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14/06/2015

La plaza y el quiosco

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Es la plaza en la que estaba el Quiosco donde tocaba la Banda de Música y donde los chicos nos subíamos a jugar, a correr, y a bajarnos por las barandillas. Es la plaza en la que había un paseo en todo su alrededor, que nos servía para dar vueltas y más vueltas. Es la plaza en la que había un espacio de tierra y canto rodado entre el Palacio y la zona adoquinada, zona en la que jugábamos al “gua y a la serpiente” con las canicas o bolas; donde lanzábamos lo más lejos posible la pita, golpeándola con el marro. Es la Plaza, en la que la Iglesia de San Miguel tenía cinco balcones, dirección al Sureste,uno al Noreste y otro al Suroeste.

Es la plaza en la que todavía estaba el edificio que albergaba los Juzgados y en la parte de abajo algún calabozo, calabozo que nunca llegué a ver, y en la que la fachada del  Ayuntamiento era la que duró hasta los años 80, fachada que tenía un estilo clásico y que le daba cierta prestancia al entorno. Era la Plaza en que los soportales del ayuntamiento llegaban hasta la pared que limitaba con San Miguel, soportales en cuyo espacio, en el invierno, los mozos organizaban baile; alquilaban una orquesta y luego iban pasando la bandeja a las parejas. Recuerdo al que tocaba la trompeta, que decían era bueno, sobre todo en los solos de los pasodobles.

Soportales, en los que en el duro invierno nos protegían de las inclemencias del tiempo y jugábamos a la piola y a los cartones.

Soportales, que eran el acceso a la Biblioteca Municipal, que estaba instalada en el primer piso del edificio del ayuntamiento.

En la foto se ven varios bancos de piedra, bancos dobles con una separación central que permitía hubiese varias personas dándose la espalda.

Se ve una señal cerca de la puerta principal de Palacio, que indicaba el lugar donde estaba instalada la centralita telefónica pública y en la que había un par de locutorios.

Se puede ver una pared de piedra entre Palacio y San Miguel, muralla, donde jugábamos también a la pelota.

En el edificio del ayuntamiento había un balcón alargado, que comprendía toda la fachada, desde el cual ocho o diez personas tiraban cohetes el día de la bajada de Jesús, alguno en dirección al Mercantil, lugar en el que había otros “lanzadores” de cohetes. Los pequeños acercábamos cohetes a los lanzadores y de vez en cuando separábamos alguna cabeza de su varilla y la guardábamos en el pantalón para explotarla después en el río.

No hago referencia al Palacio, porque era un lugar inexpugnable para los críos; no sabíamos lo que había dentro, no entrabamos nunca. Los habitantes eran todos mayores y la puerta central estaba siempre cerrada. Cuando ya fuimos algo más mayores, pudimos acceder a una parte del mismo, donde vivía una persona que tenía una mesa de ping pony alguna vez jugamos con él.

Hay tres personas sentadas en suelo, en el lado Este del Quiosco; están bastante abrigados. Debe ser a primera hora de la mañana y en invierno, porque la sombra del Quiosco se proyecta hacia el Oeste, Quiosco que desapareció y del que no tengo ninguna referencia más.

Una foto, que en principio es el reflejo de algo en un instante, en un momento dado, es algo más, mucho más  si uno alarga su pensamiento a todo lo que ha vivido a su alrededor; evoca recuerdos, nostalgias, tiempos pretéritos, una niñez, una adolescencia, una juventud, parte de una vida, sobre todo de ese trozo de vida hasta los 10, 12 años, que las preocupaciones eran ir a la Escuela, jugar con los amigos y elucubrar sobre los misterios del subsuelo de la plaza, de esos túneles que podían llegar hasta el Castillo de Moñux.

14/06/2015 08:53 #. Tema: pequeños relatos No hay comentarios. Comentar.

