
Los primeros impulsos en pro de la canonización de Eduardo el Confesor se tomaron bajo el reinado de Enrique II de Inglaterra, que unía en su persona las casas reales sajona y normanda. Bajo el amparo de Enrique, el Prior Osberto de Clare inició una campaña de difusión de la imagen de Eduardo como un hombre santo, adjudicándole todo tipo de supuestos milagros, entre los que destacaban las sanaciones de enfermos mediante la imposición de manos. El Papa Alejandro III oficiara la canonización del antiguo rey en 1161, a cuya ceremonia en Roma asistió el propio Osberto. En 1163 se trasladaron los restos del rey santo a la Abadía de Westminster en medio de una solemne ceremonia oficiada por el arzobispo Thomas Becket.
En aquella época, los santos se dividían en dos clases: "mártires", si morían de muerte violenta, y "confesores" si lo hacían de muerte natural. Por esta razón, el rey Eduardo es conocido desde entonces bajo el nombre de Eduardo el Confesor. Posteriormente, la Iglesia Católica lo nombró Santo Patrón de los reyes, matrimonios problemáticos y mujeres separadas. Hasta 1348 fue también el Patrón de Inglaterra, fecha en que fue sustituido por San Jorge.
Mon:Oct:2008.