La plaza y el quiosco

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Es la plaza en la que estaba el Quiosco donde tocaba la Banda de Música y donde los chicos nos subíamos a jugar, a correr, y a bajarnos por las barandillas. Es la plaza en la que había un paseo en todo su alrededor, que nos servía para dar vueltas y más vueltas. Es la plaza en la que había un espacio de tierra y canto rodado entre el Palacio y la zona adoquinada, zona en la que jugábamos al “gua y a la serpiente” con las canicas o bolas; donde lanzábamos lo más lejos posible la pita, golpeándola con el marro. Es la Plaza, en la que la Iglesia de San Miguel tenía cinco balcones, dirección al Sureste,uno al Noreste y otro al Suroeste.

Es la plaza en la que todavía estaba el edificio que albergaba los Juzgados y en la parte de abajo algún calabozo, calabozo que nunca llegué a ver, y en la que la fachada del  Ayuntamiento era la que duró hasta los años 80, fachada que tenía un estilo clásico y que le daba cierta prestancia al entorno. Era la Plaza en que los soportales del ayuntamiento llegaban hasta la pared que limitaba con San Miguel, soportales en cuyo espacio, en el invierno, los mozos organizaban baile; alquilaban una orquesta y luego iban pasando la bandeja a las parejas. Recuerdo al que tocaba la trompeta, que decían era bueno, sobre todo en los solos de los pasodobles.

Soportales, en los que en el duro invierno nos protegían de las inclemencias del tiempo y jugábamos a la piola y a los cartones.

Soportales, que eran el acceso a la Biblioteca Municipal, que estaba instalada en el primer piso del edificio del ayuntamiento.

En la foto se ven varios bancos de piedra, bancos dobles con una separación central que permitía hubiese varias personas dándose la espalda.

Se ve una señal cerca de la puerta principal de Palacio, que indicaba el lugar donde estaba instalada la centralita telefónica pública y en la que había un par de locutorios.

Se puede ver una pared de piedra entre Palacio y San Miguel, muralla, donde jugábamos también a la pelota.

En el edificio del ayuntamiento había un balcón alargado, que comprendía toda la fachada, desde el cual ocho o diez personas tiraban cohetes el día de la bajada de Jesús, alguno en dirección al Mercantil, lugar en el que había otros “lanzadores” de cohetes. Los pequeños acercábamos cohetes a los lanzadores y de vez en cuando separábamos alguna cabeza de su varilla y la guardábamos en el pantalón para explotarla después en el río.

No hago referencia al Palacio, porque era un lugar inexpugnable para los críos; no sabíamos lo que había dentro, no entrabamos nunca. Los habitantes eran todos mayores y la puerta central estaba siempre cerrada. Cuando ya fuimos algo más mayores, pudimos acceder a una parte del mismo, donde vivía una persona que tenía una mesa de ping pony alguna vez jugamos con él.

Hay tres personas sentadas en suelo, en el lado Este del Quiosco; están bastante abrigados. Debe ser a primera hora de la mañana y en invierno, porque la sombra del Quiosco se proyecta hacia el Oeste, Quiosco que desapareció y del que no tengo ninguna referencia más.

Una foto, que en principio es el reflejo de algo en un instante, en un momento dado, es algo más, mucho más  si uno alarga su pensamiento a todo lo que ha vivido a su alrededor; evoca recuerdos, nostalgias, tiempos pretéritos, una niñez, una adolescencia, una juventud, parte de una vida, sobre todo de ese trozo de vida hasta los 10, 12 años, que las preocupaciones eran ir a la Escuela, jugar con los amigos y elucubrar sobre los misterios del subsuelo de la plaza, de esos túneles que podían llegar hasta el Castillo de Moñux.

Domingo, 14 de Junio de 2015 08:53 #.

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