18/05/2012

Un día en la naturaleza

En el viaje, desde la distancia, la parte alta de la sierra no da señales de vida. Hay niebla y no se distingue. Poco a poco, según las nubes se disipan y nos vamos acercando, va apareciendo con toda su grandeza. En el camino, dos o tres minutos de radio solamente; si la mantienes y te dejas influir te amargan el día. Comentamos aspectos generales que supusieron revoluciones anteriores. Los ratones pasamos, como dice esa fabula que circula por ahí, de ser gobernados por gatos blancos a ser gobernados por gatos negros y, un poco más tarde,  de gatos negros a gatos blancos, pero nunca tenemos gobernantes ratones, ya que al ratón que sale un poco especial, los mismos ratones (es decir nosotros mismos) le cortamos la cabeza.

Dejo el coche en la Fuente de los Frailes y me voy andando por el camino que sale a la izquierda. Los pájaros, se comunican, trinan, están alegres. Todos los arboles en esta zona tienen ya sus ramas cubiertas por esas hojas nuevas, con esos tonos verdes tan lozanos, como un glauco vapor según diría Machado, con ese aspecto de estrenarse a la vida. En la parte superior todavía me encuentro con alguna especie que le están saliendo los brotes. Amarillos intensos, a nivel de suelo, se encuentran en algunos espacios donde no hay árboles.

A media hora del inicio me encuentro con un cruce, del que parten dos caminos, uno al este a la izquierda,  y otro al suroeste. Por no saber a dónde conducen, me vuelvo por el que había subido.

Al regresar a donde había dejado el coche oigo gente. Eran cuatro personas, parecían jubilados; estaban almorzando.  Cerca de allí estaban cuatro motos potentes, de esas de 1000 c/c. He supuesto que eran de ellos, cosa que he confirmado minutos más tarde, cuando, en la parte de abajo, los he visto pasar, disfrutando de una marcha tranquila. ¡Jubilados moteros, en un día estupendo, en la montaña, con sus máquinas potentes! ¿Hay quién dé más?

He recordado estos mismos parajes en otros momentos y me ha parecido interesante, cuando vuelva a casa, comparar las fotos realizadas en cada una de las estaciones.

La desnudez, la dureza, el tono gris del invierno, el tiempo del duro trabajo de la semilla en la oscuridad debajo de la tierra. El resurgir a la vida, con esa alegría desbordante de nuevos y alegres colores, en la primavera. El desarrollo,  y también la exaltación de la fuerza, en el verano, que me recuerdan a esas etapas de la adolescencia, en la que creces, te desarrollas y  te socarras. La madurez del otoño, con la riqueza cromática de lo que cada uno ha ido acumulando a lo largo de la vida, en espera de la  última etapa.

¿También las personas cambiamos tanto en cada una de las estaciones de nuestra vida?

La montaña, el paseo por estos andurriales, es adecuado para ir solo, para contemplar, pararse, marcar el ritmo, organizarse los descansos, los cansancios, los silencios. Oír los trinos con sus cientos de variedades, el sonido de  las hojas al son el viento, nuevas en las ramas y secas en el suelo, el regazo de agua que discurre, cayendo unas veces en altura y otras, en un suave discurrir, chocando con las piedras acumuladas en su pequeño cauce, los pájaros carpinteros preparando  el nuevo hábitat para sus crías.

Hoy, en el Moncayo, hay pocos visitantes. En un momento del relato, recuerdo que es San Pascual, la fiesta del Zarrón, ese personaje relacionado con el mundo pastoril y las tradiciones de la zona, surgido en   esas épocas que el sector ganadero  era fuerte en la sociedad,  y cuyo folclore se mantiene gracias al tesón de los más fieles “zarrones”.

El día se ha ido despejando poco a poco, la temperatura y el ambiente son propicios para andar y disfrutar de la naturaleza. Feliz día a todos.

18/05/2012 23:22 #. Tema: pequeños relatos No hay comentarios. Comentar.

