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Resumen

05/11/2011

Margin call

Se hace dificil emplear las palabras adecuadas para definir lo que hace la empresa financiera, sus traders y sus dirigentes en la película Margin Call.

El engaño, la ambición, la avaricia y la especulación, pero a lo bestia; la frialdad de los que toman decisiones sabiendo que van a  causar la ruina de los demás.

Todo ello causa escalofrios, no por la película en sí,  más bien porque es lo que ha sucedido, está sucendiendo y probablemente seguira sucediendo en el mundo de las finanzas.

El vendedor sin escrupulos, dispuesto a todo, que sabe que su producto no vale nada, que va a suponer la ruina de miles de ciudadanos, pero que a él le va a suponer una altisima retribución.

La contradicción en los sentimientos de la persona que se presta a dar la orden de que aquello se haga, sabiendo que causa la desgracia de muchos, y el llanto por su perra que se ha muerto.

El consumismo desmedido del trader que  se hace rico y despilfarra sus bonus en lujos y veleidades.

La frialdad del presidente tomando las decisiones finales, sustituyendo a unos y a otros, despidiendo a chivos expiatorios,  arruinando a todos

El ascenso al ejecutivo junior que dio la voz de alarma del problema, pero que se doblega y se convierte en un tiburón más.

Lo peor es que, probablemente, todo eso que la pelicula cuenta es lo que realmente está pasando. Si no lo hace uno, el otro lo hará.

Hace tres años, cuando se despertó la crisis, alguien dijo que había que refundar el capitalismo. Parece que si eso sigue así, no es el camino.

 

05/11/2011 20:57 #. Tema: Cine Hay 1 comentario.

11/11/2011

Moncayo en noviembre

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Creía que llegaba tarde, pero no; aún es tiempo. Todavía hay otoño en el Moncayo.

“Quisiera que tú me entendieses a mi sin palabras (...)”, así comienza un bello poema de José Hierro. En este caso, quisiera que tú entendieses mis palabras. Quisiera transmitirte mi percepción, mi impresión,  pero me temo que no podré. No encuentro ni la expresión, ni la palabra adecuada. Lo que escriba solo servirá para mí, para evocar cada una de las imágenes que se me han quedado grabadas.

El otoño, sigue estando  pletórico. El agua caída estos días y los algarazos de hoy, han dejado la naturaleza en su máximo esplendor.

Huele a tierra, a hongos, a vegetación, a humedad; hay algunos frutos en los arbustos; las hojas caídas han formado un manto por el que se circula en  suave mullido; se oyen los pequeños regazos de agua, no solo repuestos de la ultima sequia,  sino crecidos; se ven los arboles con ese cromatismo tan variopinto en lo que podríamos llamar la estación de los colores. ¿Cómo expresar todo ello?

He sacado unas cuantas fotos, y aunque éstas se asemejan más a la realidad que mis descripciones, todavía no llegan a reflejar lo existente.

Arriba, a partir de cuándo termina el bosque, hay manchas de nieve y  las nubes juguetean; van, vienen, suben y  bajan, como si fueran niños correteando a su aire y sin programa.

Un poco más abajo, los arboles más viejos están ya  desnudos, aunque alguno quedaba con hojas, en tonos marrones cálidos, similares a los de los robles.

En la Fuente de los Frailes, rincones, sendas, caminos  y  veredas, presentan  una gran belleza. Hay entornos que embelesan, que cautivan, que no te cansas de admirarlos.

Hacia Agramonte se encuentran hayas con hojas verdes, como si estuvieran naciendo en vez de muriendo.

En el Hayedo de Peña Roya, la euforia del agua deslizándose es todavía más murmullo. Sus dos arroyos complementan sus sonidos y elaboran una especie de sinfonía acompasada.

Se levanta un poco el viento y las hojas, todavía sujetas en las ramas, en  debilidad manifiesta, caen, yendo a parar a la gran alfombra, entre parda y roja, que se ha convertido el suelo del Moncayo.

La Fuente de la Haya presenta una muy vistosa riqueza de tonos, amarillos y naranjas.

Hay un momento del paisaje en el que se juntan los pobladores vegetales más importantes de la zona. El pino, manteniendo su frescura, su verde oscuro, pletórico de hojas, como desafiando a los otros. El roble, con esos tonos pardos tan apagados, a medio desnudar, como pidiendo perdón y las hayas, luciendo en las hojas que aún mantiene, su multicolor tono, antes de que el viento y  el agua  terminen de trasladarlas a su lugar definitivo.

Todos los arboles, en su desnudez externa, iniciarán de nuevo el proceso que les permitirá volver a empezar el ciclo de la naturaleza.

Fui a echar mano de las gafas y no estaban en el bolsillo. Hacía ya un rato que no las había usado.

Dude, entre buscarlas o no buscarlas. Había recorrido un amplio tramo en varias direcciones. Todo estaba lleno de hojas. Era muy difícil, buscar una aguja en un pajar.

Me acordé de mi madre y de su San Antonio. Pensé en ello y me puse a buscarlas. Primero, por los sitios que creía podían estar y... nada. Dude entre seguir o dejarlo. Volví a recordar a San Antonio. Al poco, haciendo el camino de vuelta, allí estaban en el centro de la vereda, en un espacio lleno de hojas. Pensé en mi madre y en San Antonio.

11/11/2011 18:19 #. Tema: pequeños relatos Hay 1 comentario.
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