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El abrazo del texto

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Leemos en El futuro del libro un artículo que nos llama la atención:

  Para los aficionados a la publicidad de calidad, ahí va esta magnífica campaña de M&C Saatchi para la agencia australiana de correos, que emplea el doble sentido de la palabra inglesa touch (tocar, conmover). [...] .El anuncio reza: "Si de verdad quieres tocar a alguien, mándale una carta".

  No es una casualidad que el anuncio haya escogido el manuscrito como la forma de comunicación alfabética más táctil/conmovedora. El temblor, la alineación, la crispación del trazo en ciertas palabras, los mil y un rasgos que transmite la mano sobre el texto se pierden irremisiblemente en la comunicación mediada por ordenador (como en el email, que por otra parte está relanzando el olvidado género epistolar). Ahora pienso que hay personas con las que me relaciono mucho, y a las que quiero, y de las que no conozco su escritura.

   Desprovistos de estos recursos, los textos íntimos deben confiar en la elección léxica, en matices de la sintaxis, en los torpes procedimientos de la puntuación para transmitir rasgos de entonación (énfasis, suspensión, ...). En épocas pasadas, un escrito que quería tocar el corazón de otro apelaba ya desde la elección de papel, o incluso el perfume, a procesos sensoriales de tipo muy distinto a la mera decodificación alfabética. Y luego, los accidentes (voluntarios o no) del soporte: huella de taza de café, escritura borrada por las lágrimas, tachones, pentimentos. Hemos ganado mucho y hemos perdido muchas cosas...

  Me recuerda este texto una anécdota que contaba la profesora Emilia Ferreiro en las VIII Jornadas Nacionales de Historia, Usos y Aprendizaje del lenguaje escrito (Zaragoza, 2002) cuando, para garantizar el anonimato en los trabajos de sus alumnos/as les rogó que  los enviaran escritos a mano pues, después de un curso de relación epistolar con ellos (vía e-mail) ... ¡no conocía su  letra!  Cómo cambian los tiempos, cuando yo era colegiala dábamos por supuesto que algunas profesoras/es prejuzgaban los exámenes porque conocían todas los manuscritos, no precisaban mirar el nombre. P.C.


 

11/04/2007 00:13 Enlace permanente.

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