29/03/2012

Etapa de transición en la naturaleza

La naturaleza siempre está ahí; en todo momento distinta. Hoy toca  etapa de transición. Abajo, en el valle,  cuando inicio la subida, hay almendros en flor; las abejas están de compras, aprovisionando alimento; van de flor en flor; liban su néctar; lo almacenan en sus patitas traseras y lo llevan a la colmena, donde fabricarán blanca cera y dulce miel. Otra parte del polen, el que se ha adherido a su cuerpo, lo dejará en otra planta, produciendo la polinización.

Voy subiendo. Las hayas y los arbustos duermen todavía; los pinos sueñan. Hay silencio, mejorado en algunos momentos por algún trino de pájaro, y estropeado por el estruendo de un avión.

La tierra está seca, todavía no revive; los jabalíes han dejado su huella; está movido el entorno; algún hilillo de agua se descuelga de unas peñas.

En la parte más alta de la sierra todavía hay nieve; su capa parece un mosaico de blancos y grises.

No hay ni nuevas hojas ni zarzales florecidos ni violetas perfumadas, pero pronto las habrá. Como decía D. Antonio. “La primavera ha venido; nadie sabe como ha sido”

Desde los picos, en medio de las tierras grises, se ven algunas arboledas verdeando y algunos estanques con agua azulada.

En lo que llamamos la civilización, el asfalto, la ciudad, unos hombres intentan trabajar y otros se lo impiden. Le llaman Huelga General. Los que no trabajan dicen que es un aviso para que todo mejore. Que cosas más raras decimos los humanos, a veces.

En el reino animal, a los zánganos, a los que no quieren trabajar, les aplican sus leyes. Parece que sobran; les expulsan.

29/03/2012 19:45 #. Tema: pequeños relatos Hay 1 comentario.

28/02/2012

Moñux.

Es un día de febrero; hace buena temperatura. La tierra está seca,  se levanta polvo al pisarla. Un tractor está laborando,desterronando,o algo así. Castilla es ancha, muy ancha. En medio del paraje emerge un torreón en ruinas, como una atalaya. Data del siglo XII. En aquellos tiempos,  por allí estaba La Raya entre Aragón y Castilla. Los reyes respectivos se lo disputaban todo. Uno de esos reyes era Pedro el Cruel.

Esa tierra, en algún momento  un poco más remoto, fue un espacio habitado por pelendones y arévacos; en otra época, territorio de repoblación. Desde el torreón- Castillo le llamábamos los chicos cuando lo veíamos desde Almazán-  se ven  campos de labor, pequeños cerros y,  allá en la lejanía donde todavía llega la vista,  las sierras de la Ibérica: Urbión y Cebollera por el Norte y el Moncayo por el Este. En el sur, todavía se llega a divisar, la Sierra de Ayllón.

El pueblo, o lo que queda de él, en la ladera del montículo donde se posa el torreón;  montículo que protege de los vientos del Norte  a los pocos que allí habitan. Entre el torreón y el pueblo, la Iglesia y el cementerio adosado a la misma

 Los campos son tierra, huelen a tierra, tienen color de tierra; algunos en tonos grises, otro un poco más rojizos. La semilla está dentro, en la oscuridad, en el silencio, en lo templado  del interior; laborando y esperando el momento oportuno, la primavera, para salir a la superficie y presentarnos sus frutos.

 Los arboles, los pocos árboles de aquellos parajes, pelados, tristes,  están mimetizados en su color con el paisaje y casi se distinguen. En la desnudez del entorno, los pequeños matojos, los cardos secos arremolinados en alguna suave  ondulación que hace de refugio, esconden las entradas a los cados y madrigueras  de las liebres, sus habitantes  naturales. Las perdices están un poco más arriba, en los cerros más altos y alejados.

Hoy, en el entorno que nos movemos,  no vemos fuentes, ni humedad, ni incluso esas pequeñas arboledas que nos podían hacer vislumbrar algún manantial o curso de arroyuelo.

