Historia. Los Sitios De Zaragoza.

1808-2008
1809-2009
1810-2010
1811-2011
1814-2014


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Lo importante no es vencer o ser vencido, sino el espíritu con el que luchas.
Ser invencible está en uno mismo. Lo más importante es la Fe en el triunfo y no la magnitud del problema.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2010.

Resumen

10/03/2010

D. Jose Palafox Melzi

 




Hijo de Juan Felipe de Rebolledo de Palafox, III marqués de Lazán y de Paula Melzi de Eril, de origen flamenco y Dama de la princesa María Luisa con la que llegaría a Zaragoza un día del año 1759, formando parte del séquito que acompañaba al rey Carlos III y que por razones de enfermedad de la reina doña María Amalia de Sajonia se pararía en Zaragoza durante algo más de un mes. Ese tiempo sirvió para que la joven Paula conociese al hombre con el que se había concertado matrimonio y que no era otro que el hijo del entonces marqués de Lazán, don Juan Felipe. Con él contrajo matrimonio en 1768, a pesar de los treinta y seis años de diferencia, los marqueses tendrían cuatro hijos, entre ellos el luego general defensor de la ciudad de Zaragoza, nacido el 28 de octubre de 1775.

Cuando el 31 de mayo de 1792 hace su presentación en el cuartel de los Reales Guardias de Corps, ya sus dos hermanos formaban parte de este Cuerpo. El siguiente 17 de julio por Real Cédula sería nombrado Guardia de Corps.

El 18 de septiembre de 1794 fue nombrado Cadete supernumerario, tomando en propiedad el cargo, el 25 de septiembre de 1798 y en este Cuerpo permanecerá prestando "… servicios de su clase…" hasta el 5 de junio de 1808, entretenido además en escribir poemas y frecuentando los salones de la Corte madrileña, esperará su siguiente promoción al grado de Alférez, equivalente a Brigadier de Caballería. A mediados de 1807 es promovido al de Segundo Teniente.

Después de la caída del favorito Godoy, José Palafox que llevaba ya muchos años de relación con el canónigo Escoiquiz y con el heredero Don Fernando, se hallaba en el Real Sitio de Aranjuez durante el tumulto por lo que se presentó a su jefe el marqués de Castelar y se puso a disposición de los partidarios del Príncipe Fernando. Al llegar el momento de proceder al traslado de Godoy, el encargado de hacerlo es el exento Palafox, que se pone al mando de dos partidas del Batallón Primero de Voluntarios de Aragón y algunos de los levantiscos milicianos que le habían custodiado.

Habiéndoles salido al paso a la altura de Valdemoro un enviado de Murat, que les comunica que si prosiguen en su intento de llevarle preso a Madrid, ellos no lo van a permitir. Tras aquella conversación modifica su trayecto y se dirige a Pinto, donde alojan al prisionero en espera de otras instrucciones. Desde allí lo conducirá hasta Villaviciosa de Odón. Ordenada la entrega de Godoy, Palafox parte como emisario cerca del rey Fernando en Bayona.

El día 5 de mayo de 1808 llegan a Irún las trágicas noticias de los sucesos del anterior día 2 en Madrid. Ante ello se toman disposiciones en cuanto al infante don Antonio y el encargado de ello es Palafox, que apenas puede huir hacia Zaragoza cuando pretendían aprehenderlo los espías franceses en Irún.

Por los montes navarros logra atravesar impune hasta alcanzar la ansiada Zaragoza donde se presenta al capitán general de Aragón, don Jorge Juan de Guillelmi y Andrada, aunque no obtiene el apoyo que solicitaba y en los días sucesivos observa una extraña conducta en Guillelmi, al que supone en comunicación con Murat, por lo cual se dirige a las inmediaciones de la capital, al pueblo de La Alfranca, donde queda en espera de la llegada de Butrón, otro de los enviados a Bayona.

