Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2013.

Resumen

03/02/2013

28 años de lucha (Reconocimiento al esfuerzo y a su pilar)

Primavera del  85; una arboleda frondosa; un  riachuelo de  aguas claras; la naturaleza en todo su esplendor; es domingo. Familias paseando, niños correteando y disfrutando del  entorno. Un sonido gutural fuerte, muy fuerte: el último grito. Era consciente de que no habría ninguno más así. Poco tiempo después vino el  silencio.

No se conformó con aquella manera de expresarse y buscó alternativas. Dentro de lo que había, las encontró.  Mejoró;  sintió algo de alivio. Quiso divulgarlo, darlo a conocer, que también  otros progresaran.

Aquello le produjo hostilidades con el “estatus”, con la oficialidad. No tuvo reparos en enfrentarse. Le surgieron antipatías y contratiempos. En ese tema era el más débil. De alguna manera tuvo un poco que “desaparecer”, disimular su figura.

Nunca dejó de vivir, ni de relacionarse, ni de  representar, esas,  sus “provocaciones”; divertidas para algunos, y algo menos, para otros. Así más de veinte años.

Al cabo de ese periodo le surgieron otras dificultades y las superó;  se mantuvo bien un par de temporadas. Tuvo algo de miedo en aquellos momentos, incluso parece que  lo escribió; se lo guardó y no lo manifestó.

Aquello se complicó; comenzó otro proceso. Unos días muy duros, otros ásperos, y algunos, los menos, un poco más ligeros. Episodios intermedios de todo tipo,  mucho sustos. Aprovechaba las jornadas menos malas para seguir haciendo las cosas habituales, disfrutar de la vida, de su familia, de sus viajes, de su conducción, de sus amigos,  de sus veraneos en la playa…  De vez en cuando, más complicaciones, más sobresaltos, más  tratamientos complementarios.

El expediente iba acumulando hojas, episodios, situaciones, tratamientos, sufrimiento. Los médicos, un poco asombrados. Incluso, y con cierto desparpajo, les preguntaba algo sobre sus expresiones de incertidumbre.

Había algo más,  que sucedía también: lo que no se ve, lo que se siente, lo que no se comprende desde fuera, lo que produce desajustes, desequilibrios, lo que le alejó de algunos de los suyos, lo que  le rompía  quizás todavía más.

Tenía un apoyo: la discreción, la prudencia,  la  fortaleza, el silencio cuando correspondía, el ánimo cuando hacía falta. Su comprensión,  su agenda, su altavoz, su reivindicación, su apoyo, su sonrisa. Sin ella, no es entendible lo demás.

Comienza el itinerario hacia el invierno, hacia el frío; la luz escasea un poco más cada día; la noche es más larga. Todo empieza a complicarse algo más, aunque, a veces,  parece que se endereza. Más tarde, en lo más simple, un trastazo y  otra recuperación;  casi seguido, nueva rotura  y consiguiente intervención. Todavía falta alguna reparación más. Está en lista de espera.

Finales de enero; sus fuerzas, su capacidad de lucha, su empeño se debilitan  y decae. Llegan todos los suyos.  Lo sigue intentando, pero  no ve horizonte; hay niebla,  se atisba la noche. Hace un último amago pero no puede más; franquea el umbral. Llega a la calma; al silencio, al espíritu libre, al encuentro con los que le precedieron,  a la eternidad, a la Nueva Vida. Ahora, descansa en Paz.

03/02/2013 23:16 #. Tema: Sociedad No hay comentarios. Comentar.

04/02/2013

El hombre del candil

Me asomo a la ventana. Los árboles se bambolean, están agitados. La larga rama de uno de ellos se inclina peligrosamente hacia la calzada. Tiene en la punta un amasijo de pequeños palos y otros materiales; es un nido de cotorra o como se llamen esos pájaros que nos han invadido. Se puede desgajar y hacer daño a alguien.

Enseguida la luz inunda la habitación; el sol, entre filas de ligeras nubes longitudinales, se levanta y lo llena todo. Amanece más temprano. No parece que pase lo mismo en la sociedad en la que vivimos, en la que cada día hay más nieblas, más oscuridad.