Echamos un último vistazo; la base de la torre está socavada. Cantos rodados sueltos,  y otros, algo  unidos todavía con una especie de argamasa natural, que aparenta piedra por la patina del tiempo, pero a punto de resquebrajarse por el paso inexorable de los años. La historia lo recogerá y  se podrá saber lo que fue (todavía lo es), pero  mucho nos tememos que Moñux dejará de ser aquello que  nos  evocaba a los que un día fuimos niños y vivíamos en Almazán, en cuanto a misterios, leyendas, sueños y elucubraciones, reconquista, pasadizos y subterráneos entre la Plaza y el Castillo.

 Esta tarde, todavía nos queda el sol. He seguido  su itinerario; he mirado a la lejanía, hacia donde discurre el Duero y he visto que poco a poco se escondía;  su tono, rojo vivo, rojo sangre, teñía todo a su alrededor. Un rayo de luz, que aparentemente procedía del exterior de la tierra, como si la tocara tangencialmente, subía hacia el firmamento, traspasando las nubes que le salían al paso e impregnándolas de unos tonos maravillosos.

 Aunque el torreón desparezca,  desde el cerro siempre nos quedarán los amaneceres y atardeceres. La naturaleza, en estado puro.

28/02/2012 17:37 #. Tema: pequeños relatos No hay comentarios. Comentar.

11/11/2011

Moncayo en noviembre

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Creía que llegaba tarde, pero no; aún es tiempo. Todavía hay otoño en el Moncayo.

“Quisiera que tú me entendieses a mi sin palabras (...)”, así comienza un bello poema de José Hierro. En este caso, quisiera que tú entendieses mis palabras. Quisiera transmitirte mi percepción, mi impresión,  pero me temo que no podré. No encuentro ni la expresión, ni la palabra adecuada. Lo que escriba solo servirá para mí, para evocar cada una de las imágenes que se me han quedado grabadas.

El otoño, sigue estando  pletórico. El agua caída estos días y los algarazos de hoy, han dejado la naturaleza en su máximo esplendor.

Huele a tierra, a hongos, a vegetación, a humedad; hay algunos frutos en los arbustos; las hojas caídas han formado un manto por el que se circula en  suave mullido; se oyen los pequeños regazos de agua, no solo repuestos de la ultima sequia,  sino crecidos; se ven los arboles con ese cromatismo tan variopinto en lo que podríamos llamar la estación de los colores. ¿Cómo expresar todo ello?

He sacado unas cuantas fotos, y aunque éstas se asemejan más a la realidad que mis descripciones, todavía no llegan a reflejar lo existente.

Arriba, a partir de cuándo termina el bosque, hay manchas de nieve y  las nubes juguetean; van, vienen, suben y  bajan, como si fueran niños correteando a su aire y sin programa.

Un poco más abajo, los arboles más viejos están ya  desnudos, aunque alguno quedaba con hojas, en tonos marrones cálidos, similares a los de los robles.

En la Fuente de los Frailes, rincones, sendas, caminos  y  veredas, presentan  una gran belleza. Hay entornos que embelesan, que cautivan, que no te cansas de admirarlos.

Hacia Agramonte se encuentran hayas con hojas verdes, como si estuvieran naciendo en vez de muriendo.

En el Hayedo de Peña Roya, la euforia del agua deslizándose es todavía más murmullo. Sus dos arroyos complementan sus sonidos y elaboran una especie de sinfonía acompasada.

Se levanta un poco el viento y las hojas, todavía sujetas en las ramas, en  debilidad manifiesta, caen, yendo a parar a la gran alfombra, entre parda y roja, que se ha convertido el suelo del Moncayo.

La Fuente de la Haya presenta una muy vistosa riqueza de tonos, amarillos y naranjas.

Hay un momento del paisaje en el que se juntan los pobladores vegetales más importantes de la zona. El pino, manteniendo su frescura, su verde oscuro, pletórico de hojas, como desafiando a los otros. El roble, con esos tonos pardos tan apagados, a medio desnudar, como pidiendo perdón y las hayas, luciendo en las hojas que aún mantiene, su multicolor tono, antes de que el viento y  el agua  terminen de trasladarlas a su lugar definitivo.

Todos los arboles, en su desnudez externa, iniciarán de nuevo el proceso que les permitirá volver a empezar el ciclo de la naturaleza.