Ordenado por Murat que todos los pertenecientes a las Guardias de Corps se presentasen en sus destinos, ya que en caso negativo se les perseguiría por desertores, Guillelmi le ordena hasta dos veces se presente en el palacio de la Capitanía que regenta. Palafox no obedece la orden y por el contrario acelera las comunicaciones con la incipiente Junta de Defensa aragonesa. En la tarde del día 24, Zaragoza se alza en rebeldía contra Napoleón y sus tropas en España.

En la noche del 25, un grupo de paisanos armados se aproxima al escondite de Palafox y Butrón, que ya ha llegado. Ambos se intranquilizan puesto que creen que viene a detenerlos por orden de Guillelmi. No era así, sino todo lo contrario, le llevan hasta el palacio de las Lunas y allí le asoman al balcón donde pronuncia el famoso ¡Viva Fernando VII!, grito que es ampliado por el pueblo concentrado al pie del edificio.

El 26 de mayo es nombrado Capitán General de Aragón, después de que el Acuerdo se hubiese reunido y tras haber sido rechazado el general Mori por considerársele extranjero, éste mismo le hace entrega del bastón de mando. Palafox lo rechaza, diciendo que solo admite tal nombramiento de parte del Rey. Aclamado por todos, finalmente acepta el nombramiento.

El 31 de mayo publica el manifiesto en el que declara la guerra a Napoleón y lo distribuye por toda la geografía española. Se inicia el alistamiento de voluntarios y la adaptación de aquellos bisoños soldados. En sucesivos días van llegando sus hermanos, Francisco desde Bayona y el marqués de Lazán evadido de Madrid.

En los días siguientes van sucediéndose las escaramuzas mediante las cuales se intuye que los franceses van asentando el cerco de la que muy pronto será sacrificada capital aragonesa. Las de Alagón, la Puerta del Carmen o la del Portillo, acciones donde los improvisados soldados llevan el caos y la muerte a los cuadros franceses. Entre ellas y las tapias de Santa Inés quedarán más de 700 franceses muertos. ¡Es el bautismo de sangre de aquellos valientes aragoneses!.

Incansable, Palafox vuela a Épila, Ricla, Calatayud, y retorna a Zaragoza.

El día 15 de junio comienza el primer sitio a la ciudad, las escaramuzas y ataques se suceden, hasta que en la noche del 1 al 2 de julio, los franceses desde las baterías de la Bernadona y Torrero inician el bombardeo masivo de la capital aragonesa, mientras cinco columnas se ramifican hacia las puertas del Carmen, Portillo, Santa Engracia, convento de San José y la Puerta Quemada. Cuando apenas alboreaba el día las columnas están desplegadas ante los lugares sobre los que intentarán el asalto masivo.

La noticia del derrumbamiento de Bailén, motivó que Lefebvre-Desnouettes diese orden de levantar el asedio y dirigirse en auxilio del rey José, situado en las inmediaciones de Burgos. Entre el 9 y el 11 de septiembre quedaron libres de enemigos los campos que rodeaban la ciudad, después de sesenta y un días de asedio.

Vuelven a presentarse los franceses ante las murallas de Zaragoza, el 30 de noviembre. Ataca Lefebvre por el lado del Arrabal, mientras Moncey lo hace por Torrero. Tras este fugaz ataque se repliegan los galos hacia Valdespartera y Zuera, donde se organizan y en los días sucesivos son constantes las ofensivas que lanzan, hasta que el 21 de diciembre inician formalmente el que será segundo Sitio de Zaragoza.

El 27 de enero de 1809 lanzan un nuevo ataque mediante tres columnas, Palafox en estos momentos cruciales se siente muy enfermo, víctima, una más de la epidemia que asolaba a los defensores y habitantes de Zaragoza. Apenas manteniéndose en pie decide el 19 escribir una carta al general Lannes, haciéndole hincapié en las condiciones de capitulación ofrecidas el anterior 26 de enero, a las que él había añadido la cláusula mediante la cual pretendía que las tropas defensoras pudiesen incorporarse a otros Cuerpos españoles y que saliesen portadores de carros cubiertos.