Alguien, en la Grecia clásica, creo que se llamaba Diógenes, salía metido en un barril y con un candil a buscar  hombres justos. Propongo volver a hacer lo mismo. Seguro que los hay, pero no están visibles, no hacen ruido, están agazapados, silenciosos. Es difícil localizarlos.

Aunque nunca nos hemos pasado de “buenos”, hubo épocas que hacer las cosas bien era casi la norma. Trabajar, realizarlo bien, pagar los impuestos, cumplir cívicamente, respetar a los demás. No robar, no matar (eran  los dos mandamientos civiles clásicos que se invocaban). Hoy, tiene peor pinta,  aparenta más difícil, sobre todo eso de no robar, eso de no pagar los impuestos. Parece que hay una competición de ver quien roba más, quien evade más. Al que más lo sea, se le rinde pleitesía, se le considera el más listo. ¿Cómo darle la vuelta a esa cultura, a esa manera de pensar?

El tiempo avanza hacia la primavera. Los árboles, los más tempranos, empiezan a despuntar. El hombre del farol sigue buscando algunos hombres justos. ¿Los encontrará? ¿Se malograran en el camino? ¿Nos ayudarán a desarrollar esa regeneración tan necesaria?

04/02/2013 20:24 #. Tema: Interrogantes No hay comentarios. Comentar.

24/02/2013

Día ventoso

Hace un día invernal; frío, desapacible, ventoso, casi como corresponde a la época. Puede ser un buen día para recuperar, ponerse al día, reflexionar, dejar circular la imaginación por donde quiera fluir; incluso puede ser bueno hasta para sentir algo de aburrimiento.

Desde la ventana, veo los árboles agitarse de una manera brusca; oigo el sonido del aire cuando pasa entre las rendijas. No pasa gente; las calles están desiertas.

La  imaginación me conduce a los que no tienen que salir a la calle, porque ya están en ella; la calle es suya. Hoy no es el mejor día para ellos.

Pienso en la infinidad de espacios vacios, desaprovechados, sin servicio, que podrían ser utilizados para dar un digno cobijo a los más necesitados.

Pienso en lo mal que lo estamos haciendo; me entran congojas y me acelero; quiero pensar en todo a la vez y se me agolpan todos los temas que hay,  que deberían resolverse.

¿No estaban ayer los mismos temas?  Sí, pero ayer, estaba  ocupado y la ocupación te orienta hacia la tarea y la tarea exige también atención.

¿Pensamos los que tenemos faena en los que no la tienen? ¿Pensamos los que tenemos casa en los que no la tienen? ¿Pensamos, quizás, que deben ser otros los que tienen que solucionar los temas? ¿No somos capaces de pensar  que también nosotros debemos poner a contribución una parte de esfuerzo?

¿Por qué siempre derivamos los pensamientos de soluciones  hacia los demás? ¿Por qué creemos que los corruptos, los malos, los sinvergüenzas son los otros?

 ¿No son también nuestras pequeñas acciones negativas, nuestros engaños domésticos, nuestros pequeños fraudes, al IVA, al seguro, a la empleada de hogar, a la seguridad social, al escaso salario que pagamos, al poco trabajo que realizamos, al absentismo injustificado,...,  parte de esa cultura que se está imponiendo en la sociedad? Lo nuestro, lo doméstico lo vemos casi como un signo de listeza; lo otro, quizás por su dimensión, un robo.

No cabe duda que no es igual lo nuestro que lo de ellos, pero todo contribuye. No sería descabellado pensar en que todos necesitamos un cierto renacimiento.

Vuelvo a mirar por la ventana y sigo sin ver gente en la calle. El tiempo  va transcurriendo,  y los árboles mantienen esas discontinuas oscilaciones que la fuerza del viento les provoca.

La reflexión ha ido surgiendo y, a veces, esa libertad que supone no ponerle freno te conduce a donde menos esperaba que fuese.

24/02/2013 21:09 #. Tema: Sociedad No hay comentarios. Comentar.
| Blog ciudadano realizado con Blogia 2.0 | Suscríbete: RSS | Administrar