Paseo y otras cosas

Hace una mañana malísima; mucho viento. Prácticamente no hay paseantes en todo el recorrido. Los árboles jóvenes, estilizados, todavía sin ramas pronunciadas, se bambolean, juegan a irse hacia los lados. Los grandes, esos que tienen ya ramas viejas,  secas, desgastadas por el paso  de los años, pero con sus raíces bien ancladas en el suelo, van dejando caer de vez en cuando alguno de los palos más debilitados, a modo de purga, para aligerar peso. Es la naturaleza con sus procesos de supervivencia. Los romeros, los tomillos,  van dejando a nuestro paso ese aroma suyo tan característico, que, hoy, enseguida se desvanece por la velocidad del viento. Las florecillas, recién nacidas a la vida, sienten ganas de volver a su refugio natural, la tierra. La arena de los caminos y de los campos, levantada por el vendaval, nos azota el rostro; se  oye su silbido. Hoy; el paseo se hace desagradable, pero a veces hacer cosas que no gustan tanto o que suponen un cierto esfuerzo puede ser conveniente. Me pongo los cascos para oír la radio y voy cambiando de emisoras. Todas dicen lo mismo, la crisis, Grecia, España, y la reunión Zapatero Rajoy de mañana. Nada de positivo. Para cambiar, pienso en la mente, sobre lo que dicen algunos estudiosos de la misma en cuanto  a la distorsión entre como somos, o más bien como percibimos ciertas cosas,  y como creemos que somos o las percibimos. Sigo pensando; si lo que percibimos nosotros mismos no es realmente lo que creemos que percibimos, vamos a imaginarnos como percibimos a los demás, con nuestros prejuicios, prevaloraciones, fotos fijas, antecedentes que pesan en nuestro subconsciente. Eso de la mente es tan complicado que el pensar en ella te cansa más que el paseo por duro que éste sea. El paseo se acaba, el viento sigue, la vida continúa.

Martes, 04 de Mayo de 2010 22:04 #.

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