Lannes al recibir la misiva, se enfurece, un general español sin oportunidad alguna de salir victorioso del cerco al que esta sometido, se atreve a imponerle condiciones en la rendición. El General francés le escribe a Palafox, diciéndole entre otras cosas:

"Acabo de recibir vuestra carta en este momento. Me han exasperado sobremanera las proposiciones que me hacéis… Ya no hay ejércitos en España, todo está destruido…".

El siguiente 23 capituló la ciudad. El 24 Lannes hizo entrada en Zaragoza, a pesar de lo acordado, los franceses cometieron muchos asesinatos entre ellos el del canónigo Santiago Sas y el Padre Boggiero. El día 25 se le administra la Extremaunción, sin embargo el 28 había salido de peligro y sobre las siete de la mañana, en coche escoltado por cuarenta Dragones fue llevado ante Lannes, partiendo luego por el Canal hacia Tudela. Desde esta ciudad, en silla de posta y escoltado por un escuadrón de Caballería, por Pamplona en dirección a Bayona y de allí al castillo parisino de Vincennes. En el castillo-prisión estaría incomunicado desde el 1 de abril de 1809 hasta el 17 de diciembre de 1813 en que se le permitió salir y dirigirse a Valençay para que se presentase ante Fernando VII. El viaje lo hizo escoltado por un Oficial de Dragones, bajo el nombre de M. Tayssier.

Después de recibir las instrucciones que le da el Rey, Palafox sale hacia Perpignan y desde allí llega a Gerona, donde Suchet tenia su Cuartel general. Tras escucharle, Suchet le facilita una escolta de 50 dragones y se dirigen a Vich, a donde llega el 11 de enero de 1814 y no rinde viaje hasta el siguiente día 27 en que llega a Madrid. Rápidamente recibido por la Regencia, descansará unos días hasta que nuevamente sale hacia la frontera gerundense para recibir al rey en su regreso a España, cosa que logra en Reus. Antes sin embargo la Regencia le entrega el despacho de Capitán General de los Reales Ejércitos, con fecha del 9 de marzo de 1809.

Fernando VII aprovechará para no seguir las instrucciones de la Regencia y por ello accede a desviarse del itinerario trazado e ir a la heroica Zaragoza, de la mano de Palafox, a quien refrenda el nombramiento. El 11 de abril pudo ser el día en que comenzó el calvario de Palafox. Fernando VII acostumbraba a separar drásticamente a cuantos le habían servido fielmente. Palafox mantenido en el séquito real, pero sin función alguna hasta llegar a Madrid el 13 de mayo y salvándose de verse incluido en las negras listas de represaliados por el Deseado y siendo nombrado Capitán general de Aragón.

Cesa Palafox en el mando el 26 de agosto de 1815 y le sustituye su hermano el marqués de Lazán, pasando él a la Junta de Fortificación y más tarde a la Cámara de Guerra.

Era tal su devoción por el Trono, que aun en el año 1822, en ocasión de los sucesos del 1º de julio, Palafox se presentó en Madrid con objeto de frenar la insurrección y defender al Rey. En 1836 le nombraron Director General del Cuerpo y Cuartel de Inválidos, Inspector de Milicias provinciales y Comandante General de la Guardia Real provincial, cargos en los que cesaría en el año 1838. Como premio a su comportamiento vendría el nombramiento de Capitán de Alabarderos. Alcanzando en 1841 el de Comandante General de la Guardia Real exterior de todas las Armas. El decreto de 5 de agosto de 1843 le nombraba Comandante general del Cuerpo de Reales Alabarderos, cesando en el mismo por otro Real decreto de 23 de octubre de 1844. En 1846 es nombrado nuevamente Jefe de Inválidos hasta el momento de su fallecimiento.

