Sonrisa de niño
Va a cumplir un año. No para. Sus manos van a todos los tiradores de los cajones. Tira, abre, mira lo que hay dentro y lo coge para sacarlo, sea lo que sea. De vez en cuando se pilla los dedos y te mira. Hace amagos de llorar, pero sigue.
También se pone enfrente del equipo de música. Se sujeta en la estantería y mueves sus pies, como bailando. Lo hizo una vez; le resultó agradable y lo repite. Busca el mando para darle volumen.
Otras veces gatea y de vez en cuando se pone de pie y busca tu mano para seguir practicando el andar; está a punto de conseguir pasar de gatear, de ver las cosas a ras del suelo a observarlas desde arriba, con esa sensación de superioridad que da el mirar de arriba abajo.
Está sentado en su coche, preparado para que le den la comida; se va enfadando y chilla. Con un par de nueces en sus manos todo cambia; primero sonríe, pero luego se ríe a carcajadas y nos contagia a todos los ue estamos con él. ¿Hay algo más hermoso que la alegría, la risa de un niño? Ceo que no, pero sobre todo para el abuelo.
