Trece glaciares pirenaicos han muerto en apenas una década



Otros cuatro quedan reducidos a simples heleros a un paso de la desaparición. La extensión de las lenguas de hielo se ha reducido a menos de la mitad desde 1982.

  • E. BAYONA (13/06/2006)

Los glaciares del Pirineo, la última cordillera española que conserva lenguas de hielo vivas, atraviesan una clara situación de retroceso. Según la información facilitada por el Ministerio de Medio Ambiente al diputado estatal de CHA José Antonio Labordeta, trece de ellos se extinguieron en los nueve años que transcurrieron entre 1993 y el 2002. En ese mismo periodo, otros cuatro cayeron a la catalogación de heleros al reducirse su extansión. Sólo quince sistemas pueden seguir siendo considerados propiamente como glaciares.

El Gobierno central, según la respuesta dirigida al parlamentario, considera que "el retroceso de los glaciares puede estar relacionado con ciclos climáticos". Así, anota, "venimos de una época muy fría", en referencia a la pequeña edad de hielo que se registró en el siglo XIX, "y tendemos hacia un calentamiento". No obstante, apunta que ese caldeamiento está "considerado normal dentro de dichos ciclos".

Sus efectos, en cualquier caso, están siendo devastadores para los glaciares del norte de Aragón. Hoy apenas suman 290 hectáreas cuando hace trece años cubrían 481. Su superficie supone menos de la mitad de la que ocupaban hace dos décadas, a principios de los 80.

Sólo dos de las diez lenguas que se escindieron en 1993 siguen vivas. La de Clot de la Hount, en el Viñemal --cabecera del Cinca--, conserva dos hectáreas como helero. El Besiberri, en el Ribagorzana, mantiene seis como glaciar rocoso. En ese periodo han muerto tres glaciares en el Gállego --Las Frondellas, Brecha Latour y Balaitus Sudeste--, otros tantos en el Cinca --Tapou-Montferrat, Taillón y La Munia-- y dos en el Ésera --Literola y Remuñé, en ambos casos en el macizo del Perdiguero--.

Otros cinco desapariciones, todas de lenguas no escindidas en 1993, se localizan en el macizo Aneto-Maladeta: el Alba, el Llosás y el Cregüeña, en la cabecera del Ésera; y el Salencas y la Tallada, en la del Ribagorzana. Los glaciares que comparten la cuenca mixta Ésera-Garona, más orientados al norte, tienen mejor salud. Los de La Maladeta, el Aneto, el Barrancs, y el Tempestades suman 159 hectáreas, a las que se añaden las 3,5 del decadente Coronas.

El macizo del Infierno, en la cabecera del Gállego, sólo conservaba en las mediciones ofrecidas por Medio Ambiente 40,7 hectáreas de extensión. De ellas, 30 corresponden al glaciar de Las Argualas.

El macizo del Perdido ofrece una situación similar --conserva 44 hectáreas-- pero la reducción es más acelerada, ya que perdió 30 en 9 años. Los brazos sudeste y sudoeste del Soum de Ramond se han extinguido. En el Posets ocurre lo contrario. Sus cuatro glaciares ocupan menos espacio --35,1 hectáreas-- pero el retroceso es menos acusado.

13/06/2006 22:57.



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