Era Caballero Gran Cruz de Carlos III, y de las Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo, de la Inclita y Sagrada de San Juan de Jerusalén y de la de Lis de la Vendée, Comendador de Montachuelos en la de Calatrava. Regidor perpetuo de Madrid y de Zaragoza. Académico de Honor de la Real Academia de San Luis y de la de Valencia. Doctor en Jurisprudencia en la Universidad de Huesca. Benemérito de la Patria en grado heroico y eminente por los dos Sitios de Zaragoza. Ministro Nato de la Cámara de Guerra.

El 15 de febrero de 1847, a las ocho y media de la mañana, fallecía víctima de una apoplejía.

10/03/2010 22:49. Autor: Palafox. #. Tema: zaragoza No hay comentarios. Comentar.

¿Qué hacían los franceses el 15 de febrero de 1809?


“En los días 13, 14, 15, 16 y 17, en el ataque de la derecha, fue atravesado de nuevo el Coso por nuestros
minadores para situar dos hornillos bajo la Universidad. Se suspendió el empleo de éstos hasta la ejecución del
ataque del Arrabal, con objeto de ocupar al enemigo, al mismo tiempo, en las dos márgenes.
La última casa de la manzana, cerca de la puerta del Sol, que ocupaban los españoles con la mayor resolución,
para sostener la batería que tenían en el Coso, fue atacada multitud de veces sin éxito; esta casa estaba rodeada
de los escombros que habían causado las voladuras y los incendios, y no se podía embestir sino a descubierto; se
intentó vanamente aplicar los minadores; se colocó una pieza de a doce que la batió en brecha, sin lograr desalojar
de ella al enemigo; nuestras tropas comenzaban a desanimarse frente a los obstáculos que se presentaban sin
interrupción; estaban fatigadas y todos estos combates mortíferos, y por decirlo más exactamente, cuerpo a cuerpo,
en los que perdíamos diariamente nuestros oficiales, zapadores, minadores y soldados más valientes, sin lograr
ventajas sensibles, desanimaban al ejército. ¿Se ha visto jamás, decían en los campamentos, un ejército de 20.000
hombres sitiar a otro de 50.000? Apenas somos dueños de la cuarta parte de la ciudad y ya estamos apurados. Es
necesario esperar refuerzos, de otro modo pereceremos todos y estas malditas ruinas serán nuestras tumbas antes
de poder rendir al último de estos fanáticos en su postrer atrincheramiento.”
De la “Relación del Sitio de Zaragoza” del Barón de Rogniat (ed. crítica en español de 1908)

10/03/2010 22:38. Autor: Palafox. #. No hay comentarios. Comentar.

17/03/2010

A PALAFOX.

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Al gran caudillo defensor de Zaragoza, en los sitios de 1808 y 1809.

La patria y la ciudad  por él gloriosamente defendidas.

(I Centenario de los sitios)

17/03/2010 19:35. Autor: Palafox. #. No hay comentarios. Comentar.

EL DOS DE MAYO 1808


 

EL DOS DE MAYO

 

Noche, lóbrega noche, eterno asilo
Del miserable que esquivando el sueño
Profundas penas en silencio gime,
No desdeñes mi voz; letal beleño
Presta a mis sienes, y en tu horror sublime
Empapada la ardiente fantasía,
Dá a mi pincel fatídicos colores,
Con que el tremendo día
Trace el fulgor de vengadora tea,
Y el odio irrite d ela patria mía,
Y escándalo y terror al orbe sea.

¡Día de execración! La destructora
Mano del tiempo le arrojó al averno:
Mas ¿quién el sempiterno
Clamor con que los ecos importuna
La madre España en enlutado arreo
Podrá atajar? Junto al sepulcro frío,
Al pálido lucir de opaca luna,
Entre cipreses fúnebre la veo:
Trémula, yerta, y desceñido el manto,
Los ojos moribundos
Al cielo vuelve que le oculta el llanto:
Roto y sin brillo el cetro de dos mundos
Yace entre el polvo, y el león guerrero
Lanza a sus pies rugido lastimero.