Fui a echar mano de las gafas y no estaban en el bolsillo. Hacía ya un rato que no las había usado.

Dude, entre buscarlas o no buscarlas. Había recorrido un amplio tramo en varias direcciones. Todo estaba lleno de hojas. Era muy difícil, buscar una aguja en un pajar.

Me acordé de mi madre y de su San Antonio. Pensé en ello y me puse a buscarlas. Primero, por los sitios que creía podían estar y... nada. Dude entre seguir o dejarlo. Volví a recordar a San Antonio. Al poco, haciendo el camino de vuelta, allí estaban en el centro de la vereda, en un espacio lleno de hojas. Pensé en mi madre y en San Antonio.

11/11/2011 18:19 #. Tema: pequeños relatos Hay 1 comentario.

28/02/2011

Estepas

El día amanece un poco primaveral. Hacía tiempo que no pasaba por esos lugares. Nada más dejar la carretera de Castellón y abandonar el curso del Ebro,  el paisaje cambia radicalmente; nos introducimos en una  zona  de tonos grises, cerros y cabezos,  de aspecto árido,  casi de ambiente hostil, de poco o nada arbolado, enseguida estamos en la estepa propiamente dicha. El viento racheado, aunque no frío, movía las pocas plantas por allí existentes.  Enseguida, todo está muy cerca, atravesamos una zona de olivos, algunos de ellos jóvenes, pero la mayoría, con muchos años en sus troncos. Estamos ya en Belchite. Nos damos un paseo por lo poco que queda  en pie del pueblo viejo, símbolo, en lo físico, de  la destrucción que supone una guerra. Si eso  lo trasladamos al plano humano, social, nos imaginamos los daños que ha tenido que producir, que después de 70 años todavía duran. Lo que queda del pueblo viejo de Belchite está ya en  una situación irrecuperable y el paseo por dentro del pueblo  constituye un serio peligro.

Continuamos viaje hasta Almonacid de la Cuba, para ver lo queda de la presa que hicieron los romanos hace 2000 años,  y que sirvió para “poner en valor”, como dicen ahora los políticos, un sistema de regadío  en el campo de Belchite. Según dice el cartel, hubo un tiempo en desuso, con la decadencia de los romanos,  y fue puesta de nuevo en funcionamiento por los árabes hacia el siglo VIII. El río es el Aguasvivas, según hemos podido leer.

Al entrar al pueblo, nos ha impresionado el  número tan extraordinario de buitres que había sobrevolando el paraje y todavía nos ha impresionado más la posición de espera, al acecho, de 4 de ellos,  en las cercanías de una granja, en posición   inminente de actuar.

Hemos seguido, por caminos rurales hasta Fuendetodos.  Pasadas los olivares y los campos de vides, vuelven (más bien no se habían ido), las estepas, los secarrales, los barbechos, las pequeñas sierras (grises alcores  y lomas plateadas, les hubiera llamado Machado), salteadas por aromáticas, tomillos y romeros, estos ya con sus tonos azulados, como brotando ya las primeras flores de la primavera.  Impresiona la dureza del paisaje, curtida por las acciones de erosión del viento y de la lluvia a través de miles de años

En Fuendetodos recorremos el museo del grabado y la casa donde nació Goya. Nos queda la duda de si los múltiples grabados que vemos de Goya en unos y otros Museos se van pasando de un sitio a otro,  o si  algunos, o todos,  son copias de los originales.

28/02/2011 00:29 #. Tema: pequeños relatos No hay comentarios. Comentar.

07/04/2010

Crónicas atrasadas (Jueves Santo)

La mañana, cuando amanece, se presenta serena. No hace viento; hay nubes a media altura y otras más bajas que se levantan. A través de éstas, se filtra algún rayo de sol en esos primeros inicios de su andadura emergiendo tras la sierra.

