|
Natascha Kampusch: A veces soñaba que le cortaba la cabeza, pero me lo quitaba de la cabeza Me sentía como una gallina en un gallinero. Ya han visto como era mi mazmorra en TV - ALFRED WORM (07/09/2006)
- --¿Qué le parece su nueva vida en el hospital de Viena AKH?
--Bueno, bien. --¿Estaría dispuesta a contar algo sobre sus médicos y cuidadores? --Claro. El doctor Friedrich está bastante bien. Es muy inteligente y sabe siempre lo que quiero decir. Mis abogados Gabriel Lansky y Gerald Ganzger y mi asesor de medios Dieter Ecker me apoyan con todas sus fuerzas. Hasta ahora les he aceptado a todos y seguramente ellos a mí también. Están todos bastante bien. La mayoría. --¿Qué quiere decir con eso? --Hubo una pequeña disputa entre mi abogado, el señor Lansky, y el profesor Friedrich. Uno quería que abandonase el AKH, y el otro, que me quedase durante más tiempo. Ahí tuve que intervenir y preocuparme de que esa discusión se tranquilizase. --Probablemente le gustaría a Lansky tenerla bajo su protección. --Sí, ya lo sé. Terapéuticamente esta discusión no aporta nada al asunto. El doctor Lansky preferiría tenerme fuera. El doctor Friedrich prefiere tenerme dentro. De momento estoy dentro, y gozo de la amistad del doctor Friedrich. --¿Quién la tratará en el futuro? --Tengo una terapeuta cuyo nombre no quiero decir. Tiene pánico a cualquier tipo de medio. Con ella puedo, y esto es toda la verdad, tumbarme en el diván. Un verdadero cliché: la terapeuta y la paciente en un diván. - --¿Cómo se siente usted ahora con su nueva libertad?
--Bueno, aparte de que me he resfriado inmediatamente y he cogido un catarro, ahora vivo de una forma bastante normal. Me he reencontrado muy rápido con la vida normal. Es sorprendente lo rápido que ha ido todo. Vivo y convivo con otras personas y no tengo ninguna dificultad para hacerlo. --¿Se encuentra aquí en el hospital con gente joven que también está en terapia? --Me he orientado rápidamente. No fue difícil porque me puedo identificar con mucho de lo que vivo y veo aquí. Dentro del grupo hay personas que han amenazado con suicidarse, y anoréxicos. Con todos ellos me entiendo muy bien porque puedo ponerme en su lugar. --Este deseo me conmueve mucho. Pero déjeme por favor volver a su enfermedad. A ver si la he entendido bien, ¿para sus problemas de corazón no había tratamiento? --¿Quiere que hablemos de otras enfermedades? ¿Le han quedado secuelas de sus problemas de corazón? --Eso aún no lo sé. Eso lo comprobarán mis médicos. Pero hoy también tengo unos fuertes latidos en el corazón, seguramente sea por los muchos periodistas. --El AKH es el mejor hospital de toda Europa. Está usted con seguridad en las mejores manos. --Sí, ¿pero qué le voy a hacer si los médicos no vienen? Amo a los médicos (risas) pero nadie me ha ayudado con mi resfriado. De momento voy a probar con el espray nasal. --¿Qué sensación tiene cuando piensa en los últimos ocho años? --Me preguntaba una y otra vez por qué me tenía que pasar esto a mí entre millones de personas, justamente a mí. Siempre tenía el mismo pensamiento: estoy segura de que no he venido al mundo para que me encierren y para arruinar completamente mi vida. Estoy desesperada ante esta injusticia. Me sentía como una gallina en un gallinero. Seguro que ustedes han visto por televisión mi mazmorra, así que sabrán lo pequeña que era. Era para desesperarse. --¿No podía abandonarla nunca? --Sí. Estaba todos los días arriba con él haciendo algo, cualquier pequeñez típica del día a día. Pero inmediatamente después me volvía a mandar abajo. Para dormir, para vivir, cuando él se iba durante el día, cada vez tenía que volver a bajar a esa mazmorra. --Era peor que una cárcel. --Seguro. Era peor cuando venían visitas o su madre para quedarse un fin de semana. --¿Estaba todo el fin de semana en esa habitación tan estrecha? --Sí, pero con el tiempo uno se acostumbra. Ahora me gusta pasar cierto tiempo sola. Tuve la opción de estar sola o en su compañía, y estas alternativas no son muy embriagadoras, pero no quiero decir nada más de esto. No debería usted hablar conmigo demasiado sobre el señor Priklopil porque no se encuentra ahora aquí para defenderse. Así que no nos lleva a ningún lado profundizar en estos temas. La pobre señora Priklopil, seguramente, no quiera que el público lea cosas en el periódico que no le interesan a nadie más que a la policía. Echar pestes sobre un muerto no lo encuentro bonito, sobre todo por su madre. --¿Su huida fue planeada? --Sí. Ya con 12 años, o más o menos a esa edad, lo soñaba. Con 15, o cuando fuese lo suficientemente fuerte, quería escapar de mi cárcel. Tenía que esperar al momento mas oportuno. No me podía arriesgar a nada, y menos a un intento de la huida. Él padecía fuertes paranoias y era un desconfiado crónico. Un error hubiese significado el peligro de no haber salido nunca mas de la mazmorra. Tenía que asegurarme continuamente su confianza. 07/09/2006 15:31.
|
ZARAGOCEANDO
Temas
Archivos
Enlaces
|