
En este ocho de marzo, día Internacional de la Mujer, rindo mi particular homenaje a todas aquellas mujeres que nos precedieron y que con su sacrificio permitieron que algunas (muy pocas todavía) podamos hablar, escribir, vivir y pensar por nosotras mismas.
Lo hago extrayendo unas líneas de un libro escrito por una mujer y que cuenta historias de mujeres. “Hierba mora” de Teresa Moure.
“Y aunque la almáciga y la sangre de drago son usadas por brujas, no os asustéis, que no es éste más que uno de los muchos conocimientos que se pueden tener sobre el cuerpo. Y a menudo las que son llamadas brujas no son sino mujeres desafortunadas en riqueza o en abandonos, viejas las más, que se dedican a aliviar las penas de otras y por eso son perseguidas o ejecutadas por los que no quieren entender que el dolor, por muy natural que fuere, no es bueno, que convierte en bestia al ser humano, y mitigarlo es arte y saber, y ¿acaso la religión de Jesús no mandó que nos apiadásemos del hambriento o del sediento, del pobre o del que está desnudo? Pues cuánto más no habrá que apiadarse del que padece. Y haré callar mi boca, que quiero mantenerme libre de sospecha y sana”
Leed, mujeres.
Leed porque la lectura nos hará más sabias,
porque nos abrirá los ojos a lo que fue y lo que es,
y, en definitiva,
la lectura nos hará más libres.
Pilar C.