Hoy se habla de procesiones en toda la geografía española, de los miles de cofrades que desfilarán, del arte que supieron reflejar los imagineros en los pasos procesionales, cada uno en su estilo, de Gregorio Fernández a Salcillo…

Hoy se habla de los testimonios de las miles de personas que, cada uno a su  manera, se autoflagelan, se provocan sufrimientos físicos. Hoy se habla de la intensidad con la que se viven estos días por una multitud de devotos.

Cada pueblo, cada ciudad tiene su desfile procesional; cada pueblo, cada ciudad tiene sus visitantes, sus seguidores, sus espectadores; unos por curiosidad, otros para pasar el tiempo y otros, también, por devoción.

Estos días, con las contradicciones consiguientes, se vive un sentimiento colectivo muy especial. Hay una planificación, una organización de muchos meses atrás, hay un reparto de funciones y tareas muy minucioso; hay colaboración intergeneracional; niños, jóvenes, adultos, abuelos, tres generaciones, hombres, mujeres,  todos colaborando al margen de sus ideas políticas, muchas horas de dedicación, de entrenamiento, de quitar horas al tiempo libre, a las vacaciones, a los descansos. Hay transmisión de historia, de vivencias, de tradiciones. Algunas cofradías tienen su origen hacia 1.600.Hay sacrificios económicos y físicos, orden, trabajo, disciplina, pasión, sentimiento.

¿Por qué se hace? ¿Qué papel tiene Jesús, su Vida, su Pasión, su Muerte en todo ello? ¿Vivimos, viven todas esas gentes la profundidad, el sentido último de la pasión de Jesús, de la entrega a los demás para su salvación, por un mundo mejor?

¿Qué queda del ejemplo de la vida de Jesús, del Amor, de su predicación, de la solidaridad, de la atención a los más débiles?

¿Hay, quizás, otros motivos para vivir estas tradiciones de la manera con que se viven?

¿Alguien se imagina que estos eventos fueran impulsados, planificados por una organización empresarial turística dirigida a obtener beneficios? ¿Cuánto costaría en dinero el esfuerzo de cada uno de los participantes y el valor de las obras de arte exhibidas? ¿A cuánto tendrían que vender las entradas para poder obtener beneficios?

Estas organizaciones ciudadanas, cofradías, hermandades, etc., en las que conviven personas de cualquier pensamiento político, de cualquier tendencia, deberían ser diseccionadas para extraer de ellas los elementos positivos que pudieran ser utilizadas en la sociedad para mejora de los comportamientos colectivos, para la consecución de objetivos comunes.

¿Qué tienen en común el sacrificio, la entrega, la dedicación de cada una de estas personas? ¿Quizás el sentimiento y la pasión, aunque ese sentimiento y esa pasión sean en cada uno diferentes?

 

07/04/2010 23:21 #. Tema: pequeños relatos No hay comentarios. Comentar.

06/04/2010

Noche de luna y viento

La luna, al llegar la oscuridad de la noche, cuando alcé la mirada, estaba sola en el firmamento, disfrutando de su máxima redondez, aquella que le transmite el padre sol una vez cada veintiocho días.

Un rato más tarde, cuando volví a mirarla, las nubes iban pasando a gran velocidad, tapándola  y destapándola,  como jugando al escondite. La borrasca, procedente de Galicia  se desplazaba por Castilla y, como casi siempre, debilitándose  cuando llegue al Moncayo.

Las persianas son golpeadas por el viento; los árboles se bambolean, hay un ruido característico al chocar con el viento esos artilugios que se ponen en las chimeneas, ese viento que  provoca, también, el silbido distintivo de una  vulgarmente llamada  noche de perros. 

Mañana pinta igual, según los técnicos del tiempo, así que será un día poco propicio para pasear, para hacer excursiones, incluso para hacer faenas en los jardines, en los garajes, para las procesiones….

En el exterior cada vez se  oye más ruido, y no parece solo el viento; me asomo y los cristales de la habitación están mojados. Está lloviendo y fuerte. La borrasca descarga por donde pasa. La luna no se ve. El fondo del espacio es negro, muy negro.

06/04/2010 20:12 #. Tema: pequeños relatos No hay comentarios. Comentar.
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