¡Ay! Que cual débil planta
Que agosta en su furor hórrido viento,
De víctimas sin cuento
Lloró la destrucción Mantua afligida!
Yo vi, yo vi su juventud florida
Correr inerme al huésped ominoso.
Mas ¿qué su generoso
Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo,
En quien su honor y su defensa fía,
La condenó Al cuchillo.
¿Quién ¡ay! La alevosía,
La horrible asolación habrá que cuente,
Que hollando de amistad los santos fueros,
Hizo furioso en la indefensa gente
Ese tropel de tigres carniceros?

Por las henchidas calles
Gritando se despeña
La infame turba que abrigó en su seno.
Rueda allá rechinando la cureña,
Acá retumba el espantoso trueno,
Allí el joven lozano,
El mendigo infeliz, el venerable
Sacerdote pacífico, el anciano
Que con su arada faz respeto imprime,
Juntos amarra en su dogal tirano.
En balde, en balde gime
De los duros satélites en torno
La triste madre, la aflijoda esposa,
Con doliente clamor: la pavorosa
Fatal descarga suena,
Que a luto y llanto eterno las condena.

¡Cuánta escena de muerte! ¡Cuánto estrago!
¡Cuántos ayes doquier! Despavorido
Mirad ese infelice
Quejarse al adalid empedernido
De otra cuadrilla atroz. ¡Ah! «¿Qué te hice?,
Exclama el triste en lágrimas deshecho:
Mi pan y mi mansión partí contigo;
Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho,
Templé tu sed y me llamé tu amigo.
¿Y ora pagar podrás nuestro hospedaje
Sincero, franco, sin doblez ni engaño,
Con dura muerte y con indigno ultraje?»
¡Perdido suplicar! ¡inútil ruego!
El monstruo infame a sus ministros mira,
Y con tremenda voz gritando ¡fuego!,
Tinto en su sangre el infeliz expira.

Y en tanto, ¿dó se esconden?,
Do están, oh cara patria, tus soldados,
Que a tu clamor de muerte no responde?
Presos, encarcelados
Por jefes sin honor que, haciendo alarde
De su perfidia y dolo,
A merced de los vándalos te dejan,
Como entre hierros el león, forcejean
Con inútil afán... Vosotros sólo
Fuerte Daoiz, intrépido Velarde,
Que osando resistir al gran torrente,
Dar supisteis en flor la dulce vida
Con firme pecho y con serena frente.
Si de mi libre musa
Jamás el eco adormeció a tiranos,
Ni vil lisonja emponzoñó su aliento,
Allá del alto asiento
A que la acción magnánima os eleva,
El himno oíd que a vuestro nombre entona,
Mientras la fama aligera le lleva
Del mar del hielo a la abrasada zona.

Mas ¡ay! Que en tanto sus funestas alas
Por la opresa metrópoli tendiendo,
La yerma asolación sus plazas cubre!
Y al áspero silbar de ardientes balas,
Y al ronco son de los preñados bronces,
Nuevo fragor y estrépito sucede.
¿Oís como rompiendo
De moradores tímidos las puertas,
Caen estallando de los fuertes goznes?
¡Con qué espantoso estruendo
Los dueños buscan que medrosos huyen!
Cuanto encuentran destruyen
Bramando los atroces forajidos,
Que el robo infame y la matanza ciegan.
¿No veis cual se despliegan
Penetrando en los hondos aposentos,
De sangre y oro y lágrimas sedientos?

Rompen, talan, destrozan
Cuanto se ofrece a su sangrienta espada.
Aquí matando al dueño se alborozan,
Hieren allí su esposa acongojada;
La familia asolada
Yace expirando, y con feroz sonrisa
Sorben voraces el fatal tesoro.
Mustio el dulce carmín de su mejilla
Y en su frente marchita la azucena,
Con voz turbada y anhelante lloro
De su verdugo ante los pies se humilla
Tímida virgen de amargura llena;
Mas con furor de hiena,
Alzando el corvo alfanje damasquino,
Hiende su cuello el bárbaro asesino.

¡Horrible atrocidad!... ¡Treguas, oh Musa,
Que ya la voz rehúsa,
Embargada en suspiros mi garganta!
Y en ignominia tanta,
¿Será que rinda el español bizarro
La indómita cerviz a la cadena?
No; que ya en torno suena
De Palas fiera el sangriento carro,
Y el látigo estallante
Los caballos flamígeros hostiga.
Ya el duro peto y el arnés brillante
Visten los fuertes hijos de Pelayo.
Fuego arrojó su ruginoso acero:
¡Venganza y guerra!, resonó en su tumba;
¡Venganza y guerra!, repitió Moncayo,
Y al grito heroico que los aires zumba,
¡Venganza y guerra!, claman Turia y Duero.
Guadalquivir guerrero
Alza al bélico sol la regia frente,
Y del Patrón valiente
Blandiendo activo la nudosa lanza,
Corre gritando al mar: ¡Guerra y venganza!

Vosotras, oh infelices
Sombras de aquellos que la fiel cuchilla
Robó a sus lares, y en fugaz gemido
Cruzáis los anchos campos de Castilla,
La heroica España, en tanto que al bandido
Que a fuego y sangre, de insolencia ciego,
Brindó felicidad , a sangre y fuego
Le retribuye el don, sabrá piadosa
Daros solemne y noble monumento.
Allí, en padrón cruento
De oprobio y mengua, que perpetuo dure,
La vil traición del déspota se lea;
Y altar eterno sea
Donde todo español al monstruo jure
Rencor de muerte que en sus venas cunda,
Y a cien generaciones se difunda.





17/03/2010 19:31. Autor: Palafox. #. No hay comentarios. Comentar.

21/03/2010

 
¡Viva la alegria!
 ¡Viva el buen humor!
¡Viva el heroismo
del pueblo español!
 
***
 
Ya te lo he dicho, Fernando
que no vayas a Bayona,
que Godoy y Bonaparte,
te quitarán la Corona.
 
 
 
 
21/03/2010 00:13. Autor: Palafox. #. No hay comentarios. Comentar.

23/03/2010

 

Se hizo dueño de España - y sólo dejaría

a unos pocos en Cádiz, - que murallas tenía

y costará tomarla, - mas tiempo no tenía,

que a nueva coalición - hacer frente debía.

Me olvidaba citar, - y ello mal estaría,

que en Zaragoza mucho - y bien se lucharía,

que hubo en ella dos sitios. – El primero sería

de mediados de junio, - mes, semana y un día,

hasta que allá en BailénDupont se rendiría.

El otro, de noviembre, - tres meses duraría;

Atacan la ciudad – con mucha artillería,

luego van al asalto, – mas la lucha sería

casa a casa, que toda - la gente lucharía

las mujeres, las monjas, - un cojo que allí había,

los niños y los viejos, - y así les costaría

tener miles de bajas, - que al fin se rendiría

Zaragoza, mas cuando – en los suelos yacía

la mitad de la gente - que en la ciudad había,

de 50.000 almas, - la mitad volaría.

Palafox fue allí el líder - y bien lideraría.

En España al ejército – el Corso vencería

pero no venció al pueblo, - vencerlo no podía,

y una vez más se cumple - mi extraña teoría

que a un invasor es fácil – echarlo a do venía,

basta que se conjuren – del pueblo mayoría.

 
23/03/2010 20:54. Autor: Palafox. #. No hay comentarios. Comentar.

31/03/2010

FERNANDO VII





Nació en el palacio de El Escorial, el 14 de octubre de 1784, y era el tercer hijo de Carlos y de María Luisa. A pesar de haberse criando en “casa”, careció del imprescindible cariño con que crecían los hijos de los pobres plebeyos españoles, quedando en manos exclusivamente de sus “educadores”, cual fue el caso del canónigo Escoiquiz, que le tomó de su mano y logró construir un abyecto personaje (la historia le conoce como el “rey felón”) que sirviese a sus ansias de poder, utilizable por su volubilidad para vengarse entre otros los primeros, de aquel Carlos IV, de María Luisa y de su valido Godoy, haciendo que aquel espécimen acabase siendo un frío y reservado objeto, capaz de todo y carente de sentimiento humano alguno, tal y como acabó siendo aquel monarca, tan distinto al menos a los que le habían precedido.

Los hechos de su vida desgraciadamente están ahí, escritos en muchos casos en incruentas causas abiertas a quienes más habían contribuido a devolverle al trono que había entregado en una de aquellas dobles jugadas que continuamente hacía a todos los que le rodeaban o se acercaban imprudentemente creyéndole aquel “Deseado” en el que como siempre el pueblo creía, pues ingenuamente los españoles seguían a quienes constituían entonces las clases privilegiadas, que eran los verdaderos transmisores de los intereses políticos.

Logró en una de esas trapisondas elevarse al trono de su padre, suceso que ocurrió un 19 de marzo de 1808. Desde ese día ya nadie tuvo su cabeza segura hasta que Napoleón le recluyó en aquella jaula dorada en que le retuvo hasta la celebración del tratado de Valençay, el 11 de noviembre de 1813, en que volvería a subirse al trono español.

Durante el retorno a España ya dejó entrever como venía de agradecido el personaje; los que más creían conocerle le enviaban cartas por mano de mensajeros, que curiosamente llevaban en algún caso dos cartas, una en términos sosegados por si el dador apreciaba síntomas de venir cambiado, o en términos más determinantes por si venía claramente absolutista. Entró Fernando por Figueras, el 22 de marzo de 1814, con lo que comienzan las persecuciones y la derogación del más importante código de aquellos últimos tiempos: la Constitución gaditana, promulgada en 1812, caerá en breves días bajo el hacha cercenadora del “Deseado” monarca. Los generales Porlier, Lacy, Riego y tantos otros patriotas irán subiendo a los patíbulos o cadalsos elevados por toda la geografía nacional, como fue hasta el caso de la pobre Marianita. Aquella Mariana Pineda, que en Granada, sentada junto al alfeizar de su ventana, en la tarde del 18 de marzo de 1831, bordaba letras para que en aquella bandera constitucional se leyese: Igualdad, Libertad, Ley, y que tan solo dos meses después, el 26 de mayo, a las doce de la mañana, subiría al patíbulo donde Campomonte haría girar el tornillo del férrea gargantilla.

En el palacio Real de Madrid, dos años después, el 29 de septiembre de 1833, entre las 14,15 y las 14,30 de la tarde, al decir del general Castaños, ya que «A las dos de la tarde de ayer salí de Palacio muy satisfecho con lo que los mismos médicos me habían dicho de que se notaba mejoría en la respiración de S. M. y que estaba comiendo con buen apetito, y juzga mi sorpresa cuando, al sentarme a la mesa, me participaron la muerte del Rey y la orden de ir a Palacio con los dos camaristas más antiguos.»

Esta fue la última jugarreta de Fernando VII, morirse, dejando dos hijas producto de su cuarto matrimonio con su sobrina María Cristina, y a los españoles divididos en isabelo-cristinos y carlistas, por lo que nada menos que escalonada en tres guerras, mantuvo la sangría durante otros cuarenta y dos años de luchas intestinas, por lo que la muerte como si él siguiese viviendo continuaría recorriendo España, desolando los más bellos parajes y acabando con la tranquilidad tan duramente lograda por la intervención principalmente de aquellos guerrilleros que un día cesaron en sus ocupaciones como labradores, pastores, maestros, curas, médicos y otras gentes, uniéndose bajo la sagaz dirección de algún jefe elegido por ellos mismos.


 

 

 

 

31/03/2010 22:45. Autor: Palafox. #. No hay comentarios. Comentar.



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