Zalfonada lee |
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"Todo escritor es, antes de serlo, un lector, y ser escritor es también una manera distinta de seguir leyendo" Estas palabras son parte del discurso que Mario Vargas LLosa pronunció en la ceremonia de su nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad de Málaga. No se trató de un discurso al uso si no que el escritor regaló un delicioso relato, sencillo y mimado, sobre las aventuras vividas y leídas durante su infancia en un caserón de Cochabamba (Bolivia), donde su abuelo fue cónsul de Perú. "Allí se me despertó la vocación de contador de historias que iría sometiéndome a su dichosa servidumbre". El escritor reconoció que, probablemente, la suya fue la última generación de niños lectores, pues las siguientes han estado más marcadas por la televisión. "Pero no lo deploro", advirtió, "me limito a constatarlo y a consignar mi alegría por haber nacido a tiempo para que las circunstancias hicieran de mi un vicioso de la lectura". "En todo caso, es probable las influencias literarias más fecundas sean las menos evidentes, aquellas de las que el beneficiario es menos consciente porque pasaron por encima o por debajo de su inteligencia y voluntad y se metabolizaron plenamente en él como ingredientes esenciales de su personalidad literaria". (Artículo publicado ya hace unos días en El País) Hemos ilustrado este texto con una imagen de 2004 correspondiente a la visita que Vargas Llosa realizó a un grupo de refugiados colombianos en la región panameña de Darién. Nos gusta porque aparece rodeado de niños. |