faz de la Tierra, e irrepetible tanto por el declive de los recursos ya existentes como de la energía para procesarlos.

 

El debate principal de estos nuevos tiempos será, ya no energético o político, sino poblacional, y la forma en que la especie afronte la competencia creciente por los recursos en declive.

 

Esquivar el debate no será posible, aunque difícilmente veremos explicitar los términos de la cuestión en la forma dicha, y hacerlo así traerá peores consecuencias que las que se quieren evitar: básicamente, ahondaremos previsiblemente en la inercia de nuestro actual modus vivendi, que acelera el agotamiento y empeora las condiciones en que la población de cualquier zona habitada del Mundo afrontará este periodo de ajuste.

 

Al margen de consideraciones abstrusas, que simplemente desechen abordar siquiera la cuestión poblacional, surgen la cuestión de si realmente “nuestra generación” afrontará problemas como los que amenazadamente describen algunos apocalípticos que advierten, para incomodidad colectiva del hombre contemporáneo, que rehúsa hablar de los límites y del ajuste y declive natural que corresponde a una situación de sobrepasamiento de nuestra capacidad de carga. La pregunta surge por parte del hombre actual, separado de la consideración esencial de su continuidad como especie como elemento básico para nuestra presencia en la Tierra: el hombre moderno quiere saber si él se salvará, no si se salvarán las próximas generaciones, y prefiere evitar la básica cuestión. Precisamente esa cuestión – la enorme apatía en el empeño humano por defender su especie más allá de las poblaciones concretas – se encuentra en el origen del debate: la escala de la población humana actual parece paralizar los procesos “globalizadores solidarios”, a favor de la competencia y guerra por los recursos. Nada extraño, se dirá, que las poblaciones combatan entre sí por los recursos, como siempre ha ocurrido, se añadirá, y quedaría zanjado el debate. Pero, al tiempo que resulta “humano” pensar en clave de la presencia de nuestra generación – o las próximas durante el siglo XXI – como realmente las últimas que merecen gozar de los bienes de la Tierra, o que lo “humano” es concebir la permanente lucha entre poblaciones o facciones de la especie como vía de resolución de los conflictos, también resulta quizás más genuinamente humano aventurar propuestas, de la dimensión que se considere, para poder afrontar el debate de la escasez y su relación con la población, de manera abierta, y procurando trascender – probablemente recuperando esquemas mentales del hombre premoderno, anónimo y prefaústico - de nuestra singular presencia en estas décadas iniciales del Siglo XXI, para poner algunas bases que permitan hablar, al menos, de “disminuir la velocidad del impacto con los límites”, activando los “frenos de emergencia” y, sobre todo, ofrecer la información para la preparación moral y material de los seres de la era hiperindustrial, para sobrellevar mejor escenarios inevitables de cambio, declive y ajuste vital. Bien es cierto que estas reflexiones, a su vez, pueden nacer del idealismo que preña nuestras concepciones vitales: surgió el idealismo colectivo moderno occidental, precisamente, de la posibilidad de abstraerse de los límites, y todo ello gracias, por un lado, a la disponibilidad de energía suficiente para que sectores crecientes de la población pudieran dedicar tiempo a algo más que la supervivencia; y, por otro lado, es deudor ese idealismo del imaginario dominio de los designios y pretendida “planificación” del conjunto de la sociedad que tiene el hombre tecnológico, fruto de la euforia energética de los hidrocarburos.

(continuará)

04/02/2008 17:05 Enlace permanente.

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Autor: tupolev 95

http://losmonegrosnosevenden.blogspot.com/

no se si tiene que ver con el post pero quizass os guste

Fecha: 06/02/2008 13:38.



Autor: GEP

Bueno: por supuesto que nos gusta, sólo nos faltaría en Aragón un engendro así funcionando "a tope" en las primeras fases de LLE (rayos, si lo van a acabar ¿? en 2020 y pico casi estaríamos hablando de LLE en plenitud). Hemso ojeado la página del blog y está muy bien; lástima que no hablen para nada del cénit, poco del cambio climático y tan apenas del burbujazo financiero.

Fecha: 07/02/2008 22:41.


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