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EL CARTERO, SIEMPRE LLAMA DOS VECESEl Senado ya ha dado la puntilla al nuevo estatuto de Autonomía de Aragón. Los poderes aragoneses organizaron en Madrid un festorro para celebrarlo y me sorprendió ver a Carmen París contentísima del consenso logrado. "Cuando todos se juntan para conseguir algo, ya es bueno de por sí", vino a decir más o menos esta cantante de la que admiro su arte pero no sus declaraciones. ¿Se habrá enterado de que este Estatuto no tiene el consenso unánime? ¿Se habrá enterado de cuáles son las razones por las que el tercer partido político de Aragón se opone con toda la dignidad del mundo? No hay más que leerlo en todos los medios. ¿Saben los aragoneses que lo que ha pasado con este Estatuto, salvando las distancias, es lo mismo que pasó hace 30 años con los pactos de montalbán cuando Biel y compañía, los de siempre, con tal de no molestar a sus señoritos de Madrid dijeron que lo que era bueno para los demás no lo era para Aragón? Entonces, la UCD y el PSOE nos vendieron, nos traicionaron haciéndonos meter a la via lenta del desarrollo de las autonomías. 30 años después se repite la tropelía y se repite la historia. Biel, como el cartero, siempre llama dos veces. El cachondeo es que después de condenarnos a seguir en la vía lenta, hoy leo en el Metro, en un breve de arriba de la página 2 que "el vicepresidente del Gobierno de Aragón, José Ángel Biel, celebro ayer en Teruel el Día de Aragón y allí reclamó más peso político para esta Comunidad en España". Es decir,el PAOSE, el PP, el PAR e IU acaban de quitarnos la posibilidad de tener más peso político al no negociar con Madrid unas inversiones fijas al año como las han conseguido una gran mayoría de autonomías, quitan del Estatuto la cláusula que había puesto la CHA para blindar el EBRO, nos quitan 12 nuevas competencias, rebajando así el nivel competencial, y al día siguiente, este carcinoma aragonés pide, con dos cojones, más poder para Aragón. En el fondo, no han querido equiparar el estatuo aragonés a lo otros para poder seguir con sus mensajes petitorios, como si los aragoneses fuéramos Sísifo. Al final tendrá razón Trasobares en su libro, cuando dice que "siempre quedó la duda de si la población de Zaragoza y por extensión, la de todo Aragón, poseía desde el origen de los tiempos un gen que facilitaba la cazurrería, la incondicional obediencia a las autoridades competentes y la entusiasta aceptación de las más exageradas beaterías". Él dice que era obvio que no, pero yo no lo tengo tan claro visto lo visto. 20/04/2007 10